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Tenemos el agrado de ofrecer nuestra visión
respecto a la industria nuclear.
1) Evaluación de la situación actual de la
energía atómica en Argentina.
Es de destacar: la excelente performance operativa de la CNEA; el
interés de INVAP por participar en el tema nuclear; la ingeniería e
instalaciones que desarrolló IMPSA para la construcción de los
grandes componentes; la planta de agua pesada; otros importantes
desarrollos de industrias complementarias, etc.
A su vez será necesario reactivar y actualizar muchos aspectos que
quedaron adormecidos debido al receso de la actividad. Será
fundamental capacitar a una nueva generación que nos permita hacer
sustentable el desarrollo de la energía nuclear que será
imprescindible para satisfacer la matriz energética no más allá del
año 2015.
2) Importancia de la nucleoelectricidad en
la matriz energética argentina.
Durante los ´90 la matriz energética argentina enfatizó la
utilización del gas natural basados en algunas premisas erróneas
como: había abundante gas natural; Bolivia nos exportaría el gas en
la cantidad y precio que deseáramos; las centrales a gas natural se
construyen rápido como fue en los ´90, aunque no es más así; la
combustión del gas natural tiene igual prioridad que otros usos del
mismo, cuando es visible que el uso residencial, industrial, e
inclusive GNC es más prioritario y que el uso petroquímico provee
mucho más valor agregado.
Si la economía continúa expandiéndose como la mayoría de los
pronósticos coinciden en apuntar, la demanda de energía eléctrica
crecerá a un ritmo similar. Es recomendable la planificación del
sistema para asegurar que ante un diverso espectro de escenarios de
crecimiento económico, demanda, hidraulicidad, condiciones
climáticas, disponibilidad de combustibles y disponibilidad del
parque de generación se cuente con un suministro de energía
eléctrica adecuado de modo que la falta de electricidad o su precio
excesivo no se conviertan en un escollo para el crecimiento
económico.
Por ello se requiere: modificar la matriz eléctrica de modo de que
el sistema sea sustentable en el largo plazo; disminuir la
dependencia de los combustibles fósiles fortaleciendo las
inversiones en energías renovables y generación nuclear; propiciar
un plan de ampliaciones y modernizaciones de las plantas
hidroeléctricas para evitar su obsolescencia y aprovechar mejor el
recurso existente; llevar a cabo un plan de desarrollo de proyectos
hidroeléctricos y eólicos; aumentar la disponibilidad de gas en el
corto plazo y fomentar la exploración de cuencas inexplotadas;
reservar la utilización del gas para el uso domiciliario e
industrial que es donde es más difícil concebir un reemplazo
eficiente e interconectar en forma completa el país para permitir un
servicio eléctrico de alta calidad que alcance a todos los
habitantes.
Existen recursos hidroeléctricos y eólicos en el país, capaces de
proveer unos 40.000 gwh/año sustentables en los próximos 10 años que
junto a la terminación de Atucha II podrían equilibrar la matriz
energética. Luego de ello debemos pensar en energía nuclear como una
forma de inserción masiva de energía.
3) Qué efectos debería tener (o tiene) el
reinicio de los trabajos en Atucha II sobre el conjunto de las
actividades nucleares.
Un efecto obvio es la contribución de más de 5.000 gwh/año, y otro
es la reactivación de la actividad de ingeniería, construcción,
fabricación, montajes que involucra recursos humanos de todo el
espectro, pero particularmente de todas las disciplinas tecnológicas
que alguna vez la Argentina preparó.
4) La reconstrucción de la industria
nuclear.
Potenciar las fuentes energéticas antedichas tiene ventajas que no
deberían soslayarse como: motorizar el crecimiento sin aumentar las
emisiones que contribuyen al efecto invernadero; evitar la
importación de combustibles fósiles que supone un gran drenaje de
divisas para el país; alentar el desarrollo regional ya que las
centrales térmicas son importadas casi en su totalidad, mientras que
nuestro país cuenta con la tecnología para construir y equipar
aprovechamientos hidroeléctricos, granjas eólicas y centrales
nucleares.
La Argentina debería terminar Atucha II maximizando el uso de los
recursos humanos y tecnológicos nacionales que preparó en el pasado.
En ese sentido el liderazgo de la CNEA, INVAP e IMPSA debería estar
en condiciones de ponerla en marcha, para luego estar preparados
para hacer las futuras centrales nucleares que definitivamente
necesitará la Argentina hacia el 2015. Estará entonces también en
condiciones de exportar este tipo de tecnología que el mundo
necesitará.
5) Existencia –o no- de un mercado externo
para las capacidades nucleares argentinas. La relación con Brasil.
Si el mercado externo existirá. Muchos países tienen déficit
energético, y muchos carecen de otras fuentes de energía capaces de
acompañar a su demanda.
6) Evaluación de la necesidad de usinas
nucleares más allá de Atucha II. Conveniencia o no de contar con un
Plan Nuclear.
Si se hubiera cumplido el plan nuclear de los ´70, el que exponía el
Dr. Castro Madero, Argentina tendría unas 5 o 6 centrales nucleares
nuevas que totalizarían del orden de los 30.000 gwh/año, no
padecería los problemas actuales, podría utilizar el gas natural
para los usos más prioritarios y podría planificar sin apremios el
desarrollo y construcción de las otras fuentes renovables como la
hidroeléctrica y la eólica.
Una vez que se haga: Corpus, Alto Uruguay (Garabí y otros), el
desarrollo del río Santa Cruz, otros proyectos hidroeléctricos y
parte del potencial eólico, y si la situación del gas natural
permanece con el escaso nivel de disponibilidad actual, será
fundamental que para generar energía eléctrica en forma masiva
Argentina considere a la energía nuclear como la fuente de energía
que debe desarrollar con plena atención.
En las condiciones señaladas resulta elemental que hoy mismo se
elaborarse el plan nuclear.
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