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Desde hace algún
tiempo están surgiendo en diversos foros internacionales
nuevos conceptos y una serie de iniciativas para
promover la autonomía de la Unión Europea en los asuntos
mundiales. Entre estos sobresale la idea del desarrollo
de la "Soberanía Tecnológica" y la propuesta de
constituir una Agencia de Inteligencia Económica
Europea, una red de centros dedicados a la investigación
y desarrollo para tecnologías estratégicas o sensitivas
y un replanteo del rol del Euro, sustituyendo al dólar
estadounidense como moneda para el intercambio de
materias primas, especialmente el petróleo.
Estas propuestas
surgen también de la percepción de muchos dirigentes
europeos acerca de cierto retraso técnico frente a los
desarrollos estadounidenses y asiáticos.
Estas propuestas
son consideradas como la "piedra angular" de la
construcción europea, ante las graves dudas que ha
generado la imposibilidad de imponer el proyecto de
Tratado Constitucional.
Según la interpretación difundida por Jean-Claude
Empereur, Vicepresidente delegado de PanEurope
Francia, una "Europa soberana a nivel científico y
tecnológico no se construirá contra otras potencias,
sino que se dotará de los medios necesarios para un
desarrollo autónomo, capaz de hacer frente a las enormes
presiones competitivas que caracterizarán en el futuro
al mundo globalizado".
Un aspecto saliente del plan es el desarrollo de una
inteligencia global de su territorio, una ideología
espacial, Esto quiere decir que Europa debería
transformar su política de comunicación y transporte,
dotarse de una política de desarrollo de grandes
vínculos transcontinentales, particularmente
ferroviarios y aéreos. Se trata de reciclar el viejo
concepto de Redes Transeuropeas lanzado por Jacques
Delors y dejado de lado en la última década. El enfoque
europeo es indispensable para completar las
Asimismo, se propone la unificación del esfuerzo
tecnológico europeo para el desarrollo de los vehículos
que emplean biocombustibles y energías mixtas.
En la
interpretación de los pan-europeistas, no se
prevén faltantes de hidrocarburos para los próximos 25
años, excepto que surjan conflictos entre Estados
productores y distribuidores. Pero los costos de este
suministro no están en ningún modo garantizados razón
por la cual proponen una política de uso eficiente y
ahorro de energía, además del empleo más intenso de las
energías alternativas. Esta estrategia podría conducir
al cumplimiento de las normas de emisiones de CO2 que se
derivan como obligaciones del protocolo de Kyoto.
Los franceses proponen aprovechar más ampliamente el
recurso que representa la energía nuclear, incluso
observando sus posibilidades la exportación de la
tecnología de las centrales de cuarta generación, y más
adelante a 50 años mediante la energía de fusión.
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