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"Nuestras
conversaciones con Irán han llegado a un callejón sin
salida", anunció el ministro de Relaciones
Exteriores de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, al
término de un encuentro en Berlín con sus pares Philippe
Douste-Blazy, de Francia, y Jack Straw, de Gran Bretaña,
y con el alto representante de la Unión Europea (UE)
para la Política Exterior y de Seguridad Común, Javier
Solana.
Los cancilleres decidieron pedir formalmente la
intervención del Consejo de Seguridad de la ONU, que
podría adoptar sanciones.
Berlín, Londres y París, que conforman el llamado grupo
UE-3, promovían desde hacía dos años un diálogo con Irán
en busca de acuerdo que despejara las dudas sobre el
plan de desarrollo nuclear de la nación islámica para
asegurar su orientación hacia fines pacíficos
exclusivamente. Estados Unidos acusa a Teherán de no
cumplir sus obligaciones bajo el Tratado de No
Proliferación Nuclear (TNP), de 1970.
Irán había reanudado en agosto las actividades en su
complejo nuclear de la central localidad de Isfahan,
dedicado a la conversión de uranio, el paso previo al
enriquecimiento, y el martes desafió al UE-3 al romper
los sellos colocados por la AIEA en las instalaciones
atómicas de la sureña ciudad de Natanz.
El fracaso en las negociaciones estuvo precedido de dos
hechos en materia de política internacional que actuaron
como condicionantes en la visión de los iraníes,
extremando sus posiciones.
En primer lugar,
la confirmación por parte de Korea del Norte anunciando
la posesión de dos o tres artefactos explosivos nucleares, lo que
abrió un proceso de negociaciones diplomáticas para
intercambiar la decisión de retrotraer la situación de
ese programa a uno exclusivamente civil en lugar de las
consabidas sanciones.
En segundo
lugar, el acuerdo nuclear entre EE.UU. y la India que
muchos consideran un "premio" para una
nación que desarrolló armas nucleares y que sigue
rechazando el TNP.
Israel -sin confirmar- y Pakistán también son potencias
atómicas, y tampoco firmaron el TNP.
Ahora es posible que el Consejo de Seguridad de la ONU
adopte algunas sanciones contra Teherán, repitiendo
parte del drama suscitado en torno a Iraq entre 2000 y
2003, que derivó en la invasión y ocupación por parte de
Estados Unidos.
Sin embargo, hay algunas diferencias entre ambos casos,
por lo que parece muy difícil que las potencias
occidentales adopten la misma postura que tuvieron ante
el gobierno del presidente iraquí Saddam Hussein
(1979-2003).
Las presuntas actividades nucleares de Iraq eran
completamente clandestinas, aunque los inspectores de
Naciones Unidas aseguran que nunca llegaron a disponer de la
capacidad necesaria para fabricar armas de destrucción
masiva, como acusaban Estados Unidos y Gran Bretaña.
En cambio, las actuales actividades de Irán se desarrollan en presencia de
inspectores de Organismo Internacional de Energía
Atómica (O.I.E.A.).
Irán invoca el derecho al acceso del desarrollo
nuclear con finalidades pacíficas bajo el Tratado de No
Proliferación (TNP),
sujeto al régimen de inspecciones sobre su programa de
usinas nucleares, que abarca el ciclo de combustible desde la
extracción de uranio hasta su enriquecimiento.
A diferencia de lo que ocurrió con el régimen de Saddam
Hussein,
Irán cuenta con dos ventajas.
Por una parte, el
apoyo de Rusia, que incluso hace buenos negocios
vendiendo suministros y servicios para la construcción
de un reactor nuclear en la sudoccidental ciudad iraní
de Bushehr. Se prevé que la usina comience a funcionar
este año.
También disfruta de un grado de apoyo y simpatía del
Movimiento de No Alineados y de China. La mayoría de los
miembros de ese movimiento, exceptuando a India
y unos pocos países, se abstuvieron de votar o lo
hicieron en contra de una resolución del OIEA contra Irán,
patrocinada por Estados Unidos, el 24 de septiembre
pasado. Lo mismo hicieron China y Rusia.
Por otra parte, la Unión Europea depende demasiado del
petróleo y el gas de Irán como para llegar al extremo de
imponer sanciones que podrían derivar en represalias
petroleras por parte del régimen de Teherán.
Las disensiones
europeas y los bloqueos en el seno de la ONU y del OIEA
por ahora permitieron a Irán ganar tiempo, mientras que
la nueva situación geopolítica creada por el
atascamiento de Estados Unidos en Irak hizo más
complicado el planteo de un nuevo ataque
militar.
