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La historia cuenta que tanto en 1812 como en 1941 el
"general invierno" derrotó a dos poderosos ejércitos. Este
"general", con su implacable ciclo de inclemencias
y rigores, derrumbó así
los sueños políticos de dos imperios, convirtiendo a las numerosas y
aguerridas tropas de ambos en un diezmado grupo de desesperados en
fuga.
Ésta, aunque conocida, es sólo
una parte de la historia. Ya que la causa de la derrota de ambos
ejércitos radicó en su falta de previsión, su equipamiento
inadecuado y las demoras en que incurrieron sus líderes para adoptar
las decisiones que permitieran evitar el desastre y la derrota
final.
En Argentina, desde el
año pasado, este díscolo "general" juega también su rol en
materia energética. Muchas veces a favor del deseo mayoritario, ya
que su potencia se encuentra debilitada debido a la naturaleza del
cambio climático.
Pero cuando esporádicamente
hace su aparición, con sus bajas temperaturas, nos hace notar
palmariamente que, como las tropas de 1812 y 1941, no estamos
preparados, ni equipados para esa contingencia. Más aún, nos hace
tomar en cuenta que hemos dejado pasar muchas oportunidades de
adoptar decisiones inteligentes y necesarias.
Así, en los últimos días,
todas las distribuidoras de gas procedieron a
cortar el suministro a los grandes usuarios que tienen contratado el
"servicio interrumpible". Los cortes parciales se extendieron a
las principales ciudades del país y afectaron a varias estaciones de
GNC del interior. En el Gran Buenos Aires, las estaciones
que tienen contratos interrumpibles reciben por
día sólo 5.000 metros cúbicos por una resolución del Enargas que
impidió transitoriamente los cortes. En tanto, las industrias con
contratos firmes sólo reciben los volúmenes que tienen asignados,
sin poder acceder a los excedentes de gas que venían consumiendo en
los últimos meses. Los únicos que están a salvo son los usuarios
residenciales que se quejan por la calidad
del fluido y a los cuales las normas
prohíben cortarle el suministro.
El
Defensor del Pueblo de la Nación, Eduardo Mondino
exigió al Gobierno que
declare la "emergencia energética" para poder asegurar el
abastecimiento interno de gas.
No hay duda que los problemas estructurales del
sector energético se reavivarán ante
las bajas temperaturas que se esperan para las próximas semanas,
cuando hayamos entrado en pleno invierno.
Hemos puntualizado, en nuestra
anterior editorial, que se han dado algunos pasos positivos para
estimular al sector petrolero, se ha mejorado en 700 MW la capacidad
de transporte eléctrico y
se están cerrando
acuerdos con algunas
empresas privatizadas -algunas de gran
magnitud-.
Sin embargo, estas correcciones se hacen
con cláusula de "acción
retardada", para aplicar
a fin de año,
después de las elecciones. Como si la
diferencia de meses fuera una cuestión crucial
para el Estado.
El esfuerzo principal del
Gobierno -emulando a los líderes de los dos ejércitos derrotados de
1812 y 1941- sigue concentrado en otras esferas, como por ejemplo,
la disputa por la ocupación de espacios políticos en la Provincia de
Buenos Aires.
El problema, en todo caso, no es
político sino macroeconómico: si
las
inversiones en infraestructura
no comienzan de inmediato, especialmente
en esta área
energética, el crecimiento futuro
del país se verá condicionado
con serias restricciones a partir de 2006.
La escasez tiene un alto costo
económico y aunque se hayan congelado las tarifas domiciliarias y se
respete el suministro residencial, también tiene un costo social. La
pérdida de horas trabajadas afecta a los trabajadores y el
encarecimiento de la producción puede trasladarse a los precios y
reducir el nivel de vida.
Debemos recordar que los
principales operadores proyectan situaciones más complejas aun en el
mediano y largo plazo. Todos estiman que continuará la caída en la
producción de petróleo hasta 2009, una baja que comenzó hace siete
años junto a un descenso sostenido de las reservas de hidrocarburos.
Muchas de las obras clave
siguen esperando, a esta altura del año, un esquema viable que
permita retomar los trabajos hasta conclusión y puesta en marcha.
Las dificultades de los
proyectos de importación de gas desde Bolivia quizá puedan
compensarse parcialmente con el anillo energético desde Perú, pero a
un costo muy superior. Los combustibles líquidos importados correrán
paralelos al valor del barril de petróleo crudo.
Otros componentes de una
política energética (por ejemplo en materia de exploración, uso de
fuentes renovables y alternativas, coordinación de los sistemas de
ahorro, introducción de normas para la eficiencia energética, etc.)
están prácticamente hibernados, en el contexto de un aislamiento
argentino respecto de la realidad mundial.
Sin una verdadera política de
Estado, que tenga por objetivo recuperar el autoabastecimiento
energético que teníamos, todos los paliativos que se empleen para
tapar el efecto, serán más y más onerosos, tanto por vía del costo
de decisiones de inversión demoradas como por medio de inflación.
Nuestros dirigentes políticos
deben comprender y superar los límites de nuestra propia confusión,
que impiden liberar las fuerzas de progreso contenidas en la
sociedad argentina. La imagen de tapa (El Chocón) nos muestra que
esas mismas fuerzas son las que hicieron posible las grandes
realizaciones del pasado.
La política internacional ha
convertido a la energía en la "joya" de la agenda de las
grandes potencias, que pugnan por asegurarse su disponibilidad y
control, sabiendo que en un futuro no muy lejano destruirá muchos
más sueños de grandeza que el "general invierno" en el
pasado.
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