|
En relación al aumento del precio del petróleo, el punto central de
esta nota es analizar si esto es un reflejo de problemas
estructurales o de cuestiones cíclicas. Aquí se sostendrá que los
precios altos del crudo no son ocasionados por factores de corto
plazo que pudieran desaparecer rápidamente, sino que dicho aumento
representa un importante cambio estructural en comparación con las
circunstancias existentes en los 90. A lo largo de los dos últimos
años, ese cambio se ha reflejado en las cotizaciones del crudo en el
mercado de largo plazo, como puede apreciarse en la curva de precios
del WTI.

Si se observa la trayectoria
de esa curva correspondiente al periodo 1986-2002, se ve que las
cotizaciones se mantenían entre 18 y 21 dólares. Sin importar que
los precios del día estuvieran en 40 o en 10 dólares, los precios a
largo plazo se ubicaron en una estrecha franja de entre los 18 y los
21 dólares. Así, puede decirse que se creó un fuerte consenso en
torno de que los precios del petróleo no pueden ser sostenidos
debajo de esa banda, pero también de que las trayectorias de largo
plazo tienen que tender hacia ese nivel. En los últimos dos años ese
consenso ha sido impactado por los movimientos al alza a lo largo de
la curva de precios. En el curso de 2004, el crudo para entrega en
diciembre de 2010 no se ha negociado debajo de 27 dólares, y se ha
llegado a vender arriba de 30 dólares. Incluso durante periodos de
precios débiles, la parte media e izquierda de la curva de precios
de largo plazo se ha mantenido robusta, sin movimientos a la baja,
creando una ola de compradores de coberturas lo que, por cierto, ha
colaborado a mantener los precios.
Las alzas en los precios
del crudo han sido como un drama en dos actos. El primero acto se
dio en el periodo en el cual el mercado visualizó que el consenso de
precios entre 18 y 21 dólares era muy bajo para un equilibrio de
largo plazo. El segundo, se ha dado en un periodo en el cual han
surgido presiones adicionales, debido a las consecuencias de haber
mantenido los precios demasiado bajos en los 90, lo que crea un
conjunto de señales equivocadas. En otros términos, en el primer
acto el mercado señaló que los precios del crudo tenían que ser más
altos para evitar una restricción de capacidad en el largo plazo, y
en el segundo ha evidenciado que la falla ha sido reconocida
demasiado tarde.
El principal componente de
la primera etapa del movimiento al alza en los precios ha sido el
incremento de 10 dólares en las cotizaciones de largo plazo. Existen
muchas causas detrás de la justificación de esta subida, pero tres
son las básicas que deben analizarse de manera aislada. Primera y
más importante, muchos países productores importantes encaran retos
económicos debido a sus elevadas tasas de natalidad y a las
consecuentes implicaciones de gasto social y creación de empleo. Los
precios bajos del crudo no les proporcionan a esos productores
recursos adecuados para tratar con esos desafíos, de tal suerte que
para ellos los precios bajos son insostenibles y no deseados.
Segunda, ha habido cambios en la demanda mundial de crudo, misma que
es ahora menos sensitiva a los precios y está más ligada a cambios
estructurales de largo plazo en las economías emergentes.
Finalmente, la oferta de los países no miembros de la OPEP ha
empezado a disminuir en las áreas maduras. Fuera de la ex URSS, el
aumento de la oferta externa a la OPEP se ha estancado; esto apoya
adicionalmente a la subida de los precios del crudo.
Los aumentos de precios
experimentados a lo largo de este año son parte de otra fase, misma
que ha añadido impulsos adicionales al alza, particularmente
notorios en la izquierda de la curva de precios. Las importantes
condiciones que ayudaron a los productores a lograr precios más
aceptables en la primera fase, han continuado con mayor vigor y han
empezado a quedarse fuera de alcance. La principal condición ha sido
un incremento acelerado en la demanda combinado con un estancamiento
de la oferta de crudo. Esta combinación ha reducido la holgura
disponible a lo largo de la cadena de suministro. Esta falta de
flexibilidad, particularmente en refinación, es el legado de la
década perdida.
