Publicación mensual de la Fundación "Consejo para el Proyecto Argentino"              Año XXVII

 1º de AGOSTO  de 2010   

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EDITORIAL

LA BUENA POLÍTICA ENERGÉTICA NOS ES UNA UTOPÍA

Por Carlos José Aga

Director

Las condiciones son complejas pero es posible la recuperación e institucionalización de un sistema autoabastecido y justo

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Desde múltiples foros se reclama un cambio en la política energética. Esto se hizo evidente en un plenario de cinco comisiones del Senado de la Nación en las que se ventiló el tema de un "sinceramiento" de los costos que tiene la actual matriz energética argentina

Diversos voceros del sector plantean desde las páginas de los diarios plantean que gran parte del costo de la energía se encuentra cubierto por los subsidios del Estado y que las tarifas vigentes no alcanzan para sostener las inversiones necesarias para la expansión del sistema.

Son reales muchos de los problemas señalados por los ocho ex secretarios de energía, aunque estos señalamientos hayan sido  hechos sin ninguna autocrítica sobre sus propias gestiones, donde gran parte de estos problemas encuentran su origen.

Esta falta de autocrítica se pone de manifiesto en la ausencia de propuestas conjuntas -aceptadas y compartidas por los ocho autores- para remediar estos problemas.

Esta situación me recuerda aquella famosa frase ("Houston tenemos un problema") de los astronautas del Apolo XIII, hace 40 años cuando, dos días después del despegue,  explotaron los tanques de oxígeno y fallaron los sistemas que proporcionaban electricidad, agua, y oxígeno, cuando se encontraban a 320.000 kilómetros de distancia de la Tierra.

Muchos de estos planteos nos enumeran los problemas, pero no nos dicen nada acerca de cómo traer de vuelta a los astronautas a la tierra. Y, cuando aisladamente lanzan ideas, éstas son prácticamente inaceptables para nuestra sociedad.

Por ejemplo, los números que se manejan para el "sinceramiento" nos hablan de triplicar el precio del gas y sextuplicar el precio de la electricidad, basados en los costos globales y regionales de la energía, la tecnología y la necesidad de costosas inversiones. Curiosamente, nada han dicho de la nafta, que en 2001 costaba un dólar por litro y hoy en día vale un Euro en Argentina.

Estas propuestas demuestran lo poco que se ha aprendido y revelan cierta obsolescencia del pensamiento, incapaz de comprender que ya no existen las mismas condiciones de hace 20 años, cuando se reformó el Estado y se privatizaron los servicios públicos. Volviendo a nuestra metáfora del Apolo XIII, nos proponen ir matando de a uno a los astronautas para que el oxígeno alcance al menos para el último. Están eligiendo al sobreviviente.

Y esa no es la solución. Como no la fue en el caso del Apolo XIII.

Si queremos traer a todos los astronautas sanos y salvos es necesario recurrir a ideas no convencionales, tecnológicamente más revolucionarias. Superar la idea que todo se arregla simplemente subiendo salvajemente las tarifas y que, el que no pueda pagar, sea subsidiado por una tarifa social pagada por todos los argentinos.

Una solución, que permita el desarrollo de una industria energética, generadora de riqueza y empleo, exige cambios en todo el sistema energético que podemos comenzar a realizar de inmediato para disminuir la gigantesca dependencia de los hidrocarburos que representan más del 80% de nuestro consumo.

En vez de pensar únicamente en grandes inversiones públicas o privadas, se puede estimular como han hecho otros países (Estados Unidos, Alemania, España, etc.) en miles de proyectos pequeños que suman tanta potencia como los grandes y que se resuelven en corto tiempo de ejecución.

Hay que democratizar la energía y ser más eficientes en su consumo. Hay amplia experiencia internacional que demuestra que las comunidades pequeñas y las estructuras económicas medianas y chicas, con las señales correctas pueden lograr con poco esfuerzo el autoabastecimiento y hasta tener excedentes para comercializar en el sistema nacional.

Hay que afrontar el desafío de combinar soluciones -que hoy nos cuestan miles de millones al año- como es el caso de generar con basura, residuos cloacales, y carbón. Hay tecnología accesible, y son miles los municipios que están en condiciones de hacerlo hoy mismo, porque están gastando más dinero en disponer de los residuos y en curar a su población de las consecuencias de la contaminación.

Mientras tanto, hay que ajustar nuestra normativa para que se reactive la industria de los hidrocarburos especialmente la exploración de nuestro potencial. Con los estímulos necesarios y mirando el exitoso ejemplo de nuestro vecino Brasil.

Una nueva política liberará nuevos recursos energéticos al mercado y nos permitirá exportar a una región ávida. Esto liberará recursos fiscales para financiar las nuevas y grandes obras donde participe el Estado directamente (energía nuclear o proyectos binacionales de hidroelectricidad), o indirectamente, impulsando el desarrollo de tecnologías avanzadas en eficiencia energética masiva.

No hay duda que, si planificamos con responsabilidad, jerarquizando las instituciones y respetando reglas claras y compartidas, podemos traer de vuelta, y en el poco tiempo que dure el oxígeno, a nuestro Apolo XIII, con todos los astronautas a salvo. Es cuestión de determinación política.
 


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