Publicación mensual de la Fundación "Consejo para el Proyecto Argentino"   Año XXII

31 de Marzo de 2005   

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EDITORIAL

POR EL FILO DE LA NAVAJA

Por Carlos José Aga

Director

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Con excepción del período 1999/2001, la historia argentina está jalonada de todo tipo de crisis energéticas, tanto en la electricidad como en los hidrocarburos. Durante el año 2004, han reaparecido las señales inequívocas que indican la repetición de este fenómeno; esta vez causado por la falta de resolución de los problemas originados durante el fin de la convertibilidad.

Estas señales de alerta ocurrieron a pesar de que la producción de gas batió en 2004 su propio récord y a que se trató de un invierno muy benigno en materia de temperatura.

En nuestro país, no se realizan -como lo hacen los demás Estados- estudios sobre las implicancias de los cambios en el clima que se registran y, sobre todo, el impacto potencial de los mismos sobre nuestras actividades.

Por ejemplo, nos vuelve a sorprender un año hidrológico otra vez seco. Esto significa que las centrales hidráulicas —que producen el 40% del total de la energía eléctrica del país— no tendrían la suficiente cantidad de agua para generar a pleno.

En los últimos años, poco o nada se ha hecho para diversificar las fuentes energéticas del país. Nada en absoluto para incentivar a la ciudadanía al empleo de renovables y aportar a la red, como se hace actualmente en España, EE.UU. Australia, para citar algunos ejemplos que hemos presentado con frecuencia en Gabinete On Line.

El plan nuclear no logra salir del olvido. Y la opción nuclear argentina queda limitada a una eventual finalización de Atucha II.

La improvisación nos agobia y evidencia que Argentina carece de política energética, como de tantas otras que nos caracterizarían como un verdadero Estado Nacional.

Y, debido a ello, en sólo cuatro años hemos perdido el autoabastecimiento tanto de electricidad, de gas así como de ciertos combustibles líquidos. Un objetivo que nos costó décadas alcanzar. Solamente las reservas de gas bajaron 21% en el mismo plazo.

De continuar en este sendero, vamos en camino a perder también nuestra actual autosuficiencia en materia de petróleo, en un momento en que el precio de los energéticos sube incesantemente llegando a cotizarse el barril de petróleo por encima de 56 dólares.

Como ya hemos señalado anteriormente, para el año 2008, esta dependencia evidenciada en los costos de estas importaciones combinadas podría resultar equivalente al monto que –antes del “default” y la refinanciación forzada- pagábamos en concepto de intereses por la deuda externa. Antes de esa fecha  -bajo ciertas condiciones climáticas- las restricciones energéticas ejercerán un freno sobre la tasa de crecimiento económico, repercutiendo sobre el empleo y los niveles de pobreza.

Las explicaciones del Gobierno argentino, dadas a su par chileno, argumentando que la situación de pobreza impide regularizar -vía tarifas- el sector energético como para reactivar la exploración de nuevos recursos, se contradice con los ingentes recursos que se emplean para tapar -y no resolver- el problema.

La solución, todos sabemos que no es necesariamente tarifaria. Y no se comprende cómo es que no tenemos recursos para subsidiar -en todo caso- a los sectores castigados por la crisis económica, y sí los tenemos a la hora de pagar onerosas importaciones.

Ya se sabe que costo de paliar la situación en 2005 será superior en 60% de lo que fue en 2004, solo para cubrir las importaciones de gas, gasoil y fuel-oil que consumiremos en las centrales térmicas y las industrias.

En el 2004, se trajeron de Venezuela 850.000 tn. de fuel-oil y algo menos de 80.000 tn. de gasoil. Para este año, será necesario importar más de 1,2 millones de toneladas de fuel-oil y cerca de 200.000 de gasoil.

Las autoridades, en respuesta a los síntomas de la crisis de 2004 –luego menoscabar primero la importancia del problema y, posteriormente, de acusar al sector privado de falta de inversión-  procedieron al lanzamiento de un “Plan Energético” que contemplaba un gran número de obras a financiar mayormente con aportes públicos y la importación de gas, fuel oil y electricidad.

Dentro de la emergencia, se instrumentaron programas de ahorro para electricidad y gas. Se suspendieron las exportaciones y se cortó el suministro de los contratos “interrumpibles”.

