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Los europarlamentarios,
reunidos en Edimburgo en el 6º encuentro de estas
características que auspicia EUFORES (European Forum for
Renewable Energy Sources), han plasmado una declaración final
conteniendo
una serie de reclamos para lograr que en el año 2020 el 25% de
la energía sea de origen renovable.
Algunos excesivamente
optimistas interpretan que se trata de un primer paso para que
durja
una Europa alimentada en un futuro al 100% por estas fuentes.
Entre los primeros puntos considerador es que se apoye mucho más la
climatización (calefacción y refrigeración a partir de fuentes
renovables). “Es una de la tecnologías que más atención
necesita”, afirman en la declaración, al tiempo que recuerdan
que climatización consume, actualmente, el 40% de la energía
primaria en Europa.
Piden, asimismo, mayor coordinación para eliminar las barreras
que aún existen en relación a la inyección en la red
electricidad de origen renovables y unas condiciones de mercado
justas.
Analizar el impacto en el medio ambientes y los costes externos
relacionados de las energías de origen fósil y la nuclear; y que
se explote el potencial de la bioenergía y los biocarburantes,
en conjunción con la agricultura y la industria forestal
sostenibles y en el marco de la estrategia europea sobre
residuos, son otras de sus peticiones.
“La declaración de Edimburgo supone un hito para las energías
renovables y la eficiencia energética, las únicas fuentes
capaces de proveer a Europa de energía limpia en un futuro
–afirmó Mechtild Rothe, miembro del Parlamento Europeo y
presidente de EUFORES –.Ahora corresponde a los políticos fijar
el marco normativo que permita ir lo más lejos en el desarrollo
de estas fuentes a escala nacional y europea”.
“El mensaje es claro. No hay otra alternativa de futuro que las
renovables.. Cuanto antes las desarrollemos a gran escala, más
rentables serán económicamente”, señaló por su parte Claude
Turmes, vicepresidente de Eufores y miembro de Los Verdes.
Turmes recordó, además, que los costes de estas fuentes han ido
bajando de manera continua. “El coste de la eólica, por ejemplo,
se ha reducido en un 80% en relación a hace diez años. Además,
salvo en el caso de la biomasa, sólo hay que pagar por la
tecnología, no por el combustible”.
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