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NUEVO GOBIERNO -
VIEJA DIVISIÓN
Con el 51 por
ciento de los votos, el candidato del MAS, Evo Morales,
consiguió la victoria más resonante y espectacular desde
la recuperación de la democracia en Bolivia, el país más
pobre de Latinoamérica, que atesora la segunda mayor
reserva de gas en todo el subcontinente.
Sin embargo, los
resultados electorales muestran un país fuertemente
dividido. Evo Morales triunfó en los cinco departamentos
collas (La Paz, Oruro, Cochabamba, Chuquisaca y Potosí).
Jorge "Tuto" Quiroga, por su parte, ganó en Beni, Santa
Cruz, Pando y Tarija.
Morales logró el
29 por ciento en los departamentos del oriente, el mismo
porcentaje que obtuvo "Tuto" en los de occidente. La
victoria de Evo Morales se explica porque en occidente
la población votante es el doble que la del oriente (2,4
millones de personas versus 1,2 millones).
Morales obtuvo
53 de 130 diputados, lo que significa que no tiene
mayoría en la Cámara Baja. Por ello se estima que hará
gestiones para acercarse a la bancada de Unidad
Nacional, que obtuvo 14 diputados. Entre ambas tienen la
mayoría.
En el
Senado la situación es compleja, puesto que el MAS
tendrá 12 senadores, uno menos que Podemos de Quiroga. El MNR y
Podemos, juntos, tienen la simple mayoría del Senado (14
miembros). Unidad Nacional tendrá uno.
Jorge Quiroga
cuenta con 48 diputados, el MNR con 11, Frepab tiene dos
y el MIP y NFR un diputado cada uno.
Tal situación es
el resultado del voto cruzado que practicó la mayoría de
los electores que quieren el cambio. Muchos votaron por
Evo Morales para Presidente, pero respaldaron a un diputado uninominal
o un prefecto de otra lista.
EL PROGRAMA DE
GOBIERNO
Aunque el
ganador se ha apresurado a eludir palabras tan
peligrosas como "expropiación" o "confiscación", en
líneas generales, el MAS se ha propuesto recuperar para
el Estado el control de los recursos naturales, es decir
la nacionalización de los hidrocarburos y legalizar la
plantación de coca.
Evo Morales y su
partido, el MAS, han llevado a cabo una exitosa cruzada
contra las inversiones extranjeras en Bolivia durante
los dos últimos años. Son los antecedentes más
importante el forzar
la cancelación de los contratos extranjeros y la
introducción de nuevos impuestos juzgados como confiscatorios
por todos los operadores.
Parece evidente
que una vez en el Gobierno, Morales intentará hacer con
los campos de gas natural de Tarija lo que la revolución
de 1952 hizo con las minas de estaño de Oruro y de otras
partes de Bolivia. "El Estado boliviano -anunció
Evo- controlará la propiedad y el 50 por ciento de la
producción. En el nuevo régimen de país que buscamos
ningún recurso mineral, forestal o natural podrá ser
concesionado ni privatizado".
Para con las
empresas que operan en el país, la política ya ha sido
anunciada. "Vamos a revisar su conducta e investigar
en profundidad. También haremos una auditoría técnica y
financiera a todas para demostrar en qué medida se
llevaron la plata. Vamos a redactar nuevos contratos con
el principio de equilibrio. El MAS les va a garantizar
que recuperen su inversión, que tengan su ganancia, pero
no para saquear, ni para robar, hacer contrabando o
evadir", señaló Morales.
Morales propone poner fin a la "postura neoliberal
seguida por empresarios", nacionalizar la industria
petrolera e incorporar a los grupos indígenas a la vida
estatal. "Los contratos que hicieron todas las
empresas petroleras son nulos porque no han sido ni
ratificados ni refrendados en el Congreso", aseguró
el cocalero.
Pero las señales
de incertidumbre no fueron exclusivas del MAS ya que han
sido emitidas por todos los candidatos y particularmente
por la política del propio Gobierno boliviano a lo largo
de 2005.
Bolivia aprobó
una Ley de Hidrocarburos que creó un nuevo impuesto de
32 por ciento a las petroleras y que fue promulgada bajo
la presión de las organizaciones sociales en las calles.
La norma fue rechazada por las compañías, que están a la
espera de iniciar una negociación con el próximo
Gobierno en un plazo que vence en julio del 2006, antes
de recurrir a un arbitraje internacional para plantear
sus reclamos sobre esa ley. Todas estas dudas han
provocado una importante reducción en las inversiones
petroleras que se mantienen por debajo de un tercio del
récord de 1998 y la suspensión de los principales
proyectos.
LA "PESADILLA DE
WASHINGTON"
A juicio de la
mayoría de los observadores, será muy difícil para
el nuevo Gobierno imponer un estatismo que fracasó desde
1952 a 1985. La tesis de aplicar un concepto denominado
"etnocentrismo" podría potenciar futuros conflictos capaces de "balcanizar" el
país, comenzando por Santa Cruz y su reclamo de
autonomía, con o sin apoyo de las Fuerzas Armadas y en
un complejo escenario regional.
Morales acusa al
capitalismo estadounidense de empobrecer a Bolivia.
Durante su campaña, Morales advirtió a Estados Unidos
que se convertiría en una "pesadilla para Washington".
Paradójicamente
fueron los Estados Unidos los mayores financistas de los
regímenes populistas y el socialismo
en Bolivia, fueran éstos originados en golpes militares
o elegidos democráticamente. Entre la
revolución de 1952 y 1980, noventa por ciento del dinero que Bolivia recibió del
exterior fueron donaciones y créditos de los Estados
Unidos. Para 1957, los Estados Unidos subsidiaban el 30
por ciento del presupuesto del gobierno. Sin embargo, nuevas nacionalizaciones tuvieron lugar a
finales de los 60 bajo el general Ovando y a comienzos
de los 70 bajo el general Juan José Torres.
En un reciente
reportaje Morales definió su idea de la cuestión.
"Bolivia -dijo- es un país ocupado militarmente
por Estados Unidos. La DEA, por ejemplo, comanda las
fuerzas represivas en el Chapare. Las Fuerzas Armadas
reciben instrucción, se someten al control y dependen
estratégica y logísticamente del Comando Sur. Súmele a
esto la permanente intervención de los organismos de
inteligencia de los Estados Unidos. Adicionalmente
llegan, con una frecuencia alarmante, destacamentos
militares, bajo la fachada de "acción cívica". Las
operaciones de estos efectivos norteamericanos van desde
una abierta intervención en los asuntos internos, hasta
la utilización de nuestro territorio para el depósito de
materiales tóxicos y radioactivos".
Sin embargo la
mayor preocupación estadounidense no tiene relación con
la acción del nuevo Gobierno dentro de Bolivia, sino que
se concentra en la alineación que pueda desarrollar el
nuevo Gobierno y en potenciales
efectos de "derrame" en los países que limitan con
Bolivia, incluido el Perú, donde Ollanta Humala, otro
populista nacionalista, está creciendo rápido en las
encuestas.
La gran
incógnita que desvela por igual a argentinos y
brasileros es la duda acerca si las nuevas reglas que
impondrá el Gobierno boliviano permitirán un flujo de
inversiones suficiente como para permitir la explotación
y exportación del gas que tanto para Argentina como para
Brasil resulta crítico en su política energética.
Y, con idéntico grado de
importancia, a cuánto ascenderá el precio del gas con el
que Morales planea financiar su gestión de Gobierno. Seguramente, todos intuyen, que no serán los 2,08 dólares
por MMBTU actuales.
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