La cifra habla
por sí sola. La generación de termoelectricidad ha
bombardeado paulatinamente el sistema nacional. En
1993 se generaban casi siete mil GWh y durante el 2008
alcanzó más de 36 mil.
La mayor expansión térmica durante este periodo se
produjo en el Sistema Interconectado Central. Y este
importante rol dentro de la matriz energética no tiene
nada que ver con ventajas ambientales. Al contrario,
este tipo de generación le significa a las empresas
tener menores costos económicos, pero dramáticos
efectos por las emisiones de gases efecto invernadero.
Así lo detalló el estudio de la Fundación Terram,
“Evolución, Actualidad y Proyección del Sector
Termoeléctrico Chileno”.
“Se puede evidenciar en los proyectos ingresados que
entre el 2000 y 2008, el 72 por ciento corresponde a
proyectos térmicos. Si a esto sumamos las proyecciones
que hace la Universidad de Chile, que indica que este
tipo de iniciativas abarcarán cerca del 80 por ciento
-60 en el caso del carbón - de aquí al 2030, la
reflexión más grande que se tiene que hacer debe ir
dirigida hacia un sector que no cuenta con regulación
medio ambiental específica para el caso de estas
generadoras”, Rodrigo Bórquez, asistente de esta
investigación.
El documento explica que la incorporación de estos
combustibles a la matriz obedeció a un conjunto de
políticas cortoplacistas fijadas por el gobierno, que
se concentró en hacer frente a la crisis generada por
los recortes del gas natural desde Argentina.
En este sentido, Flavia Liberona, directora de la
fundación Terram, manifestó que estas cifras
demuestran un vacío en la legislación nacional sobre
este tema.
“Aquí hay que avanzar en regular y exigir más
tecnología a las generadoras de electricidad basadas
en el carbón. Además, hay que normar todas las
emisiones de estas industrias y buscar una manera para
potenciar la disminución de la demanda eléctrica así
como la eficiencia energética y la incorporación de
energías renovables no convencionales a la matriz
eléctrica”, precisó la ambientalista.
Antes de ingresar a la OCDE Chile dio a conocer
algunos avances en legislaciones medioambientales como
el establecimiento de estándares, políticas y planes
de prevención y descontaminación y el rediseño de la
institucionalidad ambiental, todos ámbitos que ya
están presentes en otros países del mundo. Pero, según
los expertos, estos son pequeños pasos si se comparan
con la necesidad de una política de Estado.
Y la ciudadanía no ha estado indiferente ante estos
procesos. Hernán Ramírez de la Confederación de
Pescadores Artesanales de Chile (Conapach) aseguró
que, lo más importante, es informar a la población.
“Necesitamos comunicar a la comunidad el problema que
implican las centrales termoeléctricas a nivel
nacional. Este es un tema que no ha sido difundido
dentro de la ciudadanía y ya hay que empezar a
conversar con las autoridades. Se requiere una
política ambiental, no podemos improvisar a última
hora si carecemos de una política energética a nivel
nacional”, sentenció Ramírez.
La preocupación cunde porque ,según las
organizaciones, la termoelectrización de la matriz no
contribuye a la campaña de conciencia medioambiental
impulsada recientemente por el Ejecutivo, estructurada
en el contexto del calentamiento global y cambio
climático.
El aumento de la carbonización en esta fuente
energética difícilmente hará que Chile abandone el
selecto ranking de países con mayor crecimiento de
emisión de CO2 per cápita.



