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La denominada “guerra
del gas” mostró una estrategia de Vladimir Putin
para replantear el papel de Rusia en el orden mundial.
Un juego de presiones de alto riesgo que amenaza reproducirse
como esquema de poder en muchas regiones del mundo con
grandes reservas, inclusive en América Latina con
Bolivia, Perú y Venezuela.
Desde que EE.UU.
decidió invadir Irak los ojos de los estrategas
comenzaron a concentrarse sobre el gas, al que
consideran el recurso energético que servirá de puente
para esperar la llegada de las nuevas tecnologías,
especialmente del hidrógeno.
Federico Bordonaro,
del centro de pensamiento PINR, con sede en Chicago dijo
hace poco que este conflicto tiene las características
de una fascinante “partida de ajedrez”, en la que el zar
ruso Vladimir Putin ha empezado a exhibir su verdadero
poder geoestratégico mediante el empleo del “arma letal
del gas” y agregó que “Gazprom, el gigante petrolero y gasero ruso, que posee 16 por ciento de las reservas
probadas de gas natural en el mundo y controla 20 por
ciento de su producción global, se convirtió en actor
geoeconómico decisivo”.
Tampoco debe
ignorarse que el conflicto suscitado es justamente con
Ucrania, un país crecientemente seducido por Estados
Unidos y la Unión Europea (UE).
Basta mencionar que,
bajo instigación de Washington, la UE otorgó a Ucrania
el mes pasado el estatuto de “economía de mercado”
provocando la reacción del Kremlin que decidió elevar el
precio del gas vendido a Kiev a la cotización que pagan
los miembros de la UE. Austria, Alemania, Hungría,
Italia y Rumania pagan ya 230 dólares por mil metros
cúbicos, mientras Ucrania desembolsaba únicamente 50
dólares, casi la quinta parte, debido a su añejo
“estatuto especial” -como anterior satélite de Moscú- y
donde atraviesan el 80% de los gasoductos rusos que
alimentan a Europa.
Es natural que la
expansión de la OTAN hacia las anteriores repúblicas
soviéticas sea vista en Moscú como amenaza estratégica
inaceptable, por lo que Rusia no puede asegurar su
seguridad estratégica ni proyectar su poder hacia el mar
Negro y las regiones del centro de Europa, si Ucrania es
un país hostil. De ahí que las razones sean
eminentemente geopolíticas y no de la vulgar economía de
mercado.
La secretaria
norteamericana de Estado, Condoleezza Rice, lanzó duros
ataques contra Rusia por la disputa del gas que mantuvo
con Ucrania, al considerar que “la crisis estuvo
motivada por razones políticas y demuestra que
Rusia no está
preparada para actuar como un proveedor energético
responsable”.
El influyente diario
Le Monde, en su editorial del 3 de enero pasado,
señalaba “Fue declarada la primera guerra del siglo
XXI. (...) Rusia, primer productor mundial de gas, acaba
de apretar el botón del arma energética. (...) Las
materias primas se han convertido en armas no de
disuasión, sino de destrucción (sic) económica masiva.
Una nueva geopolítica se esboza, que coloca en posición
de fuerza a los países productores, como Rusia, lo cual
obliga a las naciones compradoras netas, como China, a
dotarse de una diplomacia de abastecimiento seguro con
África y Medio Oriente”.
La reducción en los
suministros de gas afectó, además de Ucrania, a Francia,
Polonia, Austria, Italia, Gran Bretaña, Eslovaquia,
Croacia y Alemania También sufrieron faltantes Moldavia,
Serbia, Bosnia, Eslovenia y Hungría. En promedio, los
recortes equivalen a un 30% del flujo normal y pusieron
a prueba la solidaridad europea, obligando a algunos
países a evitar la desestabilización provocada por la
escasez mediante la utilización de sus reservas
estratégicas.
Debe notarse que la
decisión de Putin, desatando la crisis y el
desabastecimiento a Europa, se llevó adelante el mismo
día en que asumió la conducción del G-8.
Para muchos
observadores, la principal estrategia de Putin es
demostrar que Rusia reviste el carácter de una
superpotencia en el nuevo orden multipolar, en el que
los rusos, junto a China e India, serían los
principales poderes euroasiáticos. Ni más ni menos que
el “triángulo estratégico” propuesto por el ex primer
ruso Yevgeny Primakov para frenar la expansión de la
OTAN en el este europeo.
