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En los últimos tiempos, han aparecido diversos informes sobre el
incremento del riesgo de escasez de energía eléctrica en Brasil.
Aunque la Ministra de Minas y Energía, Dilma Rouseff, ha dedicado
mucho tiempo a desmentir estas evaluaciones, las dudas sobre la
verdadera situación se han instalado.
Aun es vívido el cuadro provocado por la última crisis de en 2001 y
2002, cuando se llegó a un dramático racionamiento del 25% producto
una combinación de mala gestión y poca lluvia, ya que 90 por ciento
de la electricidad es hidráulica. En 2001 se proyectaba un
crecimiento de la economía de 4.5 por ciento, pero el racionamiento
lo redujo y desde entonces ha promediado uno por ciento anualmente.
En
el año 2003 el Gobierno de Brasil otorgó un plan de ayuda financiera
para sanear la situación de las empresas del sector (1.700 millones
de dólares), frente a previsiones de un aumento de la demanda de
energía del 5% en 2004.
Con el anuncio de la inyección de capital el Gobierno de Brasilia
dio entonces el primer paso de un plan general energético que trata
de volver atraer la inversión extranjera y reducir el precio de las
tarifas. Con este proyecto, Lula intenta promulgar un nuevo modelo de
regulación del mercado eléctrico.
Los especialistas consideran que el sector eléctrico requiere 7.300
millones de dólares por año durante la próxima década para equiparar
la demanda prevista. Solamente en obras de generación – según la
consultora brasilera Tendencias- serán necesarios 4.300 millones de
dólares. El gobierno espera proveer la tercera parte de ese monto
pero los diversos grupos privados que podrían aportar el resto no
parecen estar en posibilidad de hacerlo.
El
mayor temor con relación al “nuevo modelo eléctrico” lanzado por
Brasilia cerca de fin de 2004 es si logrará atraer a los inversores.
La tardanza en lanzarlo disminuyó la confianza de los inversionistas, ya muy
débil dada la notoria dificultad para hacer válidos los contratos en
un sistema judicial muy impredecible.
El
Estado ya ha dado señales que participará, también se han
involucrado los fondos de pensión –como Petros y Funcef- que están
organizando un fondo específico para el sector eléctrico de
aproximadamente 350 millones de dólares.
Las tasas de interés se han ido reduciendo y los fondos buscan
diversificar sus inversiones. Funcef, por ejemplo, el fondo de
pensiones de los empleados del banco de ahorro del gobierno Caixa
Economica Federal, está por proveer 25 por ciento de un fondo que
será lanzado por el BNDES, el banco de desarrollo estatal, para una
inversión de por lo menos 600 millones de reales en estaciones que
usan petróleo para generar 3 mil megavatios. También está formando
una compañía con otros fondos de pensiones para comprar equipo de
exploración de petróleo para rentarlo a Petrobrás. La compañía
tendría un capital de unos 180 millones de reales.
El
Banco Interamericano de Desarrollo prepara un fondo para inversión
de infraestructura del Brasil que espera llegar a 500 millones de
dólares, de los cuales el BID pondrá 75 millones de dólares en un
préstamo. El banco quiere atraer parte de la liquidez disponible en
los fondos de pensiones brasileños, permitiendo que diversifiquen
sus carteras, al tiempo que mantengan las metas actuariales. Entre
tanto, GP Investimentos, firma de Sao Paulo especializada en
acciones del sector privado, ha lanzado un fondo de 200 millones de
dólares para infraestructura para captar recursos fuera del país.
La
ley para permitir las inversiones conjuntas con el sector privado
está entrando al Congreso. Ya pasó un comité en el Senado a mediados
de noviembre y debe pasar otro antes de volver a la cámara baja, de
modo que la meta gubernamental de que se votara antes del fin de año
resultó muy optimista.
Con la apertura del mercado en 1997, muchas empresas brasileras y
extranjeras resultaron atraídas por los negocios ofrecidos por uno
de los pocos mercados globales con alto potencial de crecimiento,
los inversionistas aceptaron las condiciones. Estaban AES y Duke, de
Estados Unidos, la española Ibedrola y Tractebel y EDF, de Francia.
