Publicación mensual de la Fundación "Consejo para el Proyecto Argentino"              Año XXIII

 1 de junio de 2006   

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EDITORIAL

¿QUÉ PENSARÍA MOSCONI?

Por Carlos José Aga

Director

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El General Enrique Mosconi fue un gran visionario. Estábamos en los finales de la "era del carbón", cuando supo adelantarse a su tiempo al percibir con claridad la importancia del petróleo "como instrumento de la emancipación política y herramienta de la prosperidad en tiempos de paz". Por entonces, el combustible líquido pesado y liviano que se consumía en el país era importado y se compraba a la West India Oil Co.

Mosconi estaba preocupado porque, en caso que -por cualquier motivo- se cortasen las rutas marítimas de aprovisionamiento, rápidamente se paralizarían todas las actividades, incluyendo las relativas a la defensa nacional.

Por su elevado precio, además de la sangría que representaba para el Tesoro Nacional, el combustible importado era un "cepo" que impedía el surgimiento de la industria en el país. Por esta razón, este ilustre argentino dedicó su vida a desarrollar los mecanismos económicos e institucionales para que nuestro país pudiera contar con su propia producción de energía sin depender del extranjero.

El proceso abierto tesoneramente por Mosconi tuvo su coronación cuarenta años después, cuando finalmente derrotamos a la importación de insumos energéticos, logrando el autoabastecimiento en 1962 durante la presidencia del Dr. Arturo Frondizi.

Pasarían otros 30 años para que Argentina rompiera otra barrera, y comenzaran las exportaciones de petróleo, gas y electricidad.

La realidad es la única verdad

Sin embargo, a partir del año 2004 todo este esfuerzo ha comenzado a desvanecerse. Empezamos nuevamente a importar energía. Y lo hacemos regularmente y en forma creciente.

Esta situación es particularmente compleja dada nuestra actual matriz energética, que está muy concentrada en los hidrocarburos (85%).

Por el momento, todo funciona sin una política energética, en base a una programación casi cotidiana, tratando de minimizar insuficiencias, sobre la base de una infraestructura presionada al límite por un consumo que crece constantemente.

Esta manera de administrar el sistema, si bien permite sobrellevar la situación, nos cuesta -y nos costará- cada vez más debido a la necesidad de importar crecientes cantidades de combustibles y electricidad.

Las compras energéticas al exterior en 2006 serán el doble que las de 2005 que, a su vez, fueron 60% mayores que las de 2004. Y seguramente estableceremos una nueva marca el año próximo. Los expertos calculan que para el año 2008, los costos de estas importaciones combinadas podrían resultar equivalentes al monto que -antes del default y la refinanciación forzada- pagábamos anualmente en concepto intereses por la deuda externa.

A pesar de todo, ya se notan faltantes de energía en muchas zonas del país afectando el normal abastecimiento de gas, de electricidad y también de combustibles líquidos como el gasoil.

A este paso, antes de 2008 -bajo ciertas condiciones climáticas- las restricciones energéticas ejercerán un freno sobre la tasa de crecimiento económico, repercutiendo sobre el empleo y los niveles de pobreza.

Sin una contrapartida en descubrimientos de nuevas reservas y/o grandes modificaciones en la matriz energética que no están siquiera programadas, nos enfrentaremos en el futuro a varios y complicados dilemas de carácter político, económico y social.

¿Qué pensaría Mosconi si supiera que existe un escenario elaborado por diversos especialistas que nos muestra que Argentina podría quedar sin petróleo dentro de cuatro o cinco años y sin gas después de 2012?. ¿Se dedicaría a racionar el consumo aplicando normas como el PURE?. ¿Compraría ingentes cantidades de petróleo para acumularlo en reservorios?. ¿Trataría de buscar dónde comprar combustibles líquidos, de importar gas y electricidad?. ¿Contendría "sine die" artificialmente todas las variables económicas de la actividad?. ¿Repartiría subsidios?.¿Volvería a la era del carbón?.

Conociendo la trayectoria de este visionario no es difícil imaginar que Mosconi nunca haría esas cosas.

Por el contrario, trataría de producir más energía en el país. Intentaría crear las condiciones para una inversión energética sin precedentes, tanto pública como privada. Seguramente se interesaría por los métodos más avanzados, incorporaría nuevas tecnologías y se maravillaría con los avances de la nuclear, la hidroeléctrica, la eólica, la solar y el hidrógeno. Sus esfuerzos se concentrarían -como en 1922- en el enorme potencial que disponemos y tenemos completamente inexplorado.

En definitiva, Mosconi miraría el futuro. Pensaría a mediano y largo plazo. No se dejaría presionar por las urgencias políticas menores ni arrastrar por subalternos intereses de grupo. Buscaría una Argentina grande y próspera y no un pequeño feudo cargado de desigualdad e injusticia.

Hoy mas que nunca se requiere una moderna visión estratégica que nos permita anticipar el futuro para garantizar la seguridad energética del país.

Por olvidar las enseñanzas que nos legaron hombres como Enrique Mosconi ya hemos vivido la dura experiencia en dos oportunidades, la primera durante el Gobierno del Dr. Raúl Alfonsín y la segunda, en la primera etapa de Ménem. Y nos queda poco tiempo para evitar la tercera crisis.


            Fundación "Consejo para el Proyecto Argentino