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La energía nuclear estaba completamente
paralizada en los Estados Unidos. En 25 años no comisionó ninguna
nueva usina atómica. Las unidades que han entrado en servicio ya
estaban en proceso de construcción antes del accidente en Three Mile
Island (Pensilvania) ocurrido en 1979, el más grave en territorio
americano. Ahora, sólo el 20 por ciento de la electricidad y el 8
por ciento del total de las necesidades energéticas de Estados
Unidos, se satisfacen por medio de la energía nuclear.
El gobierno de George W. Bush se propone
resucitar la actividad nuclear mediante la renovación de permisos
para construir reactores cerrados, la flexibilización de las pautas
de
seguridad y la producción de la nueva generación de reactores PBMR,
considerados más seguros que los anteriores.

La industria estadounidense espera recuperar los años perdidos
mediante la construcción de plantas pequeñas, con un tamaño 10 veces
menor al de los monstruos de los buenos tiempos.
25 años después de esa parálisis, el debate
sobre la necesidad de relanzar la energía nuclear resucita con vigor
y la industria cuenta con un ambicioso plan para ampliar el número
de centrales nucleares: cinco nuevos funcionando en 2015, una docena
en 2020 y medio centenar en 2050.
La industria tiene planes precisos para la
construcción de nuevos reactores en Misisipí, Carolina del Sur,
Alabama, Virginia, Idaho e Ilinois. Exelon lidera el consorcio
Nustart, uno de los dos grupos que intentan obtener las licencias
para construir nuevas centrales nucleares.
Estados Unidos tiene 103 reactores nucleares. El 51% de la
electricidad es generada por plantas de carbón, el 17% con gas
natural, y el resto son centrales hidroeléctricas, eólicas y
solares. El uso de petróleo para generar electricidad es mínimo.
Pero las previsiones dicen que hará falta más potencia. La Energy
Information Administration prevé en su último informe un crecimiento
de la demanda del 50% para 2025, lo que obligará a construir
"centenares" de nuevas plantas.
El aumento de la demanda, según admite la Casa Blanca, plantea un
problema medioambiental: las emisiones de gases de efecto
invernadero procedentes de las plantas de carbón. Por eso, el
presidente George Bush es contundente: "La nuclear es la
respuesta a muchos de los problemas".
La carrera por la construcción de nuevas
centrales coincide con un cambio de actitud de la opinión pública
hacia la energía nuclear, según el Instituto de Energía Nuclear
(Nuclear Energy Institute). Las últimas encuestas hablan de un apoyo
del 53%. Esto contrasta con la oposición que cundió entre los
ciudadanos a raíz del accidente en Three Mile Island y que se
acrecentó tras la catástrofe de Chernóbyl (1986).
Washington
quiere evitar los cortes de suministro en California y su posible
extensión. Samuel Bodman -en la fotografía- el hombre designado para
el Departamento de Energía, sentenciaba ante el Senado hace una
semana que la energía nuclear debe formar parte del suministro
energético. Su departamento dispone de un programa, Nuclear
Power 2010, que contempla la construcción de nuevas
centrales para el final de la década.
El antecesor de Bodman, Spencer Abraham, insiste en que la industria
debe realizar una campaña "agresiva" para resucitar este tipo de
energía. Ese mensaje, según Abraham, es aplicable a todo el mundo.
Así, el segundo mandato de Bush sin duda marcará el renacer de las
centrales nucleares. John Rowe, presidente ejecutivo de Exelon, el
mayor productor de energía nuclear en EE UU -con 17 reactores-, no
oculta su entusiasmo: "Siempre es gratificante tener al
presidente de tu parte". El Congreso, como la Casa Blanca,
reconoce la necesidad de incrementar las fuentes de energía que no
emiten CO2, como la nuclear.
El equipo de Bush también espera hacer resurgir el reprocesamiento
de combustible usado, un método para separar los residuos de
plutonio del uranio y volver a utilizarlos en reactores comerciales
o militares.
El debate está tan avanzado que se han autorizado subvenciones para
cubrir parte de los costos de construcción de los reactores de nueva
generación. Éstos son más baratos que los construidos antes, más
eficientes, simples de operar y más seguros.
El Departamento de Energía ya les ha concedido 260 millones de
dólares para el diseño del nuevo reactor, que está en manos de
General Electric y Westinghouse. Dominion lidera el segundo
consorcio junto a Hitachi y Bechtel, pero recientemente dejó su
proyecto original porque se le estaba complicando mucho la
aprobación del reactor.
La alternativa que se plantea es desarrollar
una nueva versión del reactor de General Electric. De momento, la
Nuclear Regulatory Comisión (NRC) ha aprobado el diseño de tres
reactores, dos de Westinghouse y uno de General Electric. Y un
cuarto está a punto de recibir la luz verde. NuStart confía en
conseguir el certificado para su primera central nuclear en 2007 y
empezar la construcción en 2010. El banco de inversiones Prudential
Equity calcula que los primeros reactores de nueva generación
empezarán a producir electricidad antes de 2015.
Uno de los puntos clave para el futuro desarrollo de la industria
nuclear en EE.UU. está en el polémico almacenamiento geológico
profundo en Yucca Mountain (Nevada). La Casa Blanca apoya el
plan, porque, como señaló Samuel Bodman, el controvertido proyecto
en Yucca Mountain "es vital".
La Administración desvía las críticas asegurando que está explorando
nuevas tecnológicas de reciclado del combustible nuclear. Bush
obtuvo en las pasadas elecciones el 51% de los votos en Nevada y el
58% en el condado de Nye, al que pertenece Yucca, frente al 48% y el
39% de su rival John Kerry, quien dijo que no autorizaría el
cementerio nuclear.
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