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Las
principales compañías petroleras luchan cada vez con
mayor ahínco para mejorar su posición en materia de
reservas y compiten por alcanzar concesiones que les
permitan acceder a nuevas fuentes de petróleo y gas
natural.
En
apariencia, los tiempos que corren no podrían ser
mejores para la industria petrolera. La demanda sigue
creciendo y presiona sobre el suministro global,
empujando los precios hacia el alza. En general, las
empresas petroleras –aun las que se concentran en
costosos planes exploratorios- todavía cuentan con
bastante dinero efectivo para pagar a sus accionistas.
Realidad Internacional
Pero no
todo es como aparenta la superficie. Más a fondo, las
grandes petroleras saben que están frente a la más dura
prueba de las últimas décadas. Las cinco grandes
compañías -Exxon Mobil, BP, Shell, ChevronTexaco, y
Total están encontrando mayores dificultades para
contabilizar nuevas reservas de petróleo y gas que
permita balancear la caída que provoca la explotación.
Otras, como Shell y
Repsol-YPF ha debido afrontar las consecuencias de un
sinceramiento de sus verdaderos niveles de reserva.
Históricamente, los triunfadores de la industria han
sido compañías petroleras grandes, que han logrado
duplicar el valor de sus acciones en comparación con las
empresas medianas e independientes. Como un grupo, las
cinco compañías principales representan más del 50 por
ciento de la capitalización de mercado de todas las
reservas petroleras negociadas en los mercados, y
durante los últimos 20 años estas corporaciones han
generado ganancias 10 por ciento más elevadas que el
promedio de industria.
Incluso, aunque las compañías petroleras principales
representan sólo el 15 por ciento de la producción
mundial de hidrocarburos, poseen las mayores áreas y la
mayor parte de la infraestructura en las cuencas más
significativas fuera de Oriente Medio. Y gracias a su
liderazgo tecnológico y a su empeño en asumir riesgos,
han logrado conquistar los yacimientos más grandes y
ventajosos.
En la
actualidad, muchos de los yacimientos están
experimentando su declinación y producen menos. Esto es
particularmente válido en Norteamérica y Europa, que
representan el 60 por ciento de la producción realizada
y donde más del 50 por ciento de las reservas ya ha sido
extraído. En esas áreas, los costos de producción siguen
subiendo, y cada nueva inversión para ampliar la vida de
los yacimientos se hace más onerosa.
En el
Mar del Norte, por ejemplo, el costo de extracción medio
para un barril del petróleo se elevó el 42 por ciento
entre 2000 y 2005.
Los
esfuerzos de compañías petroleras para reponer reservas
por medio de la exploración tradicional han sido cada
vez más infructuosos. Los éxitos son menos abundantes y
el tamaño de los descubrimientos se ha reducido. Desde
fines de los años ‘90, cuando varios hallazgos grandes
incrementaron las reservas, el tamaño promedio de nuevos
descubrimientos en todo el mundo ha disminuido a
aproximadamente 22 millones de barriles del petróleo. En
2004, por ejemplo, Shell sustituyó sólo el 15 por ciento
del gas y el petróleo que extrajo.
Acceder
a los grandiosos recursos de Medio Oriente, que detenta
la mitad de las reservas mundiales de petróleo, comenzó
a complicarse a partir de los años 1960 y los años 1970,
cuando los gobiernos comenzaron a nacionalizar los
activos de compañías petroleras. Actualmente, gran parte
de los yacimientos potenciales tanto de petróleo como de
gas están ubicados en países con elevada inestabilidad
política y poca seguridad jurídica, como Nigeria y
Rusia, o en regiones técnicamente riesgosas como el
Ártico y las profundidades oceánicas. Por el lado del
refino, las instalaciones deben ser adaptadas para
procesar crudos pesados, cargados de azufre, lo que
significa realizar inversiones gigantescas y riesgosas.
Mayor
Competencia Global
A ello
hay que agregar la competencia internacional, en todas
las regiones del mundo, para controlar las reservas de
recursos por parte de dos grandes economías como son
China e India.
Tanto
las compañías petroleras estatales grandes, como por
ejemplo la malaya Petroliam así como las pequeñas y
medianas se han hecho de grandes ganancias y ahora
también emplean esa disponibilidad financiera para
adquirir reservas. Agregan competidores a un escenario
caracterizado por pocos recursos. En el pasado,
compañías las compañías petroleras internacionales —con
su tecnología avanzada, no tenían rivales como gerentes
de proyectos complejos y capacidad financiera- eran las
únicas que podían encarar negociaciones con los
gobiernos nacionales en control de recursos energéticos.
Pero ahora, aquellas ventajas de antaño se han
relativizado a medida que los Estados petroleros han
adquirido también grandes capacidades técnicas y
profesionales, reforzando su posición en la mesa de
negociaciones.
Fusiones
En
diciembre, la estadounidense Conoco Phillips compró la
productora de gas Burlington Resources en 35.600
millones de dólares. Chevron adquirió Unocal, empresas
chinas y rusas sellaron acuerdos con países como
Venezuela y Kazakhstán, y hasta el famoso inversor
Warren Buffet, se compró una empresa de energía.
Los
altos precios de la energía y la necesidad de contar con
esos activos podrían hacer que las fusiones superen los
383.000 millones de dólares, el récord tocado en 1999,
según PricewaterhouseCoopers. Esta vez, sin embargo, las
combinaciones se parecerán menos a la fusión de 80.000
millones de dólares de Exxon y Mobil o a la compra de
Amocco por BP en 62.000 millones, uniones que dieron
origen a los conglomerados más grandes del mundo.
Por el
contrario, se espera una catarata de fusiones más
pequeñas pero influyentes. La demanda de energía aumenta
con la rápida industrialización de China e India, en un
momento en que el petróleo y el gas fáciles de extraer
disminuyen. Lo más buscado por los compradores serán las
operaciones que ya estén produciendo
En años recientes,
muchos gobiernos han reducido el papel de compañías
petroleras internacionales y las han gravado con mayores
impuestos y regalías, haciendo estas inversiones menos
atractivas. Una serie muy compleja de modificaciones
legales acompañan estos cambios en zonas ricas en
hidrocarburos. Nuevas nacionalizaciones progresivas se
van produciendo en lugares como Venezuela y Bolivia.
Este
incremento en los niveles de dificultad, pone a las
grandes petroleras frente al desafío de buscar nuevos
yacimientos en áreas complejas y poco accesibles. Más
aún, están frente a la necesidad elaborar una política
para mostrarse como mejores socios para los gobiernos
que controlan los recursos.
La
clave será desarrollar capacidades que les otorguen una
ventaja clara sobre sus rivales. Para ello, los
especialistas consideran que hay cuatro áreas en las que
tendrían sus mejores oportunidades: el desarrollo de
tecnologías exclusivas, suministro de un mercado para
fuentes de energía difíciles de explotar, utilización
comportamiento diplomático para superar los obstáculos
políticos, y un enfoque de colaboración hacia las
necesidades sociales de los países donde hacer los
mayores negocios.
La
conversión de grandes petroleras en gigantes de la
energía comienza a ser la respuesta a muchos
interrogantes. |