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Un informe del Consejo
Ártico, elaborado por 250 científicos de ocho países, alerta sobre
las consecuencias de los cambios climáticos, que pueden provocar la
pérdida total de hielo en la región y una subida de siete metros en
los océanos del mundo. El informe advierte asimismo de los riesgos
que acechan a los oleoductos de la región, dispuestos en la
superficie de tierras agrícolas, mal construidos y con pobre
mantenimiento: pueden romperse por la posibilidad de que el suelo
helado actual se vuelva inestable. Una llamada de atención que no ha
suscitado una respuesta política convincente. Por Eduardo Martínez.
Un informe presentado en la reciente reunión del Arctic Climate
Impact Assessment, proyecto internacional especializado en
evaluar los cambios climáticos e integrado por delegaciones de
Canadá, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega, Rusia, Suecia y
Estados Unidos, ha advertido que el deshielo puede romper los
oleoductos que cruzan la región ártica.
Según este informe, realizado durante cuatro años por más de 250
científicos de ocho países, la temperatura invernal ha aumentado en
los últimos 50 años cerca de 4 grados en Alaska, Oeste de Canadá y
Este de Rusia, lo que según este informe ha provocado la pérdida de
un millón de kilómetros cuadrados de superficie helada desde 1974.
Si esta tendencia perdura, advierte el informe, la masa helada del
norte perderá entre el 50% y el 100% de su superficie actual antes
de finales de siglo, dependiendo de la intensidad del calentamiento
global, lo que significa que el Ártico está mucho más afectado por
el impacto humano sobre la naturaleza que otras regiones del globo.
El informe, si bien confirma otras apreciaciones anteriores, añade
las consecuencias previsibles de esta evolución del clima, cuya
temperatura puede aumentar entre 4 grados y 13 grados Celsius más en
los próximos cien años. Los escenarios varían en intensidad según se
considere una evolución moderada o radical de la temperatura ártica,
pero el informe señala como una consecuencia previsible el aumento
de los niveles del mar en más de siete metros durante las próximas
décadas.
Riesgos energéticos
Lo que más ha llamado la atención de los políticos, sin embargo, es
la posibilidad de que una central nuclear rusa, situada cerca de
Mourmansk, resulte amenazada, así como que los oleoductos de Alaska
y Rusia se pongan asimismo en peligro por la posibilidad de que el
suelo helado actual se vuelva inestable.
Menos Finlandia, todos los países limítrofes del Ártico poseen
terminales petrolíferas que son fundamentales para el suministro de
petróleo en Occidente. Abundando sobre esta realidad, el Consejo
Ártico ha señalado los riesgos ecológicos graves que se derivarían
de eventuales rupturas en los oleoductos árticos, ya que el impacto
afectaría incluso a regiones alejadas.
Los antecedentes de estos episodios son elocuentes: en 1994 se
produjeron fugas de petróleo en la región rusa de Usinsk que
arrojaron 116 millones de toneladas de petróleo bruto, causando
grandes daños a la región.
En latitudes tan extremas los ecosistemas de la tundra y la taiga
son altamente sensibles a la contaminación por crudo. Los oleoductos
de la región están dispuestos en la superficie de tierras agrícolas,
mal construidos y con pobre mantenimiento, por lo que ya sufren
fugas regulares. Los efectos de este tipo de contaminación por crudo
se prolongan durante décadas.
Región sensible
En el Ártico el petróleo contamina más tiempo debido a las bajas
temperaturas, que disminuyen la evaporación del crudo. Además, la
ausencia de luz durante una gran parte del año polar disminuye la
radiación de las rayos ultravioletas necesarios para la
descomposición del petróleo.
Todo se conjuga para aumentar el daño en una región tan sensible.
Durante el invierno, el hielo y la nieve mantienen estable el
petróleo, pero a partir de la primavera el deshielo libera al crudo,
fenómeno que se amplifica con el aumento de la temperatura invernal
denunciado por el Consejo Ártico.
En el medio marino, el hielo polar reduce la acción de las olas que
ayuda a diluir la marea negra. Cuando el petróleo se quema, las
nubes se concentran en las capas inferiores de la atmósfera debido
al efecto de las corrientes de aire inversas, lo que retroalimenta
el calor de la superficie, disminuye aún más la penetración de los
rayos solares y aumenta la nocividad de la contaminación sobre la
población humana, animal y vegetal.
La sensibilidad política respecto a estos riesgos es algo mayor. Los
gobiernos, empresas y organismos internacionales se esfuerzan en
preparar a la región ártica ante posibles catástrofes, ya que a las
amenazas derivadas del cambio climático se suman los desechos
nucleares que proliferan en la región.
El Consejo Ártico es uno de los ingredientes de esta red de alerta,
por lo que su informe sobre las consecuencias del cambio climático
no deben ser tomadas a la ligera, particularmente cuando señala que
el impresionante ritmo adquirido por los cambios climáticos confirma
su relación con las causas artificiales, como el uso intensivo de
carburantes fósiles, lo que constituye una llamada de atención a la
clase política respecto a las consecuencias de la actividad
industrial.
Sin embargo, ya habido algunas reacciones: el conservador The
Washington Times ha descalificado con ironía el informe del Consejo
Ártico, al mismo tiempo que el Senado de Estados Unidos ha tenido
una sesión especial a instancias de John McCain, quien se ha
mostrado decepcionado por la posición de la Casa Blanca ante estas
advertencias, tal como ha reflejado The Washington Post.
Nuevas vías marítimas
El cambio del clima ártico tiene un efecto que puede sin embargo ser
positivo: las rutas árticas quedan disponibles para la navegación.
Se cree que dentro de cinco años los barcos puedan atravesar las
rutas árticas que comunican Rusia con Europa durante al menos dos
meses al año, algo reservado en la actualidad a navíos especialmente
equipados.
Esta eventualidad abre la posibilidad a que el petróleo siberiano,
cuya producción aumentará considerablemente en los próximos años,
pueda ser transportado por barcos en vez de por oleoductos. La
industria se prepara para estos cambios.
Ello no impide que el aumento de la temperatura en la región
continúe representando una amenaza múltiple para la sociedad.
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Informe Completo (versión en inglés) |