En los 90, tanto los
mercados de capitales, como los de mercancías trataron a la energía
como si fuera una industria declinante y con un amplio y permanente
excedente de capacidad. Era vista como si no necesitara nuevas
inversiones y entonces los retornos de capital se tornaron
irrisorios. Pero esos mercados estaban equivocados y fueron
demasiado lejos. Adicionalmente, mucho de los sentimientos bajo los
cuales algunos gobiernos de países de la OECD veían a la energía,
mostraban una visión dogmática e incorrecta. En realidad la
industria energética es una industria en expansión, con grandes y
crecientes necesidades de capital. El no entender eso durante toda
la década pasada, creó las condiciones para que en la presente, el
tema principal sea la dislocación de la industria y la reducción de
la capacidad excedente a niveles subóptimos.
En el sector de refinación,
la capacidad excedente se ha reducido radicalmente en los dos
últimos dos años frente a una demanda creciente, como se muestra en
la gráfica 2. La capacidad necesaria a menudo es un concepto elusivo
y difícil de precisar. Sin embargo, Barclays Bank estima que la
capacidad excedente a nivel global se ha reducido de 6.3 mbd en
julio de 2002, a 1.3 mbd en julio de 2004. La merma de 5 mbd en un
pequeño periodo, ilustra la fuerte dinámica de la demanda en
relación con la de la oferta.

La reducción de 5 mbd en la
capacidad excedente puede ser dividida en dos elementos. Primero, ha
habido una reducción sostenible en la OPEP y especialmente en tres
países miembros. En Venezuela, la huelga de los trabajadores
petroleros condujo a una pérdida de capacidad. En Iraq, el legado de
una década de casi nula inversión producto de las sanciones
impuestas por la ONU, parece haber exacerbado por las políticas post
invasión de la coalición, con el resultado de que buena parte de
capacidad se ha reducido. En Indonesia, el aumento de las tasas de
declinación y la falta de nuevos proyectos ha conducido a una caída
consistente de capacidad. Si bien la capacidad se ha incrementado
fuera de las OPEP, el saldo neto en los últimos años ha sido una
reducción en capacidad de más de 1.5 bd. El segundo y más
importante elemento, lo muestra el grado en el cual la OPEP ha
tenido que incrementar su producción para intentar mantener
balanceado el mercado. La necesidad de este balance ha sido creada
porque la demanda global ha sobrepasado a la producción regular de
países no miembros de la OPEP.
Los cambios de la demanda
mundial observada anualmente son mostrados en la figura 3. Luego de
una reducción temporal de dicha demanda causada por el SARS en el
segundo trimestre de 2003, ha habido una aceleración clara en los
dos años pasados. El consenso de que precios arriba de 20 dólares
causarían que el incremento de la demanda cesara, ha probado estar
muy equivocado. Hoy en día, la existencia de los más altos precios
observados en los últimos 20 años, ha ido acompañada del incremento
más rápido de la demanda observado en 2 años, pues el aumento del
ingreso ha dominado al de precios. De esta manera, la elasticidad de
los precios parece ser más baja de lo observado y las sensibilidad
del PIB parece ser mayor. El crecimiento de la demanda ha acontecido
a escala global, aunque es más fuerte en EUA, China, India y América
Latina .

Frente a tal crecimiento de
la demanda, la oferta se ha visto atrapada y con poca movilidad. Más
allá de ex URSS, la oferta de países no OPEP ha disminuido entre
julio de 2002 y julio de 2004. Todo el crecimiento fuera de la OPEP
ha sido en la ex URSS y de manera particular en Rusia. La
producción en la ex URSS se incrementó alrededor de 2 mbd en los
pasados dos años, monto menor al aumento de la demanda, pero
suficiente para detener la reducción mundial en capacidad excedente.
Esto ha hecho que la OPEP tome el reto de incrementar la capacidad.