La tentación
militar
Sin
embargo, fueron los iraníes quienes dieron el paso
crítico para derrumbar todas
estas ventajas, precipitando un conflicto de
consecuencias imprevisibles.
La
decisión de Irán de quitar de sus instalaciones de
investigaciones nucleares los sellos colocados por el
Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) en la
planta de Natanz y en dos instalaciones de
almacenamiento y pruebas de energía nuclear, fue
considerada por la
Secretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleezza
Rice, " como uns demostración que Irán ha optado por el enfrentamiento
con la comunidad internacional en lugar de la
cooperación y la negociación".
"Concordamos en que el desafiante reinicio por parte
del régimen iraní de su operación de enriquecimiento de
uranio no le deja a la UE otra opción que solicitar una
reunión de emergencia de la junta de gobernadores del
OIEA. Esa reunión tendría el propósito de informarle al
Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas la falta de
cumplimiento, por parte de Irán, de sus obligaciones de
salvaguardia", agregó.
Añadió Rice que
Irán tiene "un historial de ocultamiento de sus
actividades nucleares y de desafío a los esfuerzos de
vigilancia internacionales, lo que funda, por lo tanto,
la sospecha de que sus ambiciones nucleares no son
pacíficas".
En un reciente
encuentro realizado en Londres los enviados de los EE.UU.,
Gran Bretaña y Francia lograron persuadir de sus pares
de China y Rusia para enviar la "carpeta" iranía al
Consejo de Seguridad de Naciones Unidas con miras a la
adioción de sanciones contra Teherán.
Esta situación impulsa a la línea dura en el Gobierno de los EE.UU. a
plantear el "ataque preventivo" sobre las "instalaciones
sospechosas", del mismo modo que lo hizo Israel con
Irak en el pasado. Los trascendidos indican que fines de
marzo de 2006, cuando se resuelva sobre el informe de
OIEA, será un momento crítico.
Según diversas
fuentes, el director de la Agencia Central de
Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, Porter Goss,
visitó Turquía e informó a otros países de la región
sobre planes estadounidenses de atacar a Irán para lo
que solicitó apoyo político y logístico como respaldo a ataques aéreos contra
objetivos nucleares y militares.
Por su parte, el gobierno de Israel declaró días atrás
que el programa nuclear de Irán "puede ser destruido",
y el líder del partido derechista Likud, Benjamín
Netanyahu, invocó nostálgicamentea modo de ejemplo el
bombardeo al reactor nuclear experimental que
construía el gobierno de Saddam Hussein en la ciudad
iraquí de Osirak.
Vikram Sood, ex
funcionario de inteligencia de India, considera que
habrá
ataques preventivos de Estados Unidos e Israel contra
Irán, incluso con armas atómicas.
"Un ataque convencional sobre Irán sería caro y no
suficientemente redituable. Permitiría una represalia
iraní. Por eso, Estados Unidos podría usar armas
nucleares tácticas de baja intensidad contra las
instalaciones subterráneas de Irán", señaló.
El presidente de
Irán, Mahmud Admadineyad, advirtió que "la era de la
retórica de la hegemonía y la fuerza es cosa del pasado".
Observó que "ve con estupefacción como varios países,
que poseen armas nucleares y químicas en sus arsenales,
le piden cuentas a Irán".
Irán lanzó una
nueva advertencia sobre la posible crisis petrolera
mundial que podría provocar si se le aplican sanciones
por su controvertido programa nuclear. "En caso de
sanciones, otros países podrían sufrir, al igual que
Irán", declaró el ministro iraní del Petróleo, Davud
Danesh-Jafari, citado por la agencia oficial de Teherán
IRNA.
"Una de las consecuencias será el desencadenamiento
de una crisis en el sector petrolero y, especialmente,
un aumento del precio" del crudo", agregó Jafari.
Teherán ha
reforzado sus defensas aérea a través de la adquisición
de sistemas antimisiles rusos 29 Tor M-1. En octubre
pasado,
con la colaboración de Moscú, un cohete ruso colocó en
órbita un satélite espía iraní que es el primero de una serie
-el Sinah- que pretende establecer una red satelital de
alerta temprana de un eventual ataque. Además, a fines del mes
pasado, Rusia firmó un contrato por 1.000 millones de
dólares para vender a Irán un sistema de defensa
avanzado que puede destruir misiles teledirigidos y
bombas guiadas por láser, según dice el Sunday Times.
Ambas partes
siguen tirando de una cuerda que ya alcanzó el máximo se
su tensión. Antes de dar otro paso, deberían reflexionar
sobre lo que hay en juego.
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