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Los mercados de
capitales han comenzado a interesarse en las energías
renovables, al son de la elevación de los precios del
petróleo y la incertidumbre política.
En rigor, tres de las ofertas públicas iniciales (OPI)
más interesantes en 2005 fueron en el segmento
helioenergético. Ahora, otras firmas pequeñas en
diversos bolsones alternativos -inclusive la eólica y
las plantas para producción de biocombustibles- aspiran a similares impactos en el
mercado de capitales.
Fondos emprendedores se aprestan acumulando acciones y obligaciones
de las jóvenes empresas.
El propio
gobierno estadounidense está alentando este interés al aumentar 22% la partida para
investigación y desarrollo de “combustibles limpios”.
Ahora, la idea es cambiar las pautas energéticas usuales
en industrias, hogares, oficinas y, en particular,
vehículos norteamericanos.
Entre los pioneros de esta tendencia está Joun Doerr, de Kleiner Perkins
Caukfield & Byer (KPCB), inversor de riesgo muy conocido
en Silicon Valley. Se hizo célebre cuando se colocó en
Google antes de que ingresase a Wall Street. A su
juicio, “la mejor oportunidad del siglo XXI está en
tecnologías limpias (TL), donde KPCB ha hecho apuestas.
“Doerr tiene razón, pero exagera –apuntaba Scott
McNealky, ex Sun- porque es imposible prever qué
ocurrirá en todo un siglo. Esas alternativas pueden, sí,
definir esta década y la subsiguiente”.
Entre las colocaciones de Doerr se destaca Miasole,
dedicada a energía solar. No es casual que Colin Powell,
ex secretario de Estados, se cuente entre los socios de
KPCB.
Por supuesto, TL sigue siendo un sector emergente,
pues su evolución como canal inversor data de apenas
cuatro años. “Su gama –señala un reciente informe de
Wharton- abarca firmas pro ambiente que mejoran
desempeño operativo, productividad o eficiencia
disminuyendo, al mismo tiempo, costos, insumos, consumo
y desechos contaminantes. En lo esencial, se trata de
tecnologías asociadas a energía solar o eólica y células
de hidrógeno”.
No obstante, TL también incluye biocombustibles y otras
fuentes que promuevan ventajas ambientales. Los
componentes combustibles o energéticos representan hasta
70% de las inversiones en el sector, según EnerTech, una
emprendedora centrada en ellos. Por su parte, Nicholas
Parker (cofundador y presidente de Cleantech Capital
Group), partícipe de un reciente debate en Wharton, “la
TL entusiasma a tantos capitalistas de riesgo porque no
requiere financiar proyectos caros o vastos”.
Por lo común, los retornos oscilan alrededor de 20% o
más. Aun así, no todas las oportunidades alternativas
son adecuadas para emprendedores. La energía de biomasa
–derivada de plantas y materiales afines- exige
instalaciones intensivas en capital. En otro extremo,
algunos proyectos eólicos no presentan relaciones
riesgo/retorno lo bastante ambiciosas. A la inversa, la
energía solar se cuenta entre los segmentos más
atractivos para inversiones de riesgo.
Varios catalizadores generan condiciones casi perfectas
para colocarse en TL. Los astronómicos precios de
ciertas materias primas no son la única, pero suman
encanto a las alternativas solares- Por otra parte,
subrayaba Parker, “hay una convergencia entre tecnologías, emprendedores y demanda que promueve
inversiones”.
Hacia 2009, estimaban en Wharton, el sector representará
10% de todo el capital de riesgo colocado en Estados
Unidos. Por lo visto,
nadie se interesa por la Unión Europea, Asia oriental o
meridional, que tal vez surjan como focos en materia de
TL”. La proporción aludida, empero, equivale a US$
6.200/8.800 millones para entonces, una amplitud algo
excesiva.
Los optimistas sostienen que el interés de Wall Street
en TL aumentará a medida como el segmento madure, lo
mismo que su papel en OPI y otras estrategias para
capitales de riesgo. Algunas firmas de valores o bancas
de inversión, como Goldman Sachs, hacen punta en esa
materia. Por de pronto, GS tiene intereses en un
emprendimiento solar rural Horizon Wind Energy. Además,
Crédit Suisse Grouo y Lehman Brothers se han sumado a la
variante.
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