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Con la entrada en vigor del Protocolo de Kyoto, se pusieron en
marcha un conjunto de objetivos para comenzar a reducir las
emisiones de gases causantes del “efecto invernadero” a los que los
científicos responsabilizan por el calentamiento global. En Europa
se han comenzado a instrumentar mecanismos flexibles basados en el
mercado para poder alcanzar esos objetivos.
Así, desde comienzos
de 2005, la Unión Europea ha diseñado un sistema de compraventa de
emisiones, que cubrirá a más de 12.000 plantas de producción y de
consumo intensivo de energía. Este sistema ofrecerá a las empresas
una forma económica para reducir sus emisiones y financiar las
acciones necesarias para evitar el cambio climático.
La característica de este intercambio comienza cuando cada Estado
Miembro acuerda un plan nacional de asignación (PNA) en el que se
establece la cantidad total de CO2 que emiten sus operadores. Con
esta información se otorga a las empresas el derecho de comerciar
con sus cuotas de emisiones directamente entre ellas o a través de
un agente, banco o cualquier otro intermediario. Se espera que, con
el paso del tiempo, se desarrollen los intercambios de compraventa
de emisiones en gran escala.
Este sistema funciona
como una “caja compensadora” de emisiones. Cuando se determina que
una empresa produce cierta cantidad de emisiones, el Estado le
asigna una cuota por las toneladas equivalentes y ésta deberá optar
por el esquema que le resulte más conveniente para alcanzar el
límite que se ha fijado ya sea, hacer transformaciones estructurales
para reducir las emisiones de su proceso industrial y comprar cuotas
a otras empresas que tengan crédito por emitir menos de lo
establecido como límite.
Si bien el sistema
aparece como muy complejo, en una primera instancia, la Comisión
Europea ha ofrecido su mediación para arbitrar entre los Estados una
aplicación justa y equitativa de las normas en la UE.
La Comisaria de Medio
Ambiente Margot Wallström anunció, a mediados del año pasado, la
aprobación de los PNA de ocho Estados Miembros. De esos ocho planes,
tres ya han recibido una aprobación condicional, puesto que se
requieren algunos para cubrir las exigencias de las normas vigentes.
Al mismo tiempo, la Comisión ha abierto expediente de infracción
contra dos Estados Miembros que no han presentado sus PNA y que
podrían enfrentarse a una sanción.
La Comisaria Wallström ha avisado a los
gobiernos en repetidas ocasiones de que no sean demasiado generosos
con la asignación de cuotas y de que garanticen que los niveles
corresponden a los objetivos de Kyoto de reducción de emisiones. De
lo contrario, Wallström teme que la caída forzada del precio de las
cuotas de emisiones pueda debilitar enormemente el funcionamiento y
la calidad medioambiental del sistema de compraventa.
Con estos primeros
pasos, la Comisión confía en que el sistema europeo de compraventa
de emisiones funcione eficientemente durante 2005. El desarrollo de
esta estrategia de la UE está siendo evaluado en otras regiones,
países como Australia, Nueva Zelanda y Canadá, han manifestado
interés en vincular sus sistemas nacionales con el implantado por la
UE, si se alcanzan resultados acordes con las expectativas.
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