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COMPLEJO ESCENARIO
De no mediar un salto tecnológico
espectacular y a pesar del notable avance de las fuentes no
convencionales de producción energética, el petróleo y el gas
seguirán jugando un papel relevante -por no decir hegemónico- en los
próximos 30 años.
Con los precios del petróleo
ascendiendo hasta los U$S 70 por barril -que dista de su máximo
histórico a moneda constante que fue de U$S 82 en 1980-, muchos
analistas han comenzado a cuestionar si los paradigmas que
caracterizaron el desarrollo energético mundial durante el último
siglo podrán continuar garantizando el acceso y disponibilidad de
energía en el futuro cuando grandes poblaciones se incorporen al
consumo.
Debemos considerar que en las
naciones no desarrolladas, el promedio anual de consumo de petróleo,
apenas si llega de dos barriles por habitante. En las naciones
desarrolladas es de 18 barriles; y dentro de las desarrolladas, un
europeo consume poco más de la mitad que un estadounidense promedio.
Si los chinos e hindúes, que
presionan sobre el mercado con su tasa de desarrollo económico,
elevan su actual consumo promedio de dos a cuatro barriles de
petróleo por año, el resultado sería un incremento en la demanda
global de 85 millones de barriles por día que los productores sólo
podrían satisfacer invirtiendo cifras inimaginables para aumentar su
capacidad extractiva.
Según datos oficiales, computando
el crecimiento de la demanda estimada, tardaremos sólo 30 años en
consumir el petróleo actualmente disponible; es decir, sin
considerar la eventual incorporación de yacimientos a ser
descubiertos.
Hasta hace poco -salvo en
situaciones puntuales en 1973 y 1979- la industria petrolera logró
incrementar su producción, manteniéndose al ritmo del crecimiento de
la demanda.
El desarrollo de nuevas
tecnologías, como la sísmica 3D de alta resolución, las
perforaciones en aguas profundas y ultraprofundas, la perforación
geodirigida y la perforación horizontal, han permitido en los
últimos 20 años, no solo incrementar el factor de recuperación en
los yacimientos ya conocidos, sino también realizar importantes
descubrimientos en zonas antes inaccesibles.
El paradigma que permitió esta
dinámica extraordinaria se basó en la consideración de la energía
como mercancía; con cotización abierta en un mercado globalizado. La
industria petrolera se caracteriza por afrontar mayores riesgos que
otras actividades, pero también por alcanzar beneficios
comparativamente superiores a los de otras commodities.
La misma OPEP -y su contrapartida
de productores no OPEP "administrando" -a veces salvajemente- el
volumen de su producción , pretendieron resolver disputas políticas,
regular la distribución de la renta del negocio petrolero
internacional y la gravitación del precio de los energéticos sobre
el conjunto de la economía mundial.
Claramente, las anteriores crisis
petroleras estuvieron motivadas por razones principalmente políticas
y económicas, en torno al negocio y su relación con el dispar
interés de los Estados productores y consumidores.
NUEVOS PARÁMETROS
En cambio, la aceleración en los
precios que estamos presenciando ahora se basa en una combinación de
factores, tales como una demanda global sin precedentes, falencias
en la capacidad de refino en las naciones consumidoras y temores
crecientes sobre futuras insuficiencias en la disponibilidad de
petróleo y gas.
El riesgo de incorporar cierto "costo
político" a esta ecuación sigue presente, ya que la mayor parte
de los actuales yacimientos se encuentran concentrados en un puñado
de áreas calientes de conflicto constante.
Los mercados también han tomado
debida nota de los informes emitidos por las empresas petroleras en
los que se verifica un descenso en los hallazgos de nuevos
yacimientos. Muchas empresas se vieron obligadas a concentrar su
accionar en la mayor explotación de las reservas existentes. Para
evitar la caída de sus cotizaciones bursátiles y la bancarrota, que
podría ocasionar la falta de nuevos descubrimientos, las más
poderosas compraron las reservas de otras compañías, a través de
agresivas fusiones corporativas.
