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Se suponía que éste
iba a ser un gran año para la tecnología relacionada con
la energía.
2011 iba a marcar la ascensión del coche eléctrico, al
ser el primer año completo de ventas para el Volt de GM
y el Leaf de Nissan, que representan la vanguardia de
los vehículos eléctricos en los planes de los grandes de
la industria automovilística. Pero GM no ha alcanzado
sus expectativas de ventas para el año, debido sin duda
a los altos costes derivados de la carestía de las
baterías. Y la empresa acabó el año 'quemada' cuando la
batería del uno de sus Volt se incendió tras unas
pruebas de seguridad.
Era el año en el que se suponía que las empresas
productoras de biocombustibles avanzados iban a fabricar
950 millones de litros de combustibles a partir de
hierba y madera para cumplir con una ley federal de
Estados Unidos, pero la Agencia Estadounidense de
Protección Medioambiental se vio obligada a renunciar al
cumplimiento de la ley, rebajando el objetivo a apenas
25 millones de litros porque no había ninguna gran
planta de biocombustibles en funcionamiento. Además, el
año ha acabado con la desaparición de una de las
primeras empresas dedicadas a la producción de
biocombustibles avanzados, Range Fuels, que cerró sus
puertas y se vio obligada a subastar sus bienes.
Para 2011 se suponía que debía haber ya células
fotoeléctricas avanzadas, basadas en finas películas del
material semiconductor compuesto por seleniuro de cobre,
indio y galio (CIGS, por sus siglas en inglés),
fabricándose a gran escala. Estas iban a ser casi tan
eficientes como las células solares actuales fabricadas
con silicio, pero mucho más baratas de producir, lo que
convertiría la energía solar en mucho más asequible.
Pero Solyndra, una empresa con sede en Silicon Valley (EE.UU.)
con uno de los diseños de células solares CIGS más
innovadores, se hundió al intentar reducir los costes de
producción. Su quiebra en septiembre condujo al cierre
de su fábrica en Fremont, California (EE.UU.), que se
había construido gracias a la ayuda de un aval federal
por 535 millones de dólares (unos 427 millones de
euros). Este fracaso dominó la atención pública sobre el
tema de las energías alternativas y dio lugar a
investigaciones del Congreso.
En los últimos años parecía que íbamos a asistir a un
renacimiento de la energía nuclear: se recibieron
decenas de solicitudes para nuevas plantas y el Gobierno
ofreció millones en avales para apoyar su construcción.
No solo no se ha materializado este renacimiento en
Estados Unidos en 2011, sino que el terrible desastre de
la planta de Fukushima (Japón) ha desacelerado la
industria aún más.
Y, un año más, el Congreso no ha conseguido aprobar una
ley energética exhaustiva.
Pero también hay buenas noticias.
A pesar de que las células fotoeléctricas ultrafinas
CIGS no han revolucionado la industria solar, los
avances en la fabricación industrial de células solares
y la economía de escala han provocado grandes bajadas en
el precio de los paneles solares convencionales hechos
de silicio, haciendo que la energía solar resulte más
asequible. En 2011 el precio medio para una placa solar
bajó casi un 50% respecto a los precios de 2010, según
cálculos hechos por GTM Research. Hace tan solo tres
años, los paneles solares costaban hasta tres veces más
de lo que cuestan ahora y las innovaciones que se han
introducido este año podrían llevar a bajar los precios
aún más. Una tecnología en concreto, desarrollada en
primera instancia por BP Solar, pero comercializada
primero en China, podría reducir a la mitad el coste de
fabricar silicio cristalino de gran calidad. Otros
avances, como la tecnología Pluto de Suntech, que
combina una serie de innovaciones para producir una
célula fotoeléctrica que bate récords de eficiencia, y
la tinta de silicio de Innovalight, que aumenta la
potencia al mejorar las conexiones eléctricas, están
preparándose para la producción a gran escala y prometen
seguir bajando el coste por vatio de la energía solar.
Aunque Solyndra ha
muerto, otros fabricantes de películas ultrafinas
avanzadas están haciendo progresos, incluyendo el
fabricante de placas solares CIGS Solar Frontier, que
abrió una inmensa planta de 1.000 megavatios en Japón.
Los investigadores siguen haciendo avanzar la tecnología
de la energía solar. Una start-up denominada Alta
Devices, con sede en Santa Clara, en California (EE.UU.),
ha construido células fotoeléctricas que baten récords
partiendo de arseniuro de galio ultrafino.
También hay buenas noticias para los biocombustibles
avanzados. La start-up Amyris ha comenzado a producir
químicos partiendo de caña de azúcar. Tres empresas de
biocombustibles avanzados han iniciado las obras de
construcción de plantas de etanol comerciales en Estados
Unidos y otra, Mascoma, ha anunciado que ha conseguido
toda la financiación necesaria para construir una a
principios del año próximo. Mientras tanto, las start-ups
siguen desarrollando nuevas formas de convertir biomasa
y otras fuentes de materia prima abundantes en
combustibles, entre ellas, algunas capaces de reemplazar
la gasolina o el combustible para aviones.
Por otro lado, aunque en Estados Unidos el progreso en
el campo de la energía nuclear es lento, la nueva
tecnología para pequeños reactores modulares empieza a
coger fuerza.
En el campo de las baterías, estas siguen siendo caras,
pero avances técnicos que aún están en sus primeras
fases de desarrollo podrían cambiar ese hecho. Una
empresa espera eliminar los electrolitos líquidos y gran
parte de su material de relleno. Estos esfuerzos podrían
doblar la capacidad de almacenaje de energía de las
baterías y ampliar enormemente las posibilidades de los
vehículos eléctricos. Otra empresa presentó un prototipo
que puede recortar el coste de las baterías a la mitad.
Algunos avances en las baterías de combustible, que
convierten eficazmente en electricidad la energía
almacenada en combustibles como la gasolina, podrían
contribuir a aumentar la gama de coches eléctricos,
haciendo que sean más prácticos.
Si las nuevas tecnologías de baterías no funcionan,
quizá sí lo haga el modelo desarrollado por Better
Place. La empresa, que ha recibido muchísima atención
por parte de los medios por su idea de vender coches y
kilómetros de la misma forma en que las operadoras de
telefonía móvil venden teléfonos y minutos, por fin ha
construido algo. Tiene casi terminada una red israelí de
estaciones de repostaje y estaciones robotizadas para el
cambio de baterías que eliminarán la 'preocupación por
la autonomía' que limita el atractivo de los coches
eléctricos: el temor a que tu batería se vacíe antes de
llegar al destino. También podría servir para abaratar
los coches eléctricos, ya que los conductores no tendrán
que comprar la batería del vehículo.
En cuanto a la emisión de gases de efecto invernadero,
la mejor noticia siguen siendo el bajo coste del gas
natural, que ha sido posible gracias a los avances en la
tecnología de extracción del mismo de vastos depósitos
de esquistos bituminosos en todo el mundo. No se trata
solamente de que quemar gas natural emite menos dióxido
de carbono que quemar carbón, sino de que las nuevas
plantas de gas podrían ayudar a las eléctricas a
integrar grandes cantidades de energías renovables.
Algunas tecnologías de General Electric, entre otros,
posibilitan el rápido aumento o disminución de la
producción energética en plantas de gas natural
planificadas, compensando las variaciones del viento y
la luz solar.
Así pues, la innovación en las energías continúa. Pero
el impacto de las nuevas tecnologías se verá limitado
por los fracasos políticos en Estados Unidos y en otros
países como China.
© MIT Technology Review
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