Publicación mensual de la Fundación "Consejo para el Proyecto Argentino"              Año XXII

 30 de Setiembre de 2005   

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Secretaría de Energía

 

EDITORIAL

 NUEVO PARADIGMA DE LA POLÍTICA ENERGÉTICA

Por Carlos José Aga

Director

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COMPLEJO ESCENARIO

De no mediar un salto tecnológico espectacular y a pesar del notable avance de las fuentes no convencionales de producción energética, el petróleo y el gas seguirán jugando un papel relevante -por no decir hegemónico- en los próximos 30 años.

Con los precios del petróleo ascendiendo hasta los U$S 70 por barril -que dista de su máximo histórico a moneda constante que fue de U$S 82 en 1980-, muchos analistas han comenzado a cuestionar si los paradigmas que caracterizaron el desarrollo energético mundial durante el último siglo podrán continuar garantizando el acceso y disponibilidad de energía en el futuro cuando grandes poblaciones se incorporen al consumo.

Debemos considerar que en las naciones no desarrolladas, el promedio anual de consumo de petróleo, apenas si llega de dos barriles por habitante. En las naciones desarrolladas es de 18 barriles; y dentro de las desarrolladas, un europeo consume poco más de la mitad que un estadounidense promedio.

Si los chinos e hindúes, que presionan sobre el mercado con su tasa de desarrollo económico, elevan su actual consumo promedio de dos a cuatro barriles de petróleo por año, el resultado sería un incremento en la demanda global de 85 millones de barriles por día que los productores sólo podrían satisfacer invirtiendo cifras inimaginables para aumentar su capacidad extractiva.

Según datos oficiales, computando el crecimiento de la demanda estimada, tardaremos sólo 30 años en consumir el petróleo actualmente disponible; es decir, sin considerar la eventual incorporación de yacimientos a ser descubiertos.

Hasta hace poco -salvo en situaciones puntuales en 1973 y 1979- la industria petrolera logró incrementar su producción, manteniéndose al ritmo del crecimiento de la demanda.

El desarrollo de nuevas tecnologías, como la sísmica 3D de alta resolución, las perforaciones en aguas profundas y ultraprofundas, la perforación geodirigida y la perforación horizontal, han permitido en los últimos 20 años, no solo incrementar el factor de recuperación en los yacimientos ya conocidos, sino también realizar importantes descubrimientos en zonas antes inaccesibles.

El paradigma que permitió esta dinámica extraordinaria se basó en la consideración de la energía como mercancía; con cotización abierta en un mercado globalizado. La industria petrolera se caracteriza