|
El General
Enrique Mosconi fue un gran visionario. Estábamos en los
finales de la "era del carbón", cuando supo
adelantarse a su tiempo al percibir con claridad la
importancia del petróleo "como instrumento de la
emancipación política y herramienta de la prosperidad en
tiempos de paz". Por entonces, el combustible
líquido pesado y liviano que se consumía en el país era
importado y se compraba a la West India Oil Co.
Mosconi estaba
preocupado porque, en caso que -por cualquier motivo- se
cortasen las rutas marítimas de aprovisionamiento,
rápidamente se paralizarían todas las actividades,
incluyendo las relativas a la defensa nacional.
Por su elevado
precio, además de la sangría que representaba para el
Tesoro Nacional, el combustible importado era un "cepo"
que impedía el surgimiento de la industria en el país.
Por esta razón, este ilustre argentino dedicó su vida a
desarrollar los mecanismos económicos e institucionales
para que nuestro país pudiera contar con su propia
producción de energía sin depender del extranjero.
El proceso
abierto tesoneramente por Mosconi tuvo su coronación
cuarenta años después, cuando finalmente derrotamos a la
importación de insumos energéticos, logrando el
autoabastecimiento en 1962 durante la presidencia del
Dr. Arturo Frondizi.
Pasarían otros
30 años para que Argentina rompiera otra barrera, y
comenzaran las exportaciones de petróleo, gas y
electricidad.
La realidad es la
única verdad
Sin embargo, a
partir del año 2004 todo este esfuerzo ha comenzado a
desvanecerse. Empezamos nuevamente a importar energía. Y
lo hacemos regularmente y en forma creciente.
Esta situación
es particularmente compleja dada nuestra actual matriz
energética, que está muy concentrada en los
hidrocarburos (85%).
Por el momento,
todo funciona sin una política energética, en base a una
programación casi cotidiana, tratando de minimizar
insuficiencias, sobre la base de una infraestructura
presionada al límite por un consumo que crece
constantemente.
Esta manera de
administrar el sistema, si bien permite sobrellevar la
situación, nos cuesta -y nos costará- cada vez más
debido a la necesidad de importar crecientes cantidades
de combustibles y electricidad.
Las compras
energéticas al exterior en 2006 serán el doble que las
de 2005 que, a su vez, fueron 60% mayores que las de
2004. Y seguramente estableceremos una nueva marca el
año próximo. Los expertos calculan que para el año 2008,
los costos de estas importaciones combinadas podrían
resultar equivalentes al monto que -antes del default
y la refinanciación forzada- pagábamos anualmente en
concepto intereses por la deuda externa.
A pesar de todo,
ya se notan faltantes de energía en muchas zonas del
país afectando el normal abastecimiento de gas, de
electricidad y también de combustibles líquidos como el
gasoil.
A este paso,
antes de 2008 -bajo ciertas condiciones climáticas- las
restricciones energéticas ejercerán un freno sobre la
tasa de crecimiento económico, repercutiendo sobre el
empleo y los niveles de pobreza.
Sin una
contrapartida en descubrimientos de nuevas reservas y/o
grandes modificaciones en la matriz energética que no
están siquiera programadas, nos enfrentaremos en el
futuro a varios y complicados dilemas de carácter
político, económico y social.
¿Qué pensaría
Mosconi si supiera que existe un escenario elaborado por
diversos especialistas que nos muestra que Argentina
podría quedar sin petróleo dentro de cuatro o cinco años
y sin gas después de 2012?. ¿Se dedicaría a racionar el
consumo aplicando normas como el PURE?. ¿Compraría
ingentes cantidades de petróleo para acumularlo en
reservorios?. ¿Trataría de buscar dónde comprar
combustibles líquidos, de importar gas y electricidad?.
¿Contendría "sine die" artificialmente todas las
variables económicas de la actividad?. ¿Repartiría
subsidios?.¿Volvería a la era del carbón?.
Conociendo la
trayectoria de este visionario no es difícil imaginar
que Mosconi nunca haría esas cosas.
Por el
contrario, trataría de producir más energía en el país.
Intentaría crear las condiciones para una inversión
energética sin precedentes, tanto pública como privada.
Seguramente se interesaría por los métodos más
avanzados, incorporaría nuevas tecnologías y se
maravillaría con los avances de la nuclear, la
hidroeléctrica, la eólica, la solar y el hidrógeno. Sus
esfuerzos se concentrarían -como en 1922- en el enorme
potencial que disponemos y tenemos completamente
inexplorado.
En definitiva,
Mosconi miraría el futuro. Pensaría a mediano y largo
plazo. No se dejaría presionar por las urgencias
políticas menores ni arrastrar por subalternos intereses
de grupo. Buscaría una Argentina grande y próspera y no
un pequeño feudo cargado de desigualdad e injusticia.
Hoy mas que
nunca se requiere una moderna visión estratégica que nos
permita anticipar el futuro para garantizar la seguridad
energética del país.
Por olvidar las
enseñanzas que nos legaron hombres como Enrique Mosconi
ya hemos vivido la dura experiencia en dos
oportunidades, la primera durante el Gobierno del Dr.
Raúl Alfonsín y la segunda, en la primera etapa de Ménem.
Y nos queda poco tiempo para evitar la tercera crisis.
|