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En Europa se ha
secuestrado el término “seguridad energética” para dar
poder a los proveedores y debilitar a los importadores,
lo que entraña una drástica reducción de la competencia,
una mayor vulnerabilidad política y la erosión del
Estado de Derecho. El hecho de que Dimitry Medvedev, el
probable sucesor del Presidente Vladimir Putin, sea el
Presidente de Gazprom despeja todas las dudas sobre la
determinación del Kremlin de mantener sujeto con puño de
hierro el sector de la energía, pero hay que poner fin a
la asimetría en las relaciones Unión Europea-Rusia en
materia de energía.
Nunca habían sido mayores en la UE las preocupaciones
por la seguridad energética, alimentadas por la
dependencia cada vez mayor de Rusia. La expropiación de
la compañía petrolera Yukos por parte de las autoridades
rusas ha ido acompañada de la expulsión de los
extranjeros del sector de la extracción de energía.
Inevitablemente, muchos en Europa ponen en entredicho el
valor de la palabra del Kremlin.
En lugar de apartarse, la UE debe intentar conseguir un
compromiso y una reciprocidad mayores. Debe facilitar
una mayor participación de Gazprom en el mercado de la
UE mediante la liberalización del mercado y la
integración de las fases finales de la producción, pero
también debe presionar en última instancia en pro de la
reestructuración de Gazprom y la entrada real en el
mercado ruso de las compañías europeas, porque la
renuencia de Rusia al respecto garantiza la inseguridad
energética para Europa.
De hecho, el gobierno de Putin cuenta con un historial
de flexibilidad en la aplicación de las normas e
intimidación a los inversores extranjeros, con el apoyo
de fiscales, organismos tributarios, organismos
reguladores y tribunales. Al mismo tiempo, Gazprom ha
llegado a ser la creadora predominante de mercados del
gas en Europa y su actuación ha sido una burla de las
medidas adoptadas por la UE para lograr una mayor
colaboración con Rusia.
La estrategia de Gazprom se compone de tres tácticas: la
cooptación, es decir, cultivar asociaciones con ciertos
países, dirigentes políticos y grandes empresas como
palancas en pro de sus intereses; actitudes preventivas:
utilizar el poder en las primeras fases de la producción
y la diplomacia rusa para manipular las condiciones
correspondientes a las últimas fases de la producción y
apoderarse de activos a manos llenas; y la
desmembración: dividir a la UE mediante acuerdos
bilaterales.
Gazprom ha logrado la cooptación de Europa
principalmente por mediación de Alemania, donde sus
asociaciones con compañías de energía y bancos han
contribuido a alinear a las autoridades en pro de los
fines rusos. Está en marcha una extensa operación de
cabildeo, directo o por poderes, a fin de persuadir a
los reguladores europeos para que permitan los contratos
de suministro a largo plazo en la UE… pese a sus
negativas consecuencias para la competencia.
La labor de prevención por parte de Gazprom ha
consistido en una multitud de adquisiciones. Gazprom ha
inundado el mercado en Turquía, ha privado de gas a
Ucrania, ha amenazado con hacer lo mismo en Belarús y ha
ofrecido un acceso preferente al mercado a los socios
dispuestos a ayudarla, como, por ejemplo, Italia.
En el Cáucaso, el Kremlin ha impedido al Irán crear la
infraestructura necesaria para competir como proveedor
de gas a Europa. Para detener la llegada del gas del
Irán, Rusia compró prácticamente todo el sector
energético de Armenia, mientras que su apoyo al programa
nuclear del Irán contribuye a mantener el aislamiento
del Irán y a alejar los fondos occidentales que este
país necesitaría para llegar a ser un exportador de gas
rival.
El predominio de Gazprom resulta reforzado por
actividades coordinadas con el Kremlin para imponer su
influencia en mercados como España e Italia. A cambio de
acuerdos sobre el gas con proveedores rivales, como, por
ejemplo, Argelia, Rusia ha ofrecido importantes
concesiones en materia de armamento y condiciones
preferentes en materia de deuda.
En otros casos, el Kremlin adopta actitudes punitivas,
como cuando cortó el suministro de petróleo a Lituania,
a raíz de la venta de la refinería de petróleo de
Mazeikiu a una compañía polaca, o a Ucrania después de
que sus ciudadanos votaran a favor del partido “que no
debían”.
El primer ejemplo de desmembración es el gasoducto de
Nord Stream, que gusta a Alemania, pero irrita a Polonia
y a los países bálticos. El gasoducto submarino costará
tres veces más que uno nuevo por las rutas terrestres
existentes, socava la seguridad energética de los
vecinos orientales de Alemania y amenaza el frágil
ecosistema del mar Báltico, pero, al entregar las
exportaciones directamente a Alemania, Rusia podrá
cortar el suministro de gas a Ucrania, Polonia y los
Estados bálticos sin afectar directamente a los
suministros con destino a la Europa occidental… y el
reciente comportamiento de Rusia indica que se trata de
una amenaza real.
Pero en Gazprom existe preocupación por sus capacidades
en las primeras fases de la producción, como lo
demuestra la decisión de desviar el gas de su yacimiento
de Shtokman a Europa en lugar de licuarlo para nuevos
mercados de Norteamérica. Mientras Gazprom mantenga una
actitud opaca, Europa no podrá saber si su principal
proveedor está invirtiendo lo suficiente para
desarrollar reservas futuras. La batalla política del
Kremlin para conseguir el control del sector energético
de Rusia ha provocado una reducción espectacular de la
tasa de crecimiento de su producción de petróleo y gas.
Se trata de un problema para Europa. Grazpom no puede
ser un socio para Europa, si no invierte en su
infraestructura y, sin embargo, desempeña un papel
predominante en la destrucción de empresas privadas
rusas, invierte 14.000 millones de dólares en activos no
básicos, como, por ejemplo, medios de comunicación y
está dirigida desde la Oficina de Administración
Presidencial.
No se deben apagar las luces en toda Europa. Bruselas
debe exigir a Moscú transparencia, simetría e imperio de
la ley con el fin de lograr una revolucionaria
integración de los mercados energéticos europeo y ruso.
Simultáneamente, mediante la diversificación de las
fuentes de suministro, inversiones en gran escala en el
gas natural licuado y una actitud enérgica en pro del
gaseoducto Nabucco y las interconexiones entre los
países ribereños del Mediterráneo, Europa puede avanzar
hacia la seguridad energética.
El propio acceso a las fases finales de la producción
que desea Grazprom en Europa es la mejor baza de la UE.
Ésta debe decir a Gazprom que el acceso a los activos de
las fases finales de la producción de Europa estará
sometido a la condición de una apertura recíproca al
sector energético de Rusia. El resultado sería una grata
participación en el mercado energético europeo para una
Rusia en la que confiarían –además de respetarla– sus
socios internacionales.
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