|
Una de las
características que se aprecian con claridad es que el mundo, en
materia energética, se mueve a la mayor velocidad posible. Cuando
decimos "el mundo" obviamente están incluidos nuestros
dinámicos vecinos, especialmente Brasil.
Muchas
realidades están sembradas de grandes proyectos destinados a
asegurar el futuro de las naciones que los ejecutan. Los recursos
energéticos se buscan y se desarrollan con ahínco en todas partes.
Ni siquiera la guerra parece ser un impedimento para localizar y
explotar fuentes energéticas.
Desgraciadamente no es nuestro caso ya que, desde hace años,
descansamos en manos de la Providencia. Hace mucho tiempo que
nuestros grandes proyectos están paralizados, como si fueran museos
que nos recuerdan que en Argentina el tiempo se detuvo.
Aunque todo
indica que es el momento de actuar, estamos "hipnotizados",
con la mirada fija en las elecciones de octubre y podemos perder el
año definitivo para dar solución al problema de poner en marcha el
país.
No hemos
aprendido la enorme desventaja que significa anteponer objetivos
políticos a los intereses nacionales.
Pese al desarrollo de una
crisis energética,
se han observado graves desinteligencias entre los funcionarios de
Gobierno que van desde el reconocimiento o no de la situación, el
rol de la empresa estatal ENARSA -que hasta ahora ha comprado dos
estaciones de servicio-, la tortuosa renegociación de
contratos de las empresas de servicios públicos, la búsqueda de
alternativas que cubran el déficit de energía que el país tendrá
este año y las fricciones políticas a nivel nacional así como
también con algunas provincias.
Si bien lista
de temas pendientes es amplia y compleja, debido a esa "hipnosis"
que nos paraliza, no se espera que tengan una resolución en el corto
plazo, pese a las voces de alarma de las principales organizaciones
empresarias y a la amenaza concreta que estas restricciones
representan para el crecimiento económico argentino.
UN PAR DE
EJEMPLOS
Si bien, al
parecer, todos saben de la importancia estratégica que tiene la
ampliación de las reservas de hidrocarburos, hace años que la ley
respectiva duerme "el sueño de los justos" y nunca fue
tratada por el Congreso; no se ha logrado ni siquiera -por
diferencias de criterio dentro de la burocracia estatal- la sanción
de una norma para estimular la exploración en áreas consideradas de
riesgo alto y muy alto.
Y vamos en
camino de convertirnos el importadores de petróleo pudiendo, tal
vez, permanecer autoabastecidos.
El costo de
importar combustibles durante el año pasado, para evitar cortes de
energía eléctrica, fue de unos 2000 millones de pesos. La cifra será
indudablemente mayor este año. Con esos fondos, se podría haber
construido un gasoducto que solucione definitivamente la crisis para
el futuro. De hecho, el gasoducto del Nordeste, la obra que las
empresas suspendieron por la crisis boliviana, que se proyectó para
importar 20 millones de metros cúbicos desde Bolivia, costaría 3000
millones de pesos.
Las ampliaciones en el
gasoducto San Martín II, que aumentará la capacidad de transporte en
tres millones de metros cúbicos este año y en cinco millones más
para 2008, y la inversión de 440 millones de dólares que las
petroleras han hecho en el yacimiento Carina y Aries, en Tierra del
Fuego, que agregará cuatro millones de metros cúbicos desde junio
servirán aliviar nuestras carencias y si bien son importantes,
resultan insuficientes para resolver el escenario de los próximos
años, con su agregado de demanda.
Debemos
despertar de nuestro largo letargo, porque los procesos energéticos
no son cortos, demandan años para fructificar. Alan Greenspan -en su
nota- nos dice con gran acierto que "los
asuntos energéticos enfrentan a los responsables políticos y a los
ciudadanos con decisiones difíciles y negociaciones".
Es hora de
afrontar esta realidad porque si no despertamos a tiempo, cuando lo
hagamos, casi seguramente no nos encontraremos en el país soñado
sino en medio de una verdadera pesadilla.
|