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Cuatro naciones
bálticas - Latvia, Lituania, Estonia, y Polonia – han
decidido construir una poderosa planta nuclear en
conjunto.
La iniciativa pertenece a Lituania, el único que conoce
de esos lujos. En la época de la Unión Soviética, tenía
dos unidades tipo RBMK de 1500 MW en las orillas del
lago Druksiai cerca de la ciudad de Ignalina. Lituania
tenía gran cantidad de energía y la exportaba hacia sus
vecinos.
Pero la situación cambió cuando las naciones bálticas
solicitaron su integración en calidad de miembro de la
Unión Europea. Ninguna nación puede entrar en la
organización gratuitamente. Para Lituania el precio de
entrar era muy levado ya que tuvo que cerrar su central
nuclear. No había ninguna razón técnica para tal
determinación – la usina funcionaba sin ningún percance-
pero la “familia” europea pretendió una desinfección
completa del espíritu soviético.
La Unión Europea demandó que el tipo de reactor RBMK era
similar al que causó el desastre de Chernobyl. Pero la
unidad RBMK no era un reactor gemelo de Chernobyl ya que
estaba moderado con grafito y refrigerado con agua
siendo considerado una nueva y exitosa versión.
Antes de Lituania, Bulgaria se había enfrentado a un
problema similar ya que intentó preservar funcionando su
reactor Kozloduy, pero la Unión Europea se mantuvo firme
y Sofía tuvo que dar cumplimiento al cierre demandado.
Ahora la situación se repite en Lituania. La primera
unidad de su central nuclear, que trabajó sin
contratiempos por 20 años, fue decomisionada en
diciembre de 2004. La segunda unidad será cerrada a más
tardar en diciembre de 2009. Mientras tanto, la planta
satisface el 74% de la demanda de eléctrica de Lituania.
El país se encuentra a punto de cancelar su
autosuficiencia energética.
Vilnius entiende la urgencia de la situación. Y han
decidido construir una nueva planta nuclear en el mismo
sitio de Ignalina pero bajo patrones occidentales.
Lituania pretende que la nueva planta tenga la potencia
de la antigua, de modo que no sólo pueda dar cobertura a
su demanda doméstica sino volver a exportar energía.
Pero ese gran sueño nacional es costoso, y Lituania no
está en condiciones de implementar el proyecto con sus
propios recursos. Así es cómo se llegó a concebir la
idea de un consorcio e invitó a sus vecinos a tomar
parte del proyecto. Afortunadamente todos están unidos
por el deseo de convertirse en energéticamente
independientes de Moscú.
Pero los miembros del consorcio no han llegado a un
acuerdo en el reparto del producto futuro. Polonia
insiste en nada menos del 30% de la energía pero
Lituania no aceptará esto. En el curso de las
discusiones Polonia ha llegado a ser entusiasta sobre la
idea de una central nuclear y desea construir su propia
planta antes de 2020 al margen el proyecto de Ignalina.
Vilnius está entrando en el nerviosismo y desea tener
una planta de energía atómica cuanto antes, y ya ha
puesto en claro que la oferta será muy rápida. Su
favorito es la empresa franco-alemana nuclear AREVA.
En febrero 11 y 12 pasado, el presidente de AREVA Ives
Guenon de AREVA visitó Vilnius y enfrió el entusiasmo
lituano. En dicha ocasión, dijo que "uno puede soñar
sobre cualquier cosa. Pero dado la carencia de acuerdo
entre los socios, es poco realista construir una planta
de energía atómica nueva antes de 2015. Es solamente
posible hablar con optimismo para 2020."
Aunque Rusia participa en todas las ofertas
internacionales, el proyecto lituano no tiene interés en
esa participación porque ¿que competencia sería si por
anticipado se conociera al ganador? Rusia está
interesada en una oferta para el decomisionamiento de la
central nuclear de Ignalina, y tiene grandes chances de
ganarla porque se basa en las tecnologías rusas.
Pero algunos aspectos de los proyectos nucleares en el
Báltico meridional son más sensibles. La región de
Kaliningrado está rodeada por centrales nucleares
extranjeras: dos en funcionamiento - Ignalina (Lituania)
y Khmelnitskaya (Ucrania)- una que será construida cerca
de Mogilev (Belarus), y finalmente otra está planificada
por Polonia.
El enclave ruso tendrá que enfrentar todos los riesgos
implicados en la operación de centrales nucleares y no
estará preparado para ganar cualquier cosa. Tendrá que
comprar electricidades ell exterior a los precios de
mercado.
La región de Kaliningrado es una zona económica
especial. Implementar proyectos relacionados con ese
estatus requiere el acceso confiable a la electricidad
que una central nuclear local podría proporcionar. Un
vínculo con el extranjero para transporte mayorista de
energía a la región es cada vez más y más frágil. Cuando
la planta de Ignalina se cierre dentro de un año, la
región quedará duramente expuesta porque la planta
aporta el 30% de sus necesidades energéticas.
La región de Kaliningrado necesita fuentes de energía
confiables también por el tiempo en que se importa
energía de los países de la OTAN. Es un secreto abierto
que fuerzas nucleares están desplegadas en la región.
Puede hacer frente a una amenaza de bloqueo energético
en caso de que ocurran complicaciones políticas.
Una central nuclear en la región podía resolver no
solamente cuestiones relativas a la energía, también
podría convertirse en un triunfo de Rusia en el contexto
geopolítico.
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