Datos emitidos por la Cámara Brasilera de Inversores en Energía
Eléctrica (CBIEE) muestran que más de 10.000 millones de dólares
procedieron de inversores privados desde que ocurrieran las primeras
privatizaciones.
Los inversionistas en electricidad han resentido dos golpes. Primero
la devaluación de la moneda en 1999, lo que afectó fuertemente el
costo del capital en dólares y los ingresos en reales. Luego fue el
racionamiento impuesto en 2001 y 2002 cuando el gobierno forzó a los
usuarios a bajar el consumo en 20 por ciento. Desde entonces el
consumo sólo se ha recuperado lentamente.
Las medidas adoptadas por el Gobierno de Lula da Silva para
contrarrestar los riesgos de una falta de potencia tuvieron la
contrapartida de perjudicar la configuración anterior del sector. A
partir de ahora, los contratos deberán ser de largo plazo (entre 15
y 30 años) mediante licitaciones con precios fijos a cinco años para
el hidroeléctrico o tres para el térmico, garantizando una
remuneración para la inversión. Para los emprendimientos ya
existentes, el plazo de entrega será de un año con licitaciones de
ajuste cada cuatro meses y los contratos tendrán una duración entre
5 y 15 años.
El
Presidente de Brasil y su Secretaria de Energía están convencidos
que con estos cambios el perfil de la inversión en electricidad
sufrirá profundas alteraciones. En el modelo anterior, la energía
era considerada como una commodity, con un mercado spot
bastante volátil y con grandes posibilidades para las maniobras
especulativas y las actitudes agresivas. Este perfil atrajo muchas
empresas interesadas en este tipo de mercado.
Con las alteraciones llevadas a cabo por el Gobierno, el sector de
generación tendrá contratos a largo plazo garantizados, pudiendo
atraer a inversores extranjeros con otro perfil, más moderados. Las
licitaciones en transmisión tendrán asegurada una demanda superior a
la oferta.
Claudio
Sales, presidente del CBIEE
sostiene
los inversores en el nuevo modelo serán los mismos que ya están en
Brasil, como las empresas belgas, americanas, españolas y
portuguesas que se hicieron presente durante la poca de las
privatizaciones. Por esta razón “si el nuevo modelo no remunera
correctamente a esas empresas se complicará el planeamiento del
sector”, explica.
"Nuestra preocupación es si el entorno es suficientemente atractivo"
dijo Claudio Sales, presidente de la Cámara Brasileña de
Inversionistas en Electricidad. "Por lo pronto no lo es."
Los inversionistas potenciales en infraestructura ven señales
contradictorias en el gobierno. Luiz Fernando Castro Santos,
director de proyectos de inversión en el grupo brasileño de
construcción e ingeniería Odebrecht, dice que una ley de concesión
emitida en el gobierno anterior ya provee un marco para la inversión
privada en infraestructura. "El hecho es que nada ha pasado",
insiste. Muchos observadores creen que el gobierno y el ahora
moderado Partido de los Trabajadores mantienen la desconfianza hacia
el sector privado por su origen como organización de izquierda.
Otra preocupación
de Sales se refiere al papel de las estatales en las licitaciones
que generalmente intenta maximizar su participación sin contar con
todos los elementos de una inversión productiva. Sales sostiene que
para lograr un funcionamiento perfecto de un mercado en
concurrencia, las empresas estatales que tienen el 80% del mercado
de generación eléctrica del país, deberían priorizar el lucro y la
remuneración a su accionista. Este punto en consideración a que
éstas tienen un “poder de fuego” demasiado grande y pueden
perjudicar a los oferentes menores.
Otros analistas consideran que electricidad no es la única área en
que el capital es escaso. Los transportistas marítimos de granos
dicen que faltarán 20 millones de toneladas en la capacidad del
sistema de transporte para cargar en los puertos del sur del país
este año. El ministro de Comercio señala que esa capacidad debe ser
creada para transportar 200 millones de toneladas adicionales para
2007.
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