Finalmente, bajo el
influjo de la realpolitik la UE intentó encontrar
alguna fórmula que permitiera a Ucrania afrontar los
“precios de mercado” demandados por Moscú. El acuerdo
logrado establece que el suministro de gas natural ruso
a Ucrania se realizará a través de una compañía
energética intermedia con capital europeo.
Rusia venderá el gas
a 230 dólares por cada mil metros cúbicos a la compañía
RosUkrEnergo, que a su vez lo entregará a Ucrania a 95
dólares la misma cantidad, según confirmaron los jefes
de la compañía rusa Gazprom, Alexéi Miller, y la
ucraniana Naftogaz, Alexéi Ivchenko.
El vicepresidente de
Gazprom, Alexander Medvedev, declaró que en este año,
las exportaciones del gas ruso se mantendrán en el nivel
de 2005 y se situarán en 151 mil millones de metros
cúbicos, y agregó que la venta del gas a la compañía
RosUkrEnergo, que lo suministra el combustible Ucrania,
no ocasionará pérdidas financieras a Gazprom.
Medvedev destacó que
“por el contrario, si antes Gazprom suministraba a
Ucrania de 23 a 25 mil millones de metros cúbicos de gas
a un precio de 50 dólares, ahora venderemos a
RosUkrEnergo 17 mil millones de metros cúbicos a un
precio inicial de 230 dólares. Además, el consorcio se
quedará con la mitad de los ingresos que proporcionan a
esta compañía las ventas del gas a Europa”.
El acuerdo prevé
también elevar las tarifas de transporte del gas ruso a
Europa por Ucrania de 1,09 a 1,6 dólares por cada mil
metros cúbicos y a cien kilómetros de distancia, y
establece que los pagos se realizan en efectivo, y no
con carburantes, como hasta ahora.
Según explicaron
expertos de Gazprom, la diferencia entre los precios de
venta del carburante a Ucrania se compensará mediante la
entrega a RosUkrEnergo de gas barato comprado a
Turkmenistán, Uzbekistán y Kazajstán.
Pese a la
contribución realizara por la UE para zanjar esta
crisis, los 25 han aprendido la lección y se han puesto
como prioridad para los próximos meses buscar un sistema
común que garantice la seguridad del suministro,
diversificando las fuentes de abastecimiento, mejorando
la eficiencia energética, apostando más insistentemente
por las energías renovables y convocar a reabrir el
debate sobre el uso de la energía nuclear.
Ya están en estudio
nuevas vías alternativas para la adquisición de gas y
reducir la vulnerabilidad de la UE ante hipotéticas
interrupciones del abastecimiento por parte de un
proveedor.
Se ha mencionado el
proyecto "Nabucco", para el transporte de gas natural
del Mar Caspio y Oriente Medio hacia Europa a través de
Turquía, si bien existen problemas técnicos aun no
resueltos para llevarlo adelante. Otra posibilidad es
importarlo del Norte de África, región que también
cuenta con importantes reservas de gas; asimismo el
potencial del gas licuado (GNL) como sustituto de las
importaciones de gas en tuberías.
En una muestra de la
intranquilidad ocasionada por los planes de seguridad
energética europeos mencionados, la dirección de Gazprom
a efectos de retener los mercados europeos estudia
proponer los gasoductos bielorrusos como alternativa a
los ucranianos. Entre estos proyectos, se encuentra
también la construcción de instalaciones subterráneas de
almacenamiento de gas, a las que se recurriría en caso
de interrupción del suministro desde los yacimientos
rusos. En estos reservorios se acumularían hasta 1.000
millones de metros cúbicos de gas.
Gazprom tuvo en
cuenta la próxima creación de un Estado Unión entre
ambos países y el arriendo de los terrenos del gasoducto
Ramal-Europa, por donde pasa el 50 por ciento del gas
ruso que se exporta a través de territorio bielorruso.
Pese a estos
movimientos estratégicos permanecen varios interrogantes
sin contestar: ¿Qué ocurrirá con el precio del gas a
partir del mes de marzo, cuando se cumplirán muchos
plazos geopolíticos?
Por lo pronto, el
petróleo y el oro se han disparado como signos
premonitorios de los “idus de marzo” y del inminente
cuestionamiento del dolarcentrismo.
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