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El mundo de la
energía está en una encrucijada por el problema de la
falta de independencia energética de los países y la
seguridad del suministro, así como el cambio climático,
presente en todas las agendas de los gobiernos. Esto ha
generado un debate sobre el mix energético más
conveniente para los países que contempla, entre otros,
el uso de la energía nuclear y de las renovables, junto
con empresas más fuertes y comprometidas con el cambio
climático. Éstas y otras cuestiones salieron a relucir
en un panel sobre el futuro de la energía que tuvo lugar
en el reciente Wharton Global Alumni Forum de Madrid y
que fue moderado por el profesor de Gestión de
Multinacionales de Wharton Stephen J. Kobrin.
El panel contó con la participación de ejecutivos de
empresas con inversiones en energías renovables como
Carmen Becerril, presidenta de Acciona Energía, líder
mundial en el sector de las renovables, con presencia en
8 energías limpias; Amparo Moraleda, directora del área
Internacional de Iberdrola, compañía eléctrica dueña de
Scottish Power y de la estadounidense Energy East,
además de primer productor eólico mundial; y de
instituciones energéticas como Lady Barbara Judge,
presidenta de la Agencia de la Energía Atómica de Reino
Unido, un organismo dedicado a la investigación nuclear
y al desmantelamiento de los reactores británicos cuando
acaban su vida útil. Oscar Fanjul, consejero delegado de
la sociedad de inversión Omega capital, y el bodeguero
Miguel Torres, presidente y consejero delegado de la
empresa familiar Bodegas Torres, participaron también en
el debate.
El cambio de posición sobre la energía nuclear
Reino Unido ha lanzado un plan para renovar todas sus
centrales nucleares durante las dos próximas décadas.
Una de las personas que impulsa este proceso es Lady
Barbara Judge, quien comenzó su intervención destacando
el cambio de percepción sobre la energía nuclear que
está teniendo lugar en un gran número de países de todo
el mundo, con la excepción de España, y que ha llevado a
que China, India, Turquía o incluso Suiza, se estén
planteando construir o reconstruir las centrales
nucleares. Pero, ¿cuáles son los asuntos sobre los que
el Gobierno y la gente tienen que pensar para que esto
se pueda materializar?, planteó la ponente. Pues bien,
curiosamente, dijo, en inglés casi todos estos asuntos
empiezan por la letra p. En primer lugar, está la
política. “Los partidos políticos (de cada país)
necesitan estar alineados para decidir el uso que se
hace de la energía nuclear. Hoy en día, el uso o no de
la energía nuclear es una cuestión política, pero no
debería ser así”, señaló.
A continuación está la planificación, es decir, dónde
ubicar estas centrales nucleares. Según su experiencia,
a la gente no le importa vivir cerca de una central
nuclear porque saben que los grandes proyectos de
infraestructuras significan mucho dinero y trabajo.
Además de esto, dijo, se necesitan permisos, es decir,
“un sistema regulatorio bueno para construir las
centrales que asegure que la tecnología de los reactores
es segura y buena. Y en España y en Reino Unido contamos
con buenos reguladores”, dijo. También está la cuestión
del precio, añadió. “Se necesita mucho dinero para
construir una central, pero una vez que se construye, se
obtiene energía a un precio razonablemente bajo y no
existe el problema de escasez en el futuro”.
De lo que sí tiene carestía este tipo de energía es de
people o mano de obra especializada en todo el mundo.
Las centrales nucleares se empezaron a construir en los
años 80, así que cuando ella se graduó de la Universidad
de Pensilvania, “estudiar ingeniería nuclear o física
era algo atractivo, se consideraba un trabajo bueno,
pero se dejaron de construir plantas y los que se
graduaron de ingenieros los mandamos a Wall Street para
convertirse en ingenieros financieros”. El reto ahora es
educar a una generación completa de gente para trabajar
en estas centrales. Centrales que, por cierto,
necesitarán “partes o piezas” fabricadas en plantas
especializadas y, de momento, escasas.
La prensa es una de las grandes “pes”, destacó. “La
prensa ha estado durante un largo periodo de tiempo en
contra de la energía nuclear porque es un buen tema
sobre el que escribir y por la influencia de los
políticos”. Desde su punto de vista, lo que hay que
hacer ahora es educar a la prensa y ser más
transparente, “algo muy importante en el nuevo mundo que
nos ha tocado vivir. Hace unos 6 años, cuando empecé a
trabajar en este sector, en Reino Unido había un 30% a
favor de la energía nuclear, un 45% en contra y el resto
no se pronunciaba. Ahora, hay un 55% a favor, en torno
al 30% en contra y el resto ni sabe ni contesta. Estamos
educando a la prensa y la gente entiende estos
problemas, todas estas pes”, dijo.
Otro asunto, “son los residuos nucleares”. La ponente
señaló que la mayoría proviene del material
armamentístico de la guerra fría, “pero hay que
limpiarlo aunque se construyan o no nuevas centrales”.
