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El presidente
norteamericano George W.
Bush realizó
importantes definiciones sobre su plan
energético, considerado una de las piezas
clave de su segundo mandato.
Propuso
construir refinerías de petróleo en bases militares abandonadas por
el Pentágono, agilizar los procedimientos para levantar nuevas
centrales nucleares y dar más poder al Gobierno
Federal sobre los
lugares dónde se situarán las futuras terminales de importación de
gas natural.
"Nuestra seguridad nacional hace urgente"
la exploración y explotación petrolera en Alaska, resaltó Bush, tras
insistir en que el crecimiento económico requiere una energía fiable
a un coste accesible.
Además,
el Presidente
estadounidense
considera necesario aumentar los
incentivos fiscales a los compradores de vehículos de propulsión
híbrida, y extenderla a los que incorporen motores diesel limpios
propulsados con biodiesel.
Asimismo, Bush instó a trabajar
con las otras naciones industrializadas para ayudar los países de
mercados emergentes a desarrollar y utilizar tecnologías energéticas
limpias para reducir la presión sobre los mercados globales de
energía y limitar el daño ambiental de emisiones.
“Está en el interés de los
Estados Unidos y de otras naciones desarrolladas ayudar a naciones
tales como China y la India a convertirse en autosuficientes
energéticamente y al empleo de energías limpias”, señaló.
En Estados Unidos no se han construido refinerías nuevas desde 1976,
aunque muchas instalaciones sí han registrado ampliaciones y
modernizaciones, y la última central nuclear entró en servicio en
1973.
Las refinerías actuales están trabajando casi al cien por cien de su
capacidad, por lo que el aumento de la demanda de
combustible para automóviles
se cubre con importaciones , recordó el Presidente.
"El problema fundamental es que nuestro suministro de energía no
crece a la velocidad suficiente para cubrir la demanda de nuestra
economía, lo que hace a EEUU más dependiente del extranjero",
afirmó Bush.
El mandatario estadounidense recordó que,en
comparación con lo acontecido en Norteamérica,
desde 1973 Francia ha construido 58 plantas nucleares, y produce con
ese método el 78 por ciento de su electricidad.
El presidente señaló
que, a medida que crece la economía de Estados Unidos, se prevé que
el consumo de petróleo aumentará en una tercera parte en el país en
los próximos veinte años.
La tecnología permitirá a
los EE.UU. utilizar las fuentes energéticas más abundantes en el
territorio del país. "Tenemos suficiente carbón para 250 años.
Pero el carbón presenta un desafío ambiental: hacer un uso más
limpio de este recurso; por esta razón he solicitado al Congreso más
de U$S 2 mil millones para mi iniciativa de investigación de carbón,”
dijo.
La iniciativa "cielos limpios"
espera tener como resultado más de U$S 52 mil millones en
inversiones del sector privado para desarrollar tecnologías
energéticas limpias con empleo masivo de carbón.
"El segundo paso esencial para
conseguir una independencia energética es redoblar el esfuerzo para
crear nuevas fuentes de energía. El hidrógeno es una de las fuentes
más promisorias para lograrlo". Recordó que en su primer mandato su
administración lanzó un programa al que denominó "iniciativa para el
combustible de hidrógeno" que ya dedicó U$S 1.200 millones a lo
largo de los últimos cinco años para el desarrollo de celdas de
combustible avanzadas.
"Sabemos que cuando el hidrógeno
es utilizado en una célula de combustible tiene potencial para
accionar tanto un teléfono celular, una computadora o un automóvil,
que emite puro vapor de agua en lugar de gases contaminantes", dijo.
"Es hora de volver a construir de nuevo
centrales atómicas",
afirmó. Para estimular este objetivo
estratégico, dijo que el Gobierno
Federal daría un
seguro de riesgo a las primeras cuatro plantas
nucleares
que se construyan.
El Presidente aseguró que su
administración se encuentra colaborando para desarrollar tecnologías
nucleares avanzadas que son más seguras y limpias, con reaseguros
que preserven a su vez al mundo contra el peligro que representa la
proliferación.
“Con la expansión global de la
energía nuclear, nosotros podremos aliviar la presión sobre el
ambiente y reducir la demanda global para combustibles fósiles,”
dijo.
El presidente recordó que en EE.UU.
sólo hay cinco terminales y 32 proyectos en fase de revisión
administrativa, un procedimiento que dijo que debe acelerarse
porque la falta de terminales de
importación de gas natural licuado (GNL) ha sido uno de los
elementos causantes del fuerte aumento de precio de este producto en
los últimos años.
Consideró que su plan
energético
contribuirá a afrontar ese desafío porque
fomenta la conservación, aumenta la financiación para la eficiencia
energética, respalda programas de energía renovable y apoya el
desarrollo de automóviles de bajo consumo.
Por otro lado, Bush dijo que su propuesta, aprobada ya por la Cámara
de Representantes, de mayoría republicana, modernizará los sistemas
de distribución de energía y destacó que EEUU "no puede
satisfacer las necesidades energéticas del mañana con una
infraestructura del ayer".
Agregó que, así como internet ha hecho que la información sea más
conveniente, las nuevas tecnologías pueden convertir a la energía
estadounidense en más limpia, barata y eficaz mediante una mejora en
la calidad de las líneas de transmisión y de la conexión de
productores y consumidores en todo el país.
"La energía renovable puede aumentar nuestra
independencia energética y ayudar a nuestra economía agrícola",
subrayó el presidente. El
plan también ofrece créditos tributarios y
otros incentivos para el uso de fuentes de energía renovables, como
la eólica y la solar y como los combustibles derivados de los
productos agrícolas.
El
congresista demócrata Ed Markey desestimó
las propuestas de Bush;
a su criterio tendrían "un impacto
insignificante" en la dependencia estadounidense del petróleo
importado, que actualmente cubre en torno al 60 por ciento de las
necesidades del país.
"En lugar de liderar al Congreso para que apruebe una ley que haga a
EEUU menos dependiente del petróleo, Bush tuvo que pedir esta semana
favores del príncipe saudí", criticó Markey.
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