Publicación mensual de la Fundación "Consejo para el Proyecto Argentino"              Año XXII

 30 de Noviembre de 2005   

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ANÁLISIS DE LA ESTRATEGIA ESTADOUNIDENSE

LA ENERGÍA EN LOS TRATADOS DE LIBRE COMERCIO
Dr. Gal Luft

Por Gal Luft
Director Ejecutivo
Instituto para el Análisis de la Seguridad Global


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El Presidente George W. Bush declaró en el último encuentro del G8 que “Los Estados Unidos, por razones de seguridad nacional y económicas, necesitaba diversificar sus recursos disminuyendo la participación de los combustibles fósiles", reflejando una comprensión creciente de la dependencia estadounidense respecto del petróleo y tomando conciencia que esto debe cambiar. Lo que está menos claro partiendo de las declaraciones del mandatario es cómo planea lograr esta meta. Si el Presidente está buscando un camino para hacerlo, más que la tan mentada economía del hidrógeno, debería fijarse en el camino realizado por Brasil.

Durante el embargo petrolero acontecido en la crisis de 1973, Brasil estaba importando casi el 80% de su requerimiento de combustibles. A lo largo de las tres décadas siguientes logró reducir esa dependencia a menos de la mitad. ¿Cómo lo hicieron?. Durante ese período los brasileros invirtieron masivamente en una industria del etanol, basada en el azúcar, a un grado que cerca de un tercio del combustible que utilizan en sus vehículos es fabricado dentro del país. Ellos también crearon una flota de vehículos que pueden acomodar su consumo de combustible. La mitad de los automóviles vendidos este año en Brasil son vehículos de combustible "flexible" que pueden funcionar por igual con cualquier combinación de gasolina y etanol. Haciendo convivir alegremente en el mismo tanque de combustible a los hidrocarburos y a los carbohidratos Brasil no sólo logró acercarse a la independencia sino que también aisló a la economía brasilera del dañino impacto de los actuales y ascendentes costos internacionales del petróleo.

Aunque la economía del Brasil es un octavo de la norteamericana eso no impide el desarrollo de un modelo similar a ser implementado en los Estados Unidos. Dos cosas deben acontecer para poder hacer de esto una realidad. Primero, se necesitan un nuevo tipo de automóviles a ser introducidos en el mercado estadounidense a efectos de lograr flexibilidad en los combustibles. Para un fabricante de automóviles agregar esas capacidades a sus modelos tendría un costo muy pequeño de alrededor de 150 dólares por auto. Todo lo que se requiere es un sensor de combustible y un circuito de alimentación resistente a la corrosión. De hecho,  General Motors, Ford and Volkswagen ya han producido millones de ellos.

El mayor desafío es expandir el mercado del etanol, haciendo del producto un combustible de alcance nacional más que un aditivo o un combustible de "buotique" utilizado por habitantes del mediooeste. Desafortunadamente, esto nunca podrá ocurrir mientras la fuente del etanol en los EE.UU. se base en el maíz y el sorgo . Estos granos rinden menos azúcar por hectárea que la caña de azúcar brasilera, y su refinado exige cantidades sustancuiales de energía. Producir etanol de biomasa celulósica con el pasto y la paja de arroz puede resultar factible en el futuro pero por ahora la única fuente de etanol que parece tener un sentido económico y que no requiere un subsidio impositivo de 51 centavos de dólar por galón es el azúcar.

Aun en los Estados unidos los productores de maíz y los mayores refinadores tales como Archer Daniels Midland se oponen a la importación de etanol de azúcar y hacen presión sobre el Congreso para imponer  un gravamen de 54 centavos por galón al etanol importado para proteger a la industria local. Esta política está también apoyada por la industria estadounidense de la caña de azúcar que tiene muy poco incentivo para diversificarse a producir etanol porque las cuotas de importación mantiene el precio interno del azúcar muy por encima de los precios internacionales. Como resultado de este proteccionismo, sólo pueden entrar al país sin impuestos gravosos 240 millones de galones de etanol, una gota en el tanque en comparación con los 3.4 mil millones de galones producidos el año pasado y aún más pequeña en comparación con los 8.000 millones de galones que el "Energy Bill" aprobado por el Senado fijó para el año 2012.

Desafortunadamente, los Estados Unidos no tiene posibilidad de aumentar la producción de azúcar al niveles que permitirían implementar el modelo brasilero. La caña de azúcar requiere una larga estación de crecimiento en un clima libre de heladas. Existen limitaciones para ampliar las plantaciones en las zonas donde existen esas condiciones (Florida, la costa del Golfo y Hawaii). Por lo que naciones latinoamericanas y caribeñas como Brasil, Guatemala, Panamá, Trinidad & Tobago, Costa Rica, El Salvador y Jamaica -todos productores de caña de azúcar a bajo costo- podrían transformarse en naciones clave para la seguridad energética de los EE.UU. Brasil, la Arabia Saudita del azúcar, ya está exportando 500 millones de galones de etanol al año y podría inundar los EE.UU. con etanol barato. El Ministro de Agricultura del Brasil, Roberto Rodríguez dijo el año pasado "nosotros no queremos vender litros de etanol, queremos vender ríos".

Expandir la opción de los EE.UU. incluyendo los biocombustibles importados de nuestros vecinos del Hemisferio Occidental tiene además beneficios geopolíticos. El azúcar se cultiva actualmente en 100 países muchos de los cuales son ahora pobres. Impulsar a esos países a aumentar su producción y convertirse en suministradores de combustible podría tener grandes implicancias para su desarrollo económico. Mediante la creación de una interdependencia con sus vecinos en el Hemisferio Occidental los EE.UU. garantizarán que esas actualmente pobres naciones no caigan bajo la égida de China que ya se ha fijado en las fuentes energéticas del Hemiferio Occidental y que ya ha construido las mayores plantas de etanol del mundo. A medida que sus apetitos energéticos crezcan, China procurará el etanol del Hemisferio Occidental y fortalecerá su asentamiento en las espaldas de América.

Esta es una de las razones por las que es bueno que el Congreso de los Estados Unidos haya aprobado el Acuerdo de Libre Comercio para Centroamérica (CAFTA). Entre otras cosas, este acuerdo puede ser el vehículo para que las naciones caribeñas exporten a los EE.UU. combustibles alternativos que puedan desplazar al Medio Oriente. Bloquear las importaciones de etanol a los EE.UU. para proteger a los plantadores de maíz es tanto como bloquear las importaciones de gasolina para proteger a los productores norteamericanos de gasolina. Tal política hace de los proteccionistas por el etanol en el Congreso el mayos obstáculo para el despliegue a gran escala del etanol en los EE.UU. Algún legislador razonable debe ver más allá de los expedientes políticos localistas y reconocer que estaríamos mucho mejor importando etanol del caribe que petróleo de Arabia Saudita.


            Fundación "Consejo para el Proyecto Argentino