Publicación mensual de la Fundación "Consejo para el Proyecto Argentino"              Año XXV

 1º de Marzo  de 2008   

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EL RENACER DE LA INDUSTRIA NUCLEAR MUNDIAL

FIEBRE NUCLEAR EN EL BÁLTICO
 

Central Nuclear en Lituania

Por Tatyana Sinitsyna
 

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Cuatro naciones bálticas - Latvia, Lituania, Estonia, y Polonia – han decidido construir una poderosa planta nuclear en conjunto.

La iniciativa pertenece a Lituania, el único que conoce de esos lujos. En la época de la Unión Soviética, tenía dos unidades tipo RBMK de 1500 MW en las orillas del lago Druksiai cerca de la ciudad de Ignalina. Lituania tenía gran cantidad de energía y la exportaba hacia sus vecinos.

Pero la situación cambió cuando las naciones bálticas solicitaron su integración en calidad de miembro de la Unión Europea. Ninguna nación puede entrar en la organización gratuitamente. Para Lituania el precio de entrar era muy levado ya que tuvo que cerrar su central nuclear. No había ninguna razón técnica para tal determinación – la usina funcionaba sin ningún percance- pero la “familia” europea pretendió una desinfección completa del espíritu soviético.

La Unión Europea demandó que el tipo de reactor RBMK era similar al que causó el desastre de Chernobyl. Pero la unidad RBMK no era un reactor gemelo de Chernobyl ya que estaba moderado con grafito y refrigerado con agua siendo considerado una nueva y exitosa versión.

Antes de Lituania, Bulgaria se había enfrentado a un problema similar ya que intentó preservar funcionando su reactor Kozloduy, pero la Unión Europea se mantuvo firme y Sofía tuvo que dar cumplimiento al cierre demandado.

Ahora la situación se repite en Lituania. La primera unidad de su central nuclear, que trabajó sin contratiempos por 20 años, fue decomisionada en diciembre de 2004. La segunda unidad será cerrada a más tardar en diciembre de 2009. Mientras tanto, la planta satisface el 74% de la demanda de eléctrica de Lituania. El país se encuentra a punto de cancelar su autosuficiencia energética.

Vilnius entiende la urgencia de la situación. Y han decidido construir una nueva planta nuclear en el mismo sitio de Ignalina pero bajo patrones occidentales.

Lituania pretende que la nueva planta tenga la potencia de la antigua, de modo que no sólo pueda dar cobertura a su demanda doméstica sino volver a exportar energía. Pero ese gran sueño nacional es costoso, y Lituania no está en condiciones de implementar el proyecto con sus propios recursos. Así es cómo se llegó a concebir la idea de un consorcio e invitó a sus vecinos a tomar parte del proyecto. Afortunadamente todos están unidos por el deseo de convertirse en energéticamente independientes de Moscú.

Pero los miembros del consorcio no han llegado a un acuerdo en el reparto del producto futuro. Polonia insiste en nada menos del 30% de la energía pero Lituania no aceptará esto. En el curso de las discusiones Polonia ha llegado a ser entusiasta sobre la idea de una central nuclear y desea construir su propia planta antes de 2020 al margen el proyecto de Ignalina. Vilnius está entrando en el nerviosismo y desea tener una planta de energía atómica cuanto antes, y ya ha puesto en claro que la oferta será muy rápida. Su favorito es la empresa franco-alemana nuclear AREVA.

En febrero 11 y 12 pasado, el presidente de AREVA Ives Guenon de AREVA visitó Vilnius y enfrió el entusiasmo lituano. En dicha ocasión, dijo que "uno puede soñar sobre cualquier cosa. Pero dado la carencia de acuerdo entre los socios, es poco realista construir una planta de energía atómica nueva antes de 2015. Es solamente posible hablar con optimismo para 2020."

Aunque Rusia participa en todas las ofertas internacionales, el proyecto lituano no tiene interés en esa participación porque ¿que competencia sería si por anticipado se conociera al ganador? Rusia está interesada en una oferta para el decomisionamiento de la central nuclear de Ignalina, y tiene grandes chances de ganarla porque se basa en las tecnologías rusas.

Pero algunos aspectos de los proyectos nucleares en el Báltico meridional son más sensibles. La región de Kaliningrado está rodeada por centrales nucleares extranjeras: dos en funcionamiento - Ignalina (Lituania) y Khmelnitskaya (Ucrania)- una que será construida cerca de Mogilev (Belarus), y finalmente otra está planificada por Polonia.

El enclave ruso tendrá que enfrentar todos los riesgos implicados en la operación de centrales nucleares y no estará preparado para ganar cualquier cosa. Tendrá que comprar electricidades ell exterior a los precios de mercado.

La región de Kaliningrado es una zona económica especial. Implementar proyectos relacionados con ese estatus requiere el acceso confiable a la electricidad que una central nuclear local podría proporcionar. Un vínculo con el extranjero para transporte mayorista de energía a la región es cada vez más y más frágil. Cuando la planta de Ignalina se cierre dentro de un año, la región quedará duramente expuesta porque la planta aporta el 30% de sus necesidades energéticas.

La región de Kaliningrado necesita fuentes de energía confiables también por el tiempo en que se importa energía de los países de la OTAN. Es un secreto abierto que fuerzas nucleares están desplegadas en la región. Puede hacer frente a una amenaza de bloqueo energético en caso de que ocurran complicaciones políticas.

Una central nuclear en la región podía resolver no solamente cuestiones relativas a la energía, también podría convertirse en un triunfo de Rusia en el contexto geopolítico.
 


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