Y, por último, está el porfolio: ¿Qué quiero decir con
esto?, dijo. “Pues bien, la energía nuclear no es la
respuesta, es parte de la respuesta. No podemos
descartar nada. Cuando yo empecé a trabajar en Reino
Unido un 20% de la energía era nuclear. Si seguimos
desmantelando plantas y no construyendo más, en el año
2020 sólo representará el 2% de la energía, lo mismo que
en España, según tengo entendido. Necesitamos gas,
carbón, petróleo, energías renovables, aunque éstas no
pueden resolver el problema (de la escasez de recursos,
independencia energética, etc.), pero también
necesitamos la energía nuclear, en torno a un 20%-30%
nos ayudaría”. Por eso, no dudó en hacer un llamamiento
a los políticos para que cambien de opinión acerca de la
energía nuclear y reconsideren su importancia y el papel
que debería jugar en el escenario energético actual.
Las renovables, parte de la solución
“Siempre hemos estado firmemente convencidos de que
nosotros somos parte de la solución, pero con
porcentajes más agresivos que el 20% o el 30% propuestos
por Lady Barbara”, dijo Carmen Becerrill, presidenta de
Acciona Energía. Además de los problemas de
independencia energética, cambio climático y debilidad
geopolítica a los que tienen que hacer frente los
países, dijo, hay un cuarto problema: “1.500 millones de
personas en el mundo no tienen acceso a la electricidad
comercial y las perspectivas de la agencia internacional
de la energía son que, probablemente, este número se
incremente de aquí a 2030. Hay que buscar soluciones a
estos problemas”.
Una parte de las respuestas son las energías renovables,
señaló, “entre otras cosas porque los combustibles
fósiles tienen carácter finito por definición, y porque
ayudan a combatir el cambio climático. Hay un consenso
razonable de que hay que asegurarse de que para el año
2030, el incremento de las emisiones no aumente la
temperatura de la tierra en 2 grados. Esto define cómo
debería ser la estructura del consumo energético”.
Becerrill destacó cómo esta sensibilidad energética ha
ido calando en los países y el compromiso de Europa con
las renovables se manifiesta en “la ecuación de los 20.
Es decir, para 2020, se espera que en el continente el
20% de la energía sea de origen renovable y el consumo
de energía sea un 20% más eficiente”. La tendencia que
vemos es “cómo las renovables se afianzan cada vez más
en el ámbito europeo y la sensibilidad en torno a estas
fuentes de energía va apareciendo en otros entornos
geográficos y, muy especialmente, en EEUU. El problema
del (vertido en el) Golfo de México probablemente
consolidará esta percepción”, añadió.
Becerrill no quiso dejar la oportunidad de mencionar el
debate en torno al precio de la energía renovable y las
primas que reciben del Gobierno que está teniendo en
lugar en los últimos meses en España. Para ella, la
situación es muy controvertida debido a que no se está
mirando al futuro y el debate se está centrando en una
problemática que, espera, sea coyuntural, debido a la
crisis económica. Para arrojar algo de luz sobre esto,
Becerril puso sobre la mesa algunas cifras: “España
tienen una tasa de dependencia energética de 26 puntos
por encima del resto de la Unión Europea. Es decir, se
ha pasado de un 82% a un 78% en los últimos tres años
como consecuencia de la penetración de las renovables”.
Además, destacó que las renovables evitaron la
importación de 3000 millones de euros de productos
energéticos en 2009. “La tendencia inflacionista de
nuestra economía está directamente vinculada a los
precios del petróleo, así que las energías renovables
ayudan a desacoplar nuestras posiciones macroeconómicas
del riesgo de la volatilidad de los precios de los
combustibles fósiles. También han permitido cumplir con
los compromisos internacionales de la reducción de
emisiones de gases de efecto invernadero y a colaborar
en el ahorro de una cantidad muy significativa, de más
de 400 millones de euros, por derechos de adquisición de
emisión de CO2”.
¿Merece la pena el esfuerzo económico que se ha hecho en
España para situar a empresas españolas como promotoras
de energías renovables, como la eólica o la solar, en el
mundo?, se pregunta. “Rotundamente, sí”, dijo. De
momento, “el sol es probablemente la fuente de energía
más segura a la que podemos recurrir, amanece todos los
días y si no lo hiciera, ya no habría de qué
preocuparse. En España tenemos que aprovechar que somos,
tal y como decía la promoción turística del país,
“Everything under the sun”. Becerril dijo que las
renovables no son la solución, son solo una parte. El
objetivo para 2020 en España es que el 22,7% de la
energía sea de origen renovable y no sería descabellado
que para 2030 o 2040, esta cifra se sitúe en el 50%.
