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Las Ofertas
Públicas de Adquisición (OPA), que ponen en juego el
control de la energía en Europa y el mundo, han comenzado
a producir los primeros temblores dentro de la Unión
Europea como un claro anticipo de lo que podría
constituir un grave terremoto político, de consecuencias
inimaginables.
España,
para impedir la compra de Endesa por parte de E.ON, pretende
apelar a una ley de 1999, promovida por el entonces
vicepresidente económico del Partido Popular y hoy
Director del Fondo Monetario Internacional, Rodrigo
Rato, para evitar que Electricité de France (EdF)
pudiera comprar Hidrocantábrico. Dicha norma limita a
sólo 3% los derechos
políticos de cualquier entidad extranjera que adquiera
una energética española si la compradora está "participada
mayoritariamente o controlada en forma alguna por
entidades o administraciones públicas".
Una movida que
provocará pocas simpatías y que de antemano Berlín
considera ilegal en el marco del tratado europeo.
Por su parte, se
ha conocido que Italia planifica eventuales
medidas contra Francia que, con la fusión de la empresa
pública Gas de France y Suez, bloqueó las intenciones de
compra de la italiana Enel (Ente Nacional de Energía
Eléctrica). Así lo acaba de confirmar el ministro
italiano de Actividades Productivas, Claudio Scaiola
quien agregó que "los instrumentos para poder
intervenir son complicados, difíciles".
El ministro italiano aseguró que su gobierno hará "oír
su voz" sobre la materia en el Consejo de Jefes de
Estado y de Gobierno europeos. También, añadió, en el
Consejo Europeo sobre Competencia y en el de Seguridad
Energética.
El Jefe de Gobierno italiano, Silvio Berlusconi, ha
apelado a la Unión Europea para que intervenga. "El
gobierno italiano quiere respuestas no sólo de la
Comisión Europea, sino también de los otros países
europeos", declaró Scaiola. Dijo que "al
Ejecutivo de la Unión Europea se le pide que se hagan
respetar las reglas y que, cuando son violadas, existan
sanciones".
El Gobierno italiano se ha mostrado contrario a la
operación, orquestada por el Ejecutivo francés, que
fusionó las dos compañías galas Gaz de France (GdF) y
Suez. El movimiento no hubiera sido cuestionado por el
Ejecutivo italiano, de no ser porque antes, Enel había
hecho público su interés por el grupo belga Electrabel,
perteneciente a Suez, dejando entrever la posibilidad de
lanzar una OPA sobre la francesa.
El portavoz adjunto del Ministerio francés de
Exteriores, Denis Simonneau, por su parte, ha asegurado
que el reforzamiento de la industria energética que está
encarando Francia beneficia a la UE en su conjunto.
El ministro de
Asuntos Exteriores, Philippe Douste-Blazy, por su parte,
ha declarado que el Ejecutivo de París hace "todo lo
posible" por crear "campeones franceses",
como el resultante de la fusión de GdF y del grupo
energético franco-belga Suez.
En este sentido, el ministro de Trabajo italiano,
Roberto Maroni, ha expresado su opinión sobre la
operación gala, que ha definido como una muestra de que
"la Europa política no existe. Francia ha decidido
poner en crisis uno de los pilares europeos", ha
añadido.
Maroni lamentó que París "haya tomado una decisión
que ignora todas las reglas europeas sobre la
competencia", y subrayó que Francia "ha decidido
tutelar sus intereses y eso significa que Europa está en
coma profundo". Con esta visión coincidió el líder
de la oposición de centroizquierda, Romano Prodi, que
lamentó la "ausencia de reciprocidad" en el
mercado europeo.
El ministro italiano de Economía, Giulio Tremonti,
tras reunirse con la Comisaria de Competencia, Neelie
Kroes, para exponerle la posición del Ejecutivo italiano
declaró,que "la carrera de los Estados para construir
barreras proteccionistas se tiene que detener. Aún
estamos a tiempo".
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