|
Un nuevo 31 de Mayo enmarca un
aniversario de la creación de la Comisión Nacional de Energía
Atómica. A diferencia de años anteriores, caracterizados por el
letargo y la paralización de los emprendimientos nucleares, este
aniversario encuentra a la actividad nuclear con esperanzas acerca
de los anuncios oficiales sobre la decisión política de finalizar
las obras de la Central Nuclear Atucha II.
Después de una parálisis tan
prolongada, el desafío es gigantesco y para cumplirlo adecuadamente
habría de actualizar el debate acerca del rol de la energía nuclear
en la Argentina y la región.
Los largos años de letargo, en
realidad son años de retroceso. Durante ese período hemos
desmantelado prácticamente la mayor parte de nuestra destacada
industria nuclear y su reconstrucción -aunque más no sea parcial
respecto de lo que habíamos logrado- es un requisito necesario para
poder llevar adelante el ambicioso plan de finalizar una central
nuclear.
Para que ello sea posible las
estructuras deberían replantearse, ya que no es lo mismo la cadencia
del letargo y conservación de los elementos, que la actividad febril
de la construcción y renovación.
Mientras convocábamos a los
distintos actores que están a cargo del sector desde estructuras
estatales y a los principales líderes de las industrias vinculadas
no dejamos de percibir que, a pesar de los anuncios oficiales,
existe un gran desaliento frente al desafío planteado manifestado a
través de un desgano para participar del debate convocado.
También hay, como siempre,
gente de gran visión de futuro y entusiasmo por estas realizaciones
que, ante nuestra convocatoria, aportó de inmediato sus mejores
ideas y a quienes brindamos nuestro mayor reconocimiento porque, con
personas de esta calidad, un día podremos reconstruir nuestro
potencial y proyectarnos al futuro.
Hay quienes -tal vez pensando
en realizar un aporte más elaborado- solicitaron más tiempo para la
entrega de sus puntos de vista y consideraciones. Los esperaremos y
en los próximos números se publicarán estos trabajos.
Al resto, que a veces mira más
su posición personal antes que la del sector al que se deben,
y que nada respondieron ante nuestra solicitud, los disculpamos
mientras seguimos adelante con nuestro trabajo.
La finalización de Atucha II
tiene que solucionar aún el tema de quién será responsable por
su terminación, la recuperación de los recursos humanos calificados
y la garantía de financiamiento. Estos temas tienen abiertas muchas
opciones, incluso la posibilidad que deba ser nuestro propio
esfuerzo nacional el que se ponga en juego para terminar la planta.
Sin embargo, la solución a este dilema
cambiaría de enfoque político si consideramos que Atucha II
debería ser sólo un hito
en el camino del desarrollo nuclear argentino.
El Gobierno debería considerar
que la política nuclear es una cuestión de Estado, profundamente
estratégica para la viabilidad futura del país ya que nuestro
recursos energéticos no están asegurados en modo alguno y sólo Dios
sabe qué resultado tendrán los interesantes lanzamientos en materia
de exploración de gas y petróleo que se realizaron recientemente.
Sentado este punto, lanzar un
programa de usinas nucleares a futuro sería una buena señal para los
profesionales que han emigrado del sector y que ahora son invitados
a regresar. Lo mismo un horizonte creíble para restaurar nuestra
industria nuclear.
Argentina no está sola, ya que
aún le quedan socios internacionales con los que estamos vinculados
tecnológicamente como es el caso de AECL, para determinados modelos
de los reactores Candu. Habría que explorar, en caso de no lograrse
un entendimiento con los sucesores de la empresa alemana responsable
del diseño de Atucha II (KWU) qué asistencia se podría lograr para
una eventual concreción el proyecto por cuenta propia.
Hay también tareas de
actualización y extensión de vida útil que son imprescindibles en
Atucha I y Embalse que nos podrían asegurar una dosis importante de
suficiencia energética por muchos años más.
El precio de los hidrocarburos
y las alteraciones políticas e institucionales en torno al gas
regional, determinan que el debate de introducir usinas nucleares se
haya diseminado también en varios países limítrofes que podrían
asociarse a los esfuerzos argentinos e iniciar su propia era
nucleoeléctrica. Los casos que mencionaremos ya están estudiando
esta alternativa: Chile, Uruguay y Venezuela. Esta lista no
desmerece la oportunidad de establecer una sinergia positiva con
Brasil, que se maneja con otro tipo de reactor, y que tiene algunos
proyectos muy diferentes de los nuestros, por ejemplo el submarino
de propulsión nuclear que están construyendo.
Con esta base, podríamos volver
a soñar en tener una presencia en los nuevos desarrollos tanto del
plano energético como de las otras aplicaciones y de la ciencia
básica que las sustenta.
En este nueva oportunidad
histórica también podríamos -deberíamos- evitar repetir los errores del pasado
que nos condujeron hasta esta situación.
Si por el contrario, nuestra
filosofía se reduce a un plan nuclear "de bolsillo", sólo
basado en lo que le falta a Atucha II para ponerla en marcha,
corremos el peligro que la decadencia de la que pretendemos salir se
convierta en el espejo en el que nos miraremos hasta el fin.
|