Todas medidas imprescindibles para sortear el bache, pero tomadas sin en observar y corregir los orígenes de las distorsiones que provocan este fenómeno. Un Estado que no gesta una política específica, sino que opera a modo de “bombero periférico” que combate el fuego en medio de un incendio, atacando sólo los efectos secundarios y dejando subyacentes los orígenes que lo iniciaron y que lo reinician constantemente.

Muchas de las obras del “Plan”, consideradas “críticas” para lograr el objetivo de evitar la profundización de la crisis, se encuentran muy retrasadas respecto de los cronogramas originales y no podrán realizar su aporte durante el próximo invierno cuando el país requiera los mayores volúmenes de energía. Por ejemplo, la ampliación de los gasoductos administrados por TGN y TGS que han podido adjudicarse, luego de dilatadas gestiones políticas y económicas entre quienes aportarán el financiamiento y el Gobierno Nacional.

Otras, se encuentran en el “filo de la navaja”, como por ejemplo, la adquisición de gas a Bolivia, que atraviesa una encrucijada institucional de muy difícil solución. Este punto perjudica al proyecto del Gasoducto Nordeste (que debería aportar 20 millones de metros cúbicos de gas diarios adicionales); y también pone en jaque al acuerdo logrado por la Secretaría de Energía con los generadores para erigir la primera nueva central térmica de dos unidades de 800 MW.

Los grupos empresarios comunicaron a la secretaría de Energía que para 2007, sólo estarán en condiciones de financiar la construcción de hasta 1.080 MW, es decir, un 33% menos que los 1.600 MW que pretende el Gobierno. Un informe de Cammesa –la administradora del mercado eléctrico mayorista– proyectó que, para 2007, los requerimientos de energía del país demandarán esos 1.600 MW de potencia adicional, que supone construir dos centrales de ciclo combinado, de 800 MW cada una.

Ha trascendido que los grupos empresarios llevaron una contraoferta: que los u$s 400 millones que reúna el fondo hasta 2007 se empleen para instalar cuatro turbinas a gas –cada una, de 270 MW– en dos ciclos abiertos, lo que supondría agregar 1.080 MW de nueva generación. Luego, se podrían completar esos ciclos abiertos incorporándoles una turbina de vapor, para hacerlos ciclos combinados, y agregar otros 540 MW. Si no se logra, esa segunda central usaría gas del Sur".

Pero, el Fondo creado no tendrá más recursos para financiar la compra de esas dos turbinas de vapor.

También se ha complicado la adquisición de energía eléctrica a Brasil, que ya estaba sufriendo demoras por discusiones acerca del precio y de los cargos por transporte pero que, ante la falta de lluvias, parece que se convertirá en un objetivo imposible por este año. Existe la posibilidad que nuestro vecino –además- requiera importar los 400 MW a lo que Argentina se comprometió.

La elevación de la cota  de Yacyretá, que es la única obra que podría dar una respuesta rápida, ha corrido varias veces su cronograma porque no se ha logrado destrabar las negociaciones pendientes. La finalización de Atucha II ha sido reprogramada para el 2009.

En una "Evaluación de la Situación Energética 2005 / 2008 que ha realizado la Fundación “Consejo para el Proyecto Argentino” el escenario de 2005 se presenta muy complicado ya que –en una hipótesis de año benigno-  habrá que recurrir  de todas maneras al ahorro forzoso y a la importación de combustibles en mayor cantidad que en 2004.

También habrá que utilizar en forma intensiva máquinas muy viejas, durante muchos meses, con el riesgo de caer en paradas no programadas por razones de mantenimiento.

En caso de darse un año hidrológicamente pobre, el déficit se hará sentir con mayor crudeza.

Podrían faltar 16 millones de metros cúbicos de gas diarios en los momentos de mayor consumo y existe la posibilidad de que el abastecimiento de GNC resulte afectado.

El año próximo, bastaría  un escenario climatológico promedio para gestar una crisis, mientras que en 2007 y 2008 habría una crisis de potencia aún en los años más benignos.

Las esperanzas oficiales –mirando únicamente el cronograma electoral- están centradas en un pedido excesivo a la diosa de la fortuna: que San Pedro sea generoso y nos envíe calor en invierno, que llueva suficientemente en la Cordillera de los Andes y también en Brasil y, sobre todo, que el Presidente Mesa sobreviva a la crisis terminal de las instituciones bolivianas.

Sin embargo, aún estamos a tiempo para revertir este destino y dejar de caminar por el filo de la navaja, como apostadores empedernidos que esperan “un golpe de suerte”.

 


 

            Fundación "Consejo para el Proyecto Argentino