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Desde múltiples foros
se reclama un cambio en la política energética. Esto se
hizo evidente en un plenario de cinco comisiones del
Senado de la Nación en las que se ventiló el tema de un
"sinceramiento" de los costos que tiene la actual
matriz energética argentina
Diversos voceros del
sector plantean desde las páginas de los diarios
plantean que gran parte del costo de la energía se
encuentra cubierto por los subsidios del Estado y que
las tarifas vigentes no alcanzan para sostener las
inversiones necesarias para la expansión del sistema.
Son reales muchos de
los problemas señalados por los ocho ex secretarios de
energía, aunque estos señalamientos hayan sido
hechos sin ninguna autocrítica sobre sus propias
gestiones, donde gran parte de estos problemas
encuentran su origen.
Esta falta de
autocrítica se pone de manifiesto en la ausencia de
propuestas conjuntas -aceptadas y compartidas por los
ocho autores- para remediar estos problemas.
Esta situación me
recuerda aquella famosa frase ("Houston tenemos un
problema") de los astronautas del Apolo XIII, hace
40 años cuando, dos días después del despegue,
explotaron los tanques de oxígeno y fallaron los
sistemas que proporcionaban electricidad, agua, y
oxígeno, cuando se encontraban a 320.000 kilómetros de
distancia de la Tierra.
Muchos de estos
planteos nos enumeran los problemas, pero no nos dicen
nada acerca de cómo traer de vuelta a los astronautas a
la tierra. Y, cuando aisladamente lanzan ideas, éstas
son prácticamente inaceptables para nuestra sociedad.
Por ejemplo, los
números que se manejan para el "sinceramiento"
nos hablan de triplicar el precio del gas y
sextuplicar el precio de la electricidad, basados en
los costos globales y regionales de la energía, la
tecnología y la necesidad de costosas inversiones.
Curiosamente, nada han dicho de la nafta, que en 2001
costaba un dólar por litro y hoy en día vale un Euro en
Argentina.
Estas propuestas
demuestran lo poco que se ha aprendido y revelan cierta
obsolescencia del pensamiento, incapaz de comprender que
ya no existen las mismas condiciones de hace 20 años,
cuando se reformó el Estado y se privatizaron los
servicios públicos. Volviendo a nuestra metáfora del
Apolo XIII, nos proponen ir matando de a uno a los
astronautas para que el oxígeno alcance al menos para el
último. Están eligiendo al sobreviviente.
Y esa no es la
solución. Como no la fue en el caso del Apolo XIII.
Si queremos traer a
todos los astronautas sanos y salvos es necesario
recurrir a ideas no convencionales, tecnológicamente más
revolucionarias. Superar la idea que todo se arregla
simplemente subiendo salvajemente las tarifas y que, el
que no pueda pagar, sea subsidiado por una tarifa social
pagada por todos los argentinos.
Una solución, que
permita el desarrollo de una industria energética,
generadora de riqueza y empleo, exige cambios en todo el
sistema energético que podemos comenzar a realizar de
inmediato para disminuir la gigantesca dependencia de
los hidrocarburos que representan más del 80% de nuestro
consumo.
En vez de pensar
únicamente en grandes inversiones públicas o privadas,
se puede estimular como han hecho otros países (Estados
Unidos, Alemania, España, etc.) en miles de proyectos
pequeños que suman tanta potencia como los grandes y que
se resuelven en corto tiempo de ejecución.
Hay que democratizar
la energía y ser más eficientes en su consumo. Hay
amplia experiencia internacional que demuestra que las
comunidades pequeñas y las estructuras económicas
medianas y chicas, con las señales correctas pueden
lograr con poco esfuerzo el autoabastecimiento y hasta
tener excedentes para comercializar en el sistema
nacional.
Hay que afrontar el
desafío de combinar soluciones -que hoy nos cuestan
miles de millones al año- como es el caso de generar con
basura, residuos cloacales, y carbón. Hay tecnología
accesible, y son miles los municipios que están en
condiciones de hacerlo hoy mismo, porque están gastando
más dinero en disponer de los residuos y en curar a su
población de las consecuencias de la contaminación.
Mientras tanto, hay
que ajustar nuestra normativa para que se reactive la
industria de los hidrocarburos especialmente la
exploración de nuestro potencial. Con los estímulos
necesarios y mirando el exitoso ejemplo de nuestro
vecino Brasil.
Una nueva política
liberará nuevos recursos energéticos al mercado y nos
permitirá exportar a una región ávida. Esto liberará
recursos fiscales para financiar las nuevas y grandes
obras donde participe el Estado directamente (energía
nuclear o proyectos binacionales de hidroelectricidad),
o indirectamente, impulsando el desarrollo de
tecnologías avanzadas en eficiencia energética masiva.
No hay duda que, si
planificamos con responsabilidad, jerarquizando las
instituciones y respetando reglas claras y compartidas,
podemos traer de vuelta, y en el poco tiempo que dure el
oxígeno, a nuestro Apolo XIII, con todos los astronautas
a salvo. Es cuestión de determinación política.
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