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El Presidente
George W. Bush declaró en el último encuentro del G8 que
“Los Estados Unidos, por razones de seguridad nacional y
económicas, necesitaba diversificar sus recursos disminuyendo la
participación de los combustibles fósiles", reflejando
una comprensión creciente de la dependencia estadounidense
respecto del petróleo y tomando conciencia que esto debe
cambiar. Lo que está menos claro partiendo de las declaraciones
del mandatario es cómo planea lograr esta meta. Si el
Presidente está buscando un camino para hacerlo, más que
la tan mentada economía del hidrógeno, debería
fijarse en el camino realizado por Brasil.
Durante
el embargo petrolero acontecido en la crisis de 1973, Brasil estaba
importando casi el 80% de su requerimiento de combustibles. A lo largo
de las tres décadas siguientes logró reducir esa
dependencia a menos de la mitad. ¿Cómo lo hicieron?.
Durante ese período los brasileros invirtieron masivamente en
una industria del etanol, basada en el azúcar, a un grado que
cerca de un tercio del combustible que utilizan en sus vehículos
es fabricado dentro del país. Ellos también crearon una
flota de vehículos que pueden acomodar su consumo de
combustible. La mitad de los automóviles vendidos este
año en Brasil son vehículos de combustible "flexible" que
pueden funcionar por igual con cualquier combinación de gasolina
y etanol. Haciendo convivir alegremente en el mismo tanque de
combustible a los hidrocarburos y a los carbohidratos Brasil no
sólo logró acercarse a la independencia sino que
también aisló a la economía brasilera del
dañino impacto de los actuales y ascendentes costos
internacionales del petróleo.
Aunque la economía
del Brasil es un octavo de la norteamericana eso no impide el
desarrollo de un modelo similar a ser implementado en los Estados
Unidos. Dos cosas deben acontecer para poder hacer de esto una
realidad. Primero, se necesitan un nuevo tipo de automóviles a
ser introducidos en el mercado estadounidense a efectos de lograr
flexibilidad en los combustibles. Para un fabricante de
automóviles agregar esas capacidades a sus modelos
tendría un costo muy pequeño de alrededor de 150
dólares por auto. Todo lo que se requiere es un sensor de
combustible y un circuito de alimentación resistente a la
corrosión. De hecho, General Motors, Ford and
Volkswagen ya han producido millones de ellos.
El
mayor desafío es expandir el mercado del etanol, haciendo del
producto un combustible de alcance nacional más que un aditivo o
un combustible de "buotique" utilizado por habitantes del mediooeste.
Desafortunadamente, esto nunca podrá ocurrir mientras la
fuente del etanol en los EE.UU. se base en el maíz y el sorgo .
Estos granos rinden menos azúcar por hectárea que la
caña de azúcar brasilera, y su refinado exige cantidades
sustancuiales de energía. Producir etanol de biomasa
celulósica con el pasto y la paja de arroz puede resultar
factible en el futuro pero por ahora la única fuente de etanol
que parece tener un sentido económico y que no requiere un
subsidio impositivo de 51 centavos de dólar por galón es
el azúcar.
Aun en
los Estados unidos los productores de maíz y los mayores refinadores
tales como Archer Daniels Midland se oponen a la importación de
etanol de azúcar y hacen presión sobre el Congreso para
imponer un gravamen de 54 centavos por galón al etanol
importado para proteger a la industria local. Esta política
está también apoyada por la industria estadounidense de
la caña de azúcar que tiene muy poco incentivo para
diversificarse a producir etanol porque las cuotas de
importación mantiene el precio interno del azúcar muy por
encima de los precios internacionales. Como resultado de
este proteccionismo, sólo pueden entrar al país sin
impuestos gravosos 240 millones de galones de etanol, una gota en el
tanque en comparación con los 3.4 mil millones de galones
producidos el año pasado y aún más pequeña
en comparación con los 8.000 millones de galones que el "Energy
Bill" aprobado por el Senado fijó para el año 2012.
Desafortunadamente,
los Estados Unidos no tiene posibilidad de aumentar la
producción de azúcar al niveles que permitirían
implementar el modelo brasilero. La caña de azúcar
requiere una larga estación de crecimiento en un clima libre de
heladas. Existen limitaciones para ampliar las plantaciones en las
zonas donde existen esas condiciones (Florida, la costa del Golfo y
Hawaii). Por lo que naciones latinoamericanas y caribeñas como
Brasil, Guatemala, Panamá, Trinidad & Tobago, Costa Rica, El
Salvador y Jamaica -todos productores de caña de azúcar a
bajo costo- podrían transformarse en naciones clave para la
seguridad energética de los EE.UU. Brasil, la Arabia Saudita del
azúcar, ya está exportando 500 millones de galones de
etanol al año y podría inundar los EE.UU. con etanol
barato. El Ministro de Agricultura del Brasil, Roberto Rodríguez
dijo el año pasado "nosotros no queremos vender litros de etanol, queremos vender ríos".
Expandir la opción de los EE.UU. incluyendo los biocombustibles
importados de nuestros vecinos del Hemisferio Occidental tiene
además beneficios geopolíticos. El azúcar se
cultiva actualmente en 100 países muchos de los cuales son ahora
pobres. Impulsar a esos países a aumentar su producción y
convertirse en suministradores de combustible podría tener
grandes implicancias para su desarrollo económico. Mediante la
creación de una interdependencia con sus vecinos en el
Hemisferio Occidental los EE.UU. garantizarán que esas
actualmente pobres naciones no caigan bajo la égida de China que
ya se ha fijado en las fuentes energéticas del Hemiferio
Occidental y que ya ha construido las mayores plantas de etanol del
mundo. A medida que sus apetitos energéticos crezcan, China
procurará el etanol del Hemisferio Occidental y
fortalecerá su asentamiento en las espaldas de América.
Esta es
una de las razones por las que es bueno que el Congreso de los Estados
Unidos haya aprobado el Acuerdo de Libre Comercio para
Centroamérica (CAFTA). Entre otras cosas, este acuerdo puede ser
el vehículo para que las naciones caribeñas exporten a
los EE.UU. combustibles alternativos que puedan desplazar al Medio
Oriente. Bloquear las importaciones de etanol a los EE.UU. para
proteger a los plantadores de maíz es tanto como bloquear las
importaciones de gasolina para proteger a los productores
norteamericanos de gasolina. Tal política hace de los
proteccionistas por el etanol en el Congreso el mayos obstáculo
para el despliegue a gran escala del etanol en los EE.UU. Algún
legislador razonable debe ver más allá de los expedientes
políticos localistas y reconocer que estaríamos mucho
mejor importando etanol del caribe que petróleo de Arabia
Saudita.
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