La importancia del regulador
Oscar Fanjul, CEO de Omega Capital, destacó la
importancia que ha adquirido la energía, llegando
incluso a formar parte de la política exterior de los
gobiernos. Desde su punto de vista, los temas
energéticos clave hoy en día son la seguridad en el
abastecimiento y el cambio climático, aunque respecto a
esto último destaca el distinto enfoque que han adoptado
los países en desarrollo y los desarrollados. Los
segundos están preparados para pagar por energías no
contaminantes, mientras que los primeros, no. “Los
países en desarrollo seguirán usando la energía
contaminante porque será más barata y seguirá estando
disponible”.
Fanjul se mostró favorable al uso de las renovables y
del objetivo de cumplir la ecuación de los 20, pero
llamó la atención sobre los problemas que tienen
actualmente este tipo de energías: la descentralización
y la intermitencia en cuanto al suministro (de sol o de
viento, por ejemplo). En este tipo de energías, dijo,
“es extremadamente importante la figura del regulador”,
ya que éste es quien decide la capacidad de las
renovables y su estructura y, “de momento, hay que
subvencionarlas porque todavía no hay una paridad de la
red (punto de competitividad sin ningún tipo de ayuda
gubernamental)”.
En su opinión, uno de los retos del regulador consiste
en distorsionar lo menos posible la competencia y, al
mismo tiempo, asegurar el uso eficiente de las
inversiones en esta energía. Por eso, habría que mejorar
los sistemas regulatorios e invertir grandes cantidades
de dinero con el objetivo de reducir el coste de las
renovables para que adquirieran paridad de redes y ser
competitivas con los combustibles fósiles. Aún así, se
mostró optimista porque la curva de aprendizaje en las
energías renovables es muy rápida. Aunque también señaló
que las energías convencionales, las fósiles, también
están aprendiendo y reducirán su coste, por tanto la
competencia va a ser mayor.
Amparo Moraleda también destacó la necesidad de la
intervención del Gobierno para crear un ambiente más
propicio para que se produzca una revolución energética,
“que no puede esperar, porque las reservas de crudo sólo
durarán unos 40 años más, lo mismo que el carbón”. Para
ello, dijo que es necesario que los países cuenten con
una legislación efectiva y se desarrollen políticas
gubernamentales proactivas. “La introducción de
incentivos para que surjan nuevas tecnologías, apoyo a
la I+D y a las tecnologías limpias, así como regular
contra aquello que no es limpio…”.
Por otro lado, Moraleda señalo que para ser totalmente
competitivos y cumplir con los objetivos de 2020, es
necesario invertir en “infraestructura que pueda
integrar todas estas energías en nuestra cartera. Se
necesitan líneas, sistemas de transporte y redes
inteligentes”. Y añadió que las renovables son todavía
caras porque todavía no se pueden hacer a escala y, para
ello, es necesario el apoyo del Gobierno. También dijo
que para llevar a cabo esta revolución energética es
necesario lograr eficiencia energética, a través de la
calidad del abastecimiento y la sostenibilidad. “La
manera más limpia de no producir residuos es no
crearlos”, comentó.
El punto de vista empresarial
Para Miguel Torres, la energía es muy importante ya que
se producen 2 kilos de CO2 por cada botella. “Al sector
le preocupa el cambio climático porque los viñedos son
extremadamente sensibles al calor. Si aumenta un grado o
dos la temperatura de la tierra, en lo que respecta a
los viñedos puede significar una cambio drástico en las
denominaciones de origen, tal y como las conocemos hoy
en día”.
Por otro lado, señaló que, aunque la ecología siempre ha
sido un valor para su familia, sólo se decidieron a
actuar después de ver el documental de Al Gore Una
verdad incómoda. “Pensamos que teníamos que hacer algo
rápido”. En 5 años dedicaron 10 millones de euros a
proyectos renovables e investigación, entre los que
figuran la construcción de bodegas subterráneas y otras
acciones para lograr una mayor eficiencia energética,
reducción del peso de las botellas para disminuir la
huella de carbono… “Incluso en algunos países
escandinavos nuestro vino se envasa en tetrabrik, aunque
a mí no me gusta”, señaló. Su próximo desafío será la
utilización de biomasa para reducir la factura
eléctrica.
“Es el momento de cambiar”, dijo. El bodeguero explicó
que los consumidores son los que han puesto cada vez
mayor presión sobre las empresas para que sean más
ecológicas y con ello también están ayudando a que se
produzcan cambios en las mismas. Moraleda coincidió en
señalar que los consumidores son más conscientes del
medio ambiente y esto está provocando cambios en la
manera de operar de las empresas. “La eficiencia y la
conciencia medioambiental es un factor diferenciador
clave y habrá quienes se distinguirán por ello”.
¿Pero quién pagará por ese cambio? Según Moraleda será
un esfuerzo colaborativo entre el sector público, el
privado y el consumidor. Pero, al final del día, añadió
Becerril, “los consumidores tendremos que pagar por el
esfuerzo (de cumplir con la normativa europea de 2020,
etc). Queremos una energía perfecta y las empresas
necesitan dinero para realizar inversiones”.
.© Wharton Kwoledge Universia |