|
Un examen
detenido de nuestras perspectivas energéticas nos muestra que el
escenario es muy limitado en materia de opciones. En 2004, merced a un
plan de ahorro (PURE), la importación de combustibles líquidos, de
gas y electricidad, hemos logrado superar los momentos más difíciles
de una incipiente
crisis energética.
Este
escenario de desabastecimiento aconteció pese a que,
en 2004, la Argentina
volvió a batir, por segundo año consecutivo, su récord de producción
histórica de gas: alcanzó los 52.347,6 millones de m3, un aumento del 3,39%
respecto de los 50.689 millones de m3 logrados en 2003.
Las demandas de gas y
electricidad continuaron su tendencia creciente, a la par de las
tasas elevadas de recuperación de la economía nacional, que sería un
grave despropósito reducir.
Sin embargo, el
plan anunciado para contrarrestar el déficit energético se ha
ejecutado sólo parcialmente. Las ampliaciones de capacidad del
sistema de transporte de gas existente (TGN y TGS) se demoraron por
razones diversas, entre políticas, financieras, burocráticas
y económicas; y ya no estarán operativas sino hasta
después del momento de mayor demanda, es decir, el invierno de 2005.
La nueva obra de transporte de gas
(Gasoducto Nordeste) ha sufrido complicaciones,
debido principalmente a la grave situación institucional del país de
origen del gas (Bolivia) amenazando la viabilidad del acuerdo
logrado por el Gobierno con los generadores para construir una nueva
planta generadora, que debería utilizar precisamente este
combustible.
La elevación de la cota de la
Central Hidroeléctrica de Yacyretá -que podría entregar más
rápidamente una producción mayor a 78 metros sobre el nivel del mar-
también se encuentra demorada y no se sabe cuándo se puede llegar a
los 83 metros sobre el nivel de diseño original.
La terminación de la Central
Nuclear Atucha II, según los planes de la propia Secretaría de
Energía, llegará recién en 2008/9 siempre y cuando se logren
acuerdos con la empresa contratista, su sucesora y Nucleoeléctrica
Argentina SA.
En consecuencia, este año
faltarán alrededor de 13 millones de metros cúbicos de gas natural y
la capacidad de generación con alrededor de 102.000 GWh habrá
llegado a su límite, a condición de que el clima resulte benévolo en
cuanto a temperatura y lluvias.
Asimismo exigir al parque de
turbovapor (más antiguo) en forma intensa, implica riesgos de falla
mayores que lo habitual.
En síntesis, la estrategia para
resolver la situación consiste básicamente en nuevas -y mayores-
importaciones de combustible líquido, algo de gas a través de Campo
Durán y electricidad, de carácter interrumpible, procedente de
Brasil -que está muy limitado- y con un precio aún en discusión.
Esta solución es concebible,
merced a un pequeño conjunto de obras que se iniciaron en materia de
transporte de electricidad que, se han llevado adelante con el
aporte de los fondos específicos; la acumulación preventiva de agua
en los embalses; la utilización de carbón; el cese de la
exportaciones y contratos interrumpibles a industrias (90 a 100
días); el eventual corte del Gas Natural Comprimido por un período
de 60 días y el perfeccionamiento del plan de racionamiento.
Cabe anticipar que el costo de
estas operaciones será más gravoso que en 2004. Será en parte
absorbido por los grandes usuarios de la industria y el comercio y,
después de las elecciones, también por los residenciales.
A este panorama debemos
incorporar la importación de gasoil, que ya en 2004 mostró un
déficit y sobre el que está pendiente de aprobación un nuevo
impuesto para desalentarlo como combustible.
Según ha
informado el Instituto Argentino del
Petróleo y del Gas (IAPG)
en 2004 la producción
petrolera volvió sufrir una nueva caída
esta vez de 5,77%
respecto de los volúmenes de 2003; esto se
repite –con la excepción de 2001– desde
1999. Según sus
estadísticas la producción del año fue la más
baja de la década al producirse 40,638
millones de metros cúbicos (m3) contra
43,087 millones de m3 de 2003.
De continuar así, dentro de tres años, los costos
de importar petróleo, fueloil, gasoil, gas y electricidad, en
términos de pagos anuales, podrían resultar equivalentes a lo que ,
antes del default y la refinanciación forzada, pagábamos en
concepto de intereses por la deuda externa.
Por ahora, el Estado, en lugar de observar y
corregir los orígenes de las distorsiones que provocan este fenómeno
y que constituyen sus verdaderas causales, opera a modo de mero
"bombero" que combate el fuego en medio de un incendio, pero
atacando sólo los efectos y dejando subyacentes los orígenes que lo
iniciaron.
En Argentina, hace falta una política
energética comprometida con el objetivo de movilizar
agresivamente la exploración y explotación de hidrocarburos; que
remueva las causales de la desinversión en la infraestructura
física; que procure incorporar nuevas tecnologías y proyectos a
efectos de diversificar una matriz energética basada en los
hidrocarburos que -por el momento- muestran horizontes de reserva
muy comprometidos.
Existe un enorme potencial esperando. Con una
política adecuada las facilidades energéticas inclusive podrían
llegar a ser una ventaja comparativa similar a lo que en su tiempo
fueron los recursos de la Pampa Húmeda. Y está en nosotros -en nadie
más que nosotros- hacerlo realidad.
|