Publicación mensual de la Fundación "Consejo para el Proyecto Argentino"   Año XXII

31 de Mayo de 2005   

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INFORME ESPECIAL

Los desafíos nucleares argentinos

 

Por Carlos José Aga

Director de Gabinete On Line

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Un nuevo 31 de Mayo enmarca un aniversario de la creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica. A diferencia de años anteriores, caracterizados por el letargo y la paralización de los emprendimientos nucleares, este aniversario encuentra a la actividad nuclear con esperanzas acerca de los anuncios oficiales sobre la decisión política de finalizar las obras de la Central Nuclear Atucha II.

Después de una parálisis tan prolongada, el desafío es gigantesco y para cumplirlo adecuadamente habría de actualizar el debate acerca del rol de la energía nuclear en la Argentina y la región.

Los largos años de letargo, en realidad son años de retroceso. Durante ese período hemos desmantelado prácticamente la mayor parte de nuestra destacada industria nuclear y su reconstrucción -aunque más no sea parcial respecto de lo que habíamos logrado- es un requisito necesario para poder llevar adelante el ambicioso plan de finalizar una central nuclear.

Para que ello sea posible las estructuras deberían replantearse, ya que no es lo mismo la cadencia del letargo y conservación de los elementos, que la actividad febril de la construcción y renovación.

Mientras convocábamos a los distintos actores que están a cargo del sector desde estructuras estatales y a los principales líderes de las industrias vinculadas no dejamos de percibir que, a pesar de los anuncios oficiales, existe un gran desaliento frente al desafío planteado manifestado a través de un desgano para participar del debate convocado.

También hay, como siempre, gente de gran visión de futuro y entusiasmo por estas realizaciones que, ante nuestra convocatoria, aportó de inmediato sus mejores ideas y a quienes brindamos nuestro mayor reconocimiento porque, con personas de esta calidad, un día podremos reconstruir nuestro potencial y proyectarnos al futuro.

Hay quienes -tal vez pensando en realizar un aporte más elaborado- solicitaron más tiempo para la entrega de sus puntos de vista y consideraciones. Los esperaremos y en los próximos números se publicarán estos trabajos.

Al resto, que a veces mira más su posición personal  antes que la del sector al que se deben, y que nada respondieron ante nuestra solicitud, los disculpamos mientras seguimos adelante con nuestro trabajo.

La finalización de Atucha II tiene que solucionar aún  el tema de quién será responsable por su terminación, la recuperación de los recursos humanos calificados y la garantía de financiamiento. Estos temas tienen abiertas muchas opciones, incluso la posibilidad que deba ser nuestro propio esfuerzo nacional el que se ponga en juego para terminar la planta.

Sin embargo, la solución a este dilema cambiaría de enfoque político si consideramos que  Atucha II debería ser sólo un hito en el camino del desarrollo nuclear argentino.

El Gobierno debería considerar que la política nuclear es una cuestión de Estado, profundamente estratégica para la viabilidad futura del país ya que nuestro recursos energéticos no están asegurados en modo alguno y sólo Dios sabe qué resultado tendrán los interesantes lanzamientos en materia de exploración de gas y petróleo que se realizaron recientemente.

Sentado este punto, lanzar un programa de usinas nucleares a futuro sería una buena señal para los profesionales que han emigrado del sector y que ahora son invitados a regresar. Lo mismo un horizonte creíble para restaurar nuestra industria nuclear.

Argentina no está sola, ya que aún le quedan socios internacionales con los que estamos vinculados tecnológicamente como es el caso de AECL, para determinados modelos de los reactores Candu. Habría que explorar, en caso de no lograrse un entendimiento con los sucesores de la empresa alemana responsable del diseño de Atucha II (KWU) qué asistencia se podría lograr para una eventual concreción el proyecto por cuenta propia.

Hay también tareas de actualización y extensión de vida útil que son imprescindibles en Atucha I y Embalse que nos podrían asegurar una dosis importante de suficiencia energética por muchos años más.

El precio de los hidrocarburos y las alteraciones políticas e institucionales en torno al gas regional, determinan que el debate de introducir usinas nucleares se haya diseminado también en varios países limítrofes que podrían asociarse a los esfuerzos argentinos e iniciar su propia era nucleoeléctrica. Los casos que mencionaremos ya están estudiando esta alternativa: Chile, Uruguay y Venezuela. Esta lista no desmerece la oportunidad de establecer una sinergia positiva con Brasil, que se maneja con otro tipo de reactor, y que tiene algunos proyectos muy diferentes de los nuestros, por ejemplo el submarino de propulsión nuclear que están construyendo.

Con esta base, podríamos volver a soñar en tener una presencia en los nuevos desarrollos tanto del plano energético como de las otras aplicaciones y de la ciencia básica que las sustenta.

En este nueva oportunidad histórica también podríamos -deberíamos- evitar repetir los errores del pasado que nos condujeron hasta esta situación.

Si por el contrario, nuestra filosofía se reduce a un plan nuclear "de bolsillo", sólo basado en lo que le falta a Atucha II para ponerla en marcha, corremos el peligro que la decadencia de la que pretendemos salir se convierta en el espejo en el que nos miraremos hasta el fin.


 

            Fundación "Consejo para el Proyecto Argentino