Publicación mensual de la Fundación "Consejo para el Proyecto Argentino"              Año XXIII

 28 de Febrero de 2006   

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EDITORIAL

ENERGÍA Y POLÍTICA GLOBAL

Por Carlos José Aga

Director

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Los últimos acontecimientos internacionales, muestran el inicio de una seria pugna por el control de las empresas energéticas como un mecanismo de predominio económico internacional.

Queda claro que, aunque con distintas características algunos Estados de Europa han comenzado a percibir la verdadera magnitud del proceso que se ha iniciado y que -por vía de la concentración- limitará el número de actores en el terreno energético a pocas y gigantescas compañías que gravitarán de manera desiciva en la política y la economía.

Una gran parte de la competencia estratégica -que antes se basaba en el mero poderío militar- ahora ha variado hacia el control de los recursos que pueden hacer funcionar (o detener) la marcha de la economía internacional. Buena parte de la competitividad y la capacidad comercial están sustentadas por la disponibilidad de energía.

Es cierto que hay naciones que intentarán resguardar a sus "campeones nacionales" de la voracidad de estos gigantes. Pero no es menos cierto que las propias reglas creadas durante los últimos años, coartan la capacidad de los Gobiernos para "meter la mano" en el funcionamiento de los mercados constituidos para estabilizar la economía.

Hasta el Gobierno de los Estados Unidos ha tenido limitaciones para frenar una iniativa china sobre una petrolera estadounidense y fue sólo la mejora de la oferta por parte de otra empresa norteamericana la que evitó la desnacionalización. Otra potencia, como lo es Rusia se va gradualmente obligada a una mayor apertura con las gigantes para desarrollar sus recursos y mercado europeo.

En este misma dirección se encuadran las negociaciones semisecretas de los cubanos -los últimos comunistas del continente- con las grandes petroleras.

La reconversión eléctrica europea ya está en marcha. Pronto seguirá un proceso similar en el campo petrolero y los choques de intereses serán inevitables. Veremos muchos Gobiernos del primer mundo perdiendo la compostura y los modales "civilizados". Como también será inevitable el desembarco de este proceso en toda nuestra región con consecuencias aun desconocidas para nuestra propia realidad, en la que muchos se sienten "seguros" por la protección del Estado.

Pero esa sensación de seguridad puede ser un mero espejismo si consideramos que no estamos frente a estructuras estatales sólidas, sino frente a un conjunto de instituciones débiles, con dificultades para dar cumplimiento razonable a sus funciones básicas. Inclusive las instancias supranacionales como el MERCOSUR -ideadas para una preservación unificada de los intereses regionales- aparecen debilitadas.

A causa de cierto grado de "politización", los entes reguladores han perdido una gran parte de su función, especialmente aquellas que fortalecían la institucionalidad y las bases jurídicas del sistema.

Nuestras empresas, y las empresas extranjeras que operan en nuestro medio, están debilitadas después del 2001. Algunas recién van saliendo del default, su valor se ha reducido enormemente pese al gran activo físico que detentan. La mayor petrolera no es una excepción ya que también ha descendido mucho en su valor desde que anunció una reducción considerable de sus reservas. Todas son más baratas y accesibles.

Con una conformación social atomizada, volviendo a cotizar en los mercados bursátiles, prácticamente todas serían presa fácil de los gigantes energéticos, que sin necesidad de controlar todo el paquete podrían sumar estructuras y mercados con poco esfuerzo.

La pregunta que surge es ¿cómo nos estamos preparando para el proceso de transformación que se avecina? ¿Seremos sorprendidos, una vez más, por el vendaval de la historia?

Ojalá que no!
 


            Fundación "Consejo para el Proyecto Argentino