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Finalmente se han confirmado los rumores que aseguraban, desde
principios de año, que Venezuela estaba intentando encontrar un
proveedor de tecnología para ingresar al mundo de la energía
atómica. Chávez en una declaración radial aseguró que podría
recibir ayuda de otros países como Brasil, Argentina, Corea del
Norte o Irán para ejercer el derecho de desarrollar la energía
atómica con fines pacíficos.
El
primer país que se apartó de la idea fue Brasil, cuya
cancillería aseguró no tener ningún convenio de cooperación
nuclear que permitiera brindar ese tipo de asistencia a
Venezuela.
El
portavoz oficial del Ministerio de Ciencia y Tecnología de
Brasil señaló que "en vista de una participación de Irán -tal
como el Presidente Chávez sugirió- tal sociedad podría ser
temeraria" ya que "Brasil no está interesado en cooperar
con países que no siguen tratados internacionales y cuyos
programas nucleares no están monitoreados por autoridades
competentes".
La
idea también divide las aguas dentro de la administración de
Néstor Kirchner que está tratando de eludir roces con el
Gobierno de los EE.UU. sobre todo ante la cercanía de la IV Cumbre de las
Américas. Washington ya hizo notar que considera la venta de
tecnología nuclear a Venezuela un asunto de alta sensibilidad en
atención a los vínculos de Chávez con el líder cubano Fidel
Castro y el Presidente de Irán Mahmoud
Ahmadinejad.
Funcionarios del Departamento de Estado norteamericano
consideran que las pretensiones venezolanas son un llamado de
atención sobre sucesos en la región que se pensaban más
distantes. Han interpuesto su opinión que todos los Estados
deberían adherirse a las obligaciones del Tratado de No
Proliferación Nuclear y que todas las instalaciones nucleares
deberían contar con las salvaguardias necesarias.
Sin
embargo, llamó la atención de los observadores el silencio de la
cancillería argentina que pareció convalidar la existencia de
negociaciones secretas que finalmente se confirmaron.
Fue
el propio presidente venezolano Hugo Chávez quien confirmó
abiertamente que está buscando un acuerdo de cooperación nuclear
con la Argentina.
El jefe del Estado reafirmó que "estamos interesados en cooperar
con la generación de energía alternativa al petróleo, porque
éste se va a acabar un día. Teníamos el equipo más avanzado de
Suramérica. Ahora estamos activando un nuevo equipo y
contactamos a los países sudamericanos para que nos ayuden",
agregó.
Por
su parte, el
embajador de Venezuela en Buenos Aires, Roger Capella Mateo,
reiteró la decisión del país de comprar un reactor nuclear a
Argentina.
"¿Por
qué diablos no podemos tener esa tecnología si la tienen todos los países, incluido Estados
Unidos?", se preguntó el embajador venezolano durante una
entrevista. Además, insistió: "Nosotros tenemos la plata para
comprarlo".
Pese
a estas definiciones políticas, existen notorias diferencias
entre los funcionarios del gobierno venezolano
respecto del tema en cuestión y, sobre todo, referido a dos
aspectos fundamentales: primero, la necesidad de introducir
centrales nucleares en un país como Venezuela poseedor de la
mayor reserva de hidrocarburos en la región y; segundo, la
capacidad actual de Argentina para suministrar una central
nuclear de potencia, habida cuenta del prolongado período de
inactividad de ese sector que ha sido prácticamente desmantelado
y de las enormes dificultades que experimenta para finalizar su
tercera usina atómica.
Los
asesores científicos del gobierno venezolano objetan también la
negociación sobre la base de un reactor experimental pequeño, ya
que por ese camino demandaría décadas llegar a tener un reactor
de potencia conectado a la red eléctrica. Muchos de ellos
consideran que hubiera resultado más interesante un acercamiento
con Rusia, Francia o Canadá para lograr
Venezuela es un país
que casi no tiene desarrollo nuclear. El único reactor de
investigación que dispone es el pequeño RV-1 (de 3 MW), comprado a
General Electric en 1956. Comenzó a operar en julio de 1960 y
fue cerrado oficialmente —pero no desmantelado— en 1994.