La Organización ha encontrado en el último trimestre que la demanda
incremental por su crudo ha excedido 4 mbd. Dados el rezago
existente para incorporar nueva capacidad, no sorprende que la
capacidad excedente se encuentre tan reducida. Esa reducción también
se ha reflejado en el sector de refinación. Durante muchos años la
falta de flexibilidad de las refinerías en EUA ha tenido un gran
impacto en los precios de los petrolíferos y ha causado disparos en
dichos precios. Este año, el aumento de la demanda ha significado
que la rigidez en capacidad de refinación, se haya convertido en un
fenómeno mundial.
El tamaño del incremento de
la demanda y la reducción de la capacidad excedente que va de la
mano, ha sido tan grande que no ha sido necesario encontrar otra
explicación para el incremento de precios durante este año. Sin
embargo, hay otras dos explicaciones que han ganado terreno y
aceptación. Pensamos que las dos son incorrectas y no ayudan a
entender el problema.
La primera de las
explicaciones alternativas es que los elevados precios se deben a la
acción de los especuladores. Para ser específicos, se alega que ha
habido una corrida por coberturas y operaciones de compra-venta de
petróleo. La sugerencia que acompaña a esta teoría es que los
mayores precios no se justifican debido a que los fondos que compran
dichas coberturas, necesariamente implican una no correlación con
los fundamentales. Hay dos cuestiones con esta teoría. Primero, los
fondos que adquieren coberturas no necesariamente han abandonado su
visión de los fundamentales. A principio de año algunos analistas
decían que los fondos estaban inflando artificialmente los precios,
porque los fundamentales indicaban un precio menor debido al posible
irrupción de grandes volúmenes de crudo en el segundo trimestre del
año. La realidad fue precisamente lo opuesto, y nadie ha dicho que,
visto en retrospectiva, en realidad los fondos estaban teniendo una
visión correcta de los fundamentales.
La otra cuestión alrededor
de la idea de que el mercado ha sido conducido por la especulación
es más seria. Lo cierto es que este año los especuladores ha tomado
una posición de vendedores. En la primera semana de 2004, las
posiciones netamente especulativas con futuros de petróleo a lo
largo de todo EUA, sumaban 115.5 mb. En la última semana de junio,
esas posiciones se habían comprimido a 32.5 mb. En otras palabras,
el periodo de incrementos de precios ha sido acompañado de un
incremento de las ventas de parte de los especuladores por 83 mb.
Lejos de crear un nivel de precios insostenibles los especuladores
han tenido un impacto depresivo en los precios.
La segunda explicación de
algunos analistas es la teoría del premio por “temor” o “riesgo”. Es
ingeniosa y se presenta de la siguiente manera. Cualquier analista
puede tener una percepción del nivel del precio del crudo
justificado por los fundamentales, algunas veces tomando como
referencia aislada los inventarios en EUA. La brecha entre el precio
del mercado y ese precio fundamental debe originarse debido a algo
“no fundamental”. Si se empieza diciendo que es el temor a que se
produzcan cortes en la producción debido a actos terroristas o
alguna otra causa digna de consideración, entonces uno se hace
merecedor de un premio por temor, además con este método uno tiene,
también, una medida exacta del tamaño de ese premio. De esta manera
el análisis de los precios se sobre simplifica porque cada cambio
diario ya es fácilmente explicable. Si un día los precios bajan,
entonces claramente el temor se redujo; si otro día los precios
suben entonces debe ser mayor la prima por temor. El problema es que
este enfoque es usado como cosa cierta y sin necesidad de
demostración. Se asume como correcto y se diluye el análisis para
dilucidar si ha habido cambios estructurales que provoquen mayores
aumentos. Así, este enfoque desestima la necesidad de indagar a
fondo las razones de los incrementos y supone que todo incremento es
causado por el riesgo o por el temor.
Es mejor evitar atribuirle
la fortaleza que han alcanzado los precios del petróleo a los
especuladores o a nociones artificiales tales como la prima de
temor, pues hacerlo así puede llevar a perder las causas objetivas
del fenómeno. Los precios del crudo han subido debido a factores
estructurales y no a distorsiones artificiales o temporales. Claro
está que, bajo la óptica de asegurar y equilibrar el mercado en el
largo plazo, cualquier movimiento a la baja en el corto o el mediano
plazos implica peligros.
|