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Una gran
proporción de la Cumbre del MERCOSUR llevada a cabo en
la provincia argentina de Córdoba, hace pocos días,
estuvo centrada -del mismo modo que la mayoría de las
reuniones internacionales- en la cuestión energética.
La
representatividad política y estratégica que ha
adquirido esta problemática determinó la incorporación
al bloque de Venezuela que -sin sus reservas de
hidrocarburos- sería muy difícil imaginar integrada a
este conjunto heterogéneo de naciones.
El propio
Presidente venezolano, Hugo Chávez, hizo una mención
específica del nacimiento de un "nuevo" MERCOSUR,
sin duda alumbrado por la estrella del nuevo socio. Al
encuentro asistieron ministros de otros países asociados
al bloque, como Colombia, Ecuador y Perú, además de
México, que está negociando una membresía similar y
Fidel Castro, en carácter de invitado especial.
Los mandatarios
del MERCOSUR acordaron con los estados asociados
(Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú) intensificar
el proyecto de la Comunidad Sudamericana de Naciones "a
partir de la integración de los bloques preexistentes".
En su
declaración final, los representantes del bloque
saludaron la incorporación de Venezuela como un "hito
histórico", pues "reafirma su carácter de
instrumento para promover el desarrollo integral,
enfrentar la pobreza y la exclusión social",
afirmaron.
Además, apoyaron la candidatura de Venezuela a ocupar un
asiento no permanente del Consejo de Seguridad de la
Organización de las Naciones Unidas para el período
2007-2008.
De tal forma, la
ocasión resultó muy propicia para volver sobre la
iniciativa venezolana del Gran Gasoducto del Sur,
que recorrerá unos 8.000 kilómetros desde la cuenca del
mar Caribe hasta el Río de la Plata, para incluir a los
otros tres países en el proyecto (Paraguay, Bolivia y
Uruguay) con un costo estimado superior a u$s 25.000
millones.
Sin embargo, la
unidad exhibida en lo formal esconde muchas grietas. La
mayoría de las reuniones bilaterales entre los
mandatarios para hacer negociaciones directas pusieron
en evidencia profundas disidencias a partir de intereses
divergentes.
Del mismo modo
que la idea de un proyecto de gasoducto monumental
parece unir la voluntad realizadora de los gobiernos, es
el precio del fluido y su disponibilidad
lo que parece dividir a los países del bloque.
Desde que
Bolivia nacionalizó sus hidrocarburos el 1 de mayo, el
Gobierno de Argentina fue forzado a pagar un aumento
significativo en el precio del gas importado, que
complicó mucho a Brasil y que finalmente trasladó sin
aviso previo a Chile, con la inclusión de los nuevos
impuestos bolivianos.
El presidente más activo fue el brasileño Luiz Inacio
Lula Da Silva, quien sostuvo reuniones con sus colegas
Nicanor Duarte, de Paraguay; Michelle Bachelet, de
Chile; Evo Morales, de Bolivia y Hugo Chávez, de
Venezuela.
Salvo con Duarte, a quien el mandatario brasileño
expresó su disposición a contemplar el reclamo paraguayo
de superar las asimetrías económicas en la región, el
tema dominante con Bachelet, Morales y Chávez fue la
coordinación energética regional.
Lula y Evo Morales tuvieron un anticipo de lo que será
la negociación entre ambos países por el tema del gas.
Brasil, por su parte, se ha negado a reconocer
ningún aumento sobre el hidrocarburo que importa y
rechaza las nuevas condiciones de los negocios de
explotación y refinación que sostiene su consorcio
estatal Petrobrás en Bolivia. Además Lula, está
exigiendo compensaciones por las pérdidas
ocasionadas a Petrobrás por la nacionalización.
La presidenta de Chile, Michelle Bachelet exigió "mayor
previsibilidad" ante Kirchner porque la forma en que
se desarrolló la cuestión del aumento y las dudas sobre
las cantidades de gas que recibirá Chile, han causado
daños políticos a su figura ya que Chile utiliza el gas
importado para producir un 47% de la energía que
consume.
El diario La
Nación relata que el presidente argentino le explicó la
situación y le aseguró que el precio del gas a
Chile oscilaría entre 3,70 y 3,90 dólares por millón de
BTU. (...) Cuatro días después aumentó las retenciones
del 35 al 45 por ciento, y compensó una pérdida
impositiva de Enarsa.
Chile pidió
formalmente -a través de una carta de la Presidenta
Bachelet- al Gobierno argentino explicaciones sobre el
nuevo precio del gas que se exporta. En la misma,
expresa su “decepción” por la determinación
argentina, ya que consideran que los alcances de la
medida no se ajustan a lo convenido entre ambos
presidentes ni a la relación estratégica entre ambas
naciones..
Según el
gobierno chileno, el precio del gas oscila entre 4,60 y
4,80 dólares, casi un dólar más por millón de BTU
respecto de lo acordado. Las quejas de la Presidenta
fueron respondidas en la Argentina por un ministro,
Julio De Vido, quien negó que el que el precio sea
superior al establecido durante la cumbre del MERCOSUR.
Según el
Ministro de Planificación, Julio De Vido, en la reunión
entre Bachelet y Kirchner también se conversó sobre el precio
del combustible argentino en frontera para vehículos
extranjeros, que Argentina decidió aumentar para
evitar la "fuga" de gasoil subsidiado.
Y Uruguay, por su parte, intentó -sin éxito- insertar en
la documentación del encuentro una mención explícita de
las diferencias con Argentina.
Todas estas
incertidumbres y el escaso avance de los proyectos, han
encendido luces de alarmas entre los empresarios
argentinos intranquilos por el futuro de la oferta
energética.
Los empresarios reunidos por IDEA señalaron la falta de
crecimiento de la oferta energética y mostraron dudas
por el costo y la provisión de gas. Destacaron las
dificultades para tomar decisiones de inversión por los temores a un
desabastecimiento que las malogre.
Como ejemplo, puede
mencionarse el discurso del Ing. Enrique Pescarmona, que
señaló que "Argentina carece de capacidad instalada para
cubrir las exigencias derivadas de la expansión
económica, por lo que tiene que trabajar en alternativas
viables"... "tenemos un problema: se nos está
acabando la inversión en energéticos".
Las luces de
alarma también se encendieron en el Congreso ya que el senador
por San Juan, Roberto G. Basualdo presentó un Proyecto de
Comunicación (S-1779/06) solicitándole al Poder
Ejecutivo que realice una campaña para fomentar el
ahorro de combustibles.
Los
interrogantes para dilucidar la problemática energética
regional son: ¿hay un MERCOSUR del gas?; ¿será la
energía un factor de integración o de disociación?. De
la respuesta que logremos, dependerá la estrategia
nacional que desarrollemos para sustentar nuestro
porvenir.
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