Según trascendió, la Comisión Nacional de Energía Atómica y la empresa estatal Invap
SE estarían entonces procurando ofrecer un modelo del prototipo de reactor
de potencia intermedia (25 MW) denominada Central Argentina de
Elementos Modulares (CAREM) por un costo de entre
300 millones y 400 millones de dólares, pero -dicen los asesores
del gobierno venezolano- sería muy costoso, en términos de
inversión por KW, y extremadamente arriesgado, ya que ni
siquiera Argentina ha construido una sola unidad del modelo
ofrecido y no se conocen planes concretos para hacerlo.
El ministro de energía, Rafael Ramírez, afirmó categóricamente
que no estaba entre los planes del ejecutivo adquirirlo, ya que
el país está muy distante del
eventual agotamiento de sus recursos petroleros y gasíferos.
Dijo que con Argentina "sólo existen" acuerdos de intercambio
de información y tecnología sobre la energía atómica. No hay planes para comprar un reactor nuclear. Estamos sólo en
materia de estudio para decidir su ubicación, su localización",
dijo el funcionario.
Desmintió que la idea de instalar un reactor nuclear tenga
ninguna relación con actividades petroleras en la cuenca del
Orinoco.
Advirtió que en caso de que Venezuela algún día cristalice el proyecto
de instalar una central nuclear "sería para la generación de energía eléctrica. Eso
sería una buena idea para diversificar nuestras fuentes de
energía primaria", señaló.
"No
hay negociación; lo que hay son acuerdos para la cooperación
científica; es decir, de intercambios de técnicos, desarrollo de
estudios, pero no hay un acuerdo concreto para la adquisición de
elemento alguno que tenga que ver con la generación de energía
atómica", explicó. Por ahora, únicamente "el Gobierno venezolano ha establecido contactos con
Argentina para comprar 80 bombas de cobalto para el
tratamiento contra el cáncer".
Por otra parte, en Venezuela -dentro del movimiento
"bolivariano"- existen grupos ecologistas que han participado de
todos los movimientos anti-globalización que se oponen a toda
forma de energía nuclear. Ya han enviado una carta al Presidente
Chávez en la que manifiestan su discrepancia con el contenido de las declaraciones
oficiales según las cuales la energía nuclear puede considerarse
una alternativa “barata y segura”.
En
la presentación, consideran "imprescindible abrir el debate en
Venezuela acerca de la política energética y tecnológica que
deberá adoptar el Proceso Revolucionario, si de verdad estamos
dispuestos a construir un orden civilizatorio que nos permita
superar la irracionalidad del casino global de la economía
contemporánea".
"Nuestro propósito -sigue la presentación- es más bien llamar la atención acerca del
riesgo de naufragio que correría cualquier proyecto socialista,
al embarcarse en la aventura de copiar compulsivamente el modelo tecno-productivo de su adversario. Esa fue una de las
principales razones del fracaso del socialismo del siglo XX o,
más específicamente, del ensayo soviético: la competencia
tecnológica y militar con las potencias capitalistas de
Occidente asfixió, hasta hacerlo perecer, el impulso
revolucionario inicial a favor de la democratización radical de
las decisiones políticas y la gestión horizontal de las
actividades económicas".
Por
su parte, el tradicional partido socialcristiano COPEI, opositor
al Presidente Chávez, consideró que la compra
de un reactor a la Argentina es "una aberración" que va a
"dilapidar el dinero del pueblo venezolano".
Vistas las complicaciones políticas y tecnológicas de la
operación, muchos observadores consideran que la estrategia de
Chávez con estos anuncios es llamar la atención de Washington y
complicar la política estadounidense en la próxima Cumbre de las
Américas. La interpretación del bolivariano ministro de la Defensa, Orlando Maniglia,
con respecto al reactor
nuclear es por demás sugestiva ya que se mostró dubitativo y señaló que
"si quiere
especulamos, soñamos si quiere, pero todavía faltan muchas cosas
que hacer".
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