Ya estamos inmersos en un proceso
de concentración de la capacidad financiera y eventualmente una
reducción en el número de actores privados en el mercado.
Lo cierto es que, en los últimos
años, casi ninguna compañía –privada o pública- logra reponer la
totalidad del crudo globalmente extraído.
Los expertos estiman que, de no
mediar grandes descubrimientos, los mercados mundiales se dirigen a
una crisis de suministro dentro de las próximas dos décadas porque
los yacimientos de los productores no OPEP comenzarán su inexorable
declinación y la OPEP se verá incapacitada para asumir por sí sola
la satisfacción de la demanda.
El efecto del cambio climático
también acentuó el temor a la insuficiencia, ya que los científicos
estiman una mayor ocurrencia de fenómenos que recientemente han
demostrado su capacidad para inflingir severos daños a estructuras
tanto de producción como de refino y distribución en el Golfo de
México y Sudeste de Asia.
Por ejemplo, según las últimas
proyecciones de la Agencia Internacional de Energía, para 2030 los
cinco mayores productores del Golfo estarán obligados a bombear 51.8
millones de barriles diarios que equivale al 43% de la demanda
global estimada de 121.3 millones de barriles diarios. Hoy a todo
vapor producen 38 millones de barriles al día.
Los petroleros saben que el
desafío que tienen por delante consiste en explorar en zonas más
difíciles, a grandes profundidades en el mar, en aguas
internacionales, e incluso en zonas climáticamente extremas. Aunque
no hay garantía sobre el éxito que tendrá la campaña exploratoria,
hay que considerar la vastedad del territorio virgen existente y la
aplicación de nuevas tecnologías para la localización de los
depósitos que podrían ser de gran ayuda tanto para limitar el riesgo
como para acelerar el proceso. Pero esto es equivalente a mayor
magnitud en las inversiones y también mayor costo final para el
barril de petróleo.
Los analistas estratégicos saben
que la competencia por incorporar estas nuevas áreas agrega al
escenario nuevas tensiones y futuras disputas internacionales por la
soberanía de los recursos muchas de las cuales ya han comenzado a
evidenciarse.
NUEVO PARADIGMA
El concepto de seguridad
energética es el nuevo paradigma instalado en la política
energética internacional, tanto para adquirir como para proteger los
suministros. Grandes actores como Estados Unidos, China, India,
Rusia, Japón y las principales naciones europeas han convertido a
este postulado en una de sus máximas prioridades estratégicas.
Garantizar el acceso a suficientes
suministros de energéticos es también una gran preocupación de
naciones emergentes como Brasil, Israel, Malasia, Tailandia y
Turquía ya que se espera que muchas de ellas dupliquen o tripliquen
su consumo de energía en los próximos 20 años.
La aplicación de este nuevo
paradigma no se agota en estos dos puntos. Tiene a su vez
consecuencias políticas adicionales, que irán modificando el
escenario:
Por una parte, el petróleo dejará
de ser considerado una mercancía; su control llevará a una mayor
intervención de los estados nacionales en la actividad energética y;
por la otra, se establecerá una agresiva competencia entre las
naciones por captar inversores con suficiente capacidad financiera
para afrontar la magnitud económica de los nuevos desafíos
exploratorios y asociarlos a sus intereses.
La seguridad también significa que
se propenderá con énfasis en casi todo el mundo a una mayor
diversificación de fuentes incluyendo los sistemas convencionales y
nucleares, la hidráulica y las renovables para reducir, en lo
posible, la dependencia respecto de los hidrocarburos.
Finalmente, la aplicación del
concepto de seguridad energética significará un impulso hacia
la integración regional tanto para asegurar la disponibilidad
conjunta de los recursos y la respuesta ante eventuales crisis como
para "cerrar" el acceso de terceros a los recursos energéticos.
Las naciones rezagadas, que no
sepan o no puedan aplicar este nuevo paradigma en su política y
programación energética, no sólo carecerán de seguridad en el
suministro sino que deberán afrontar el costo del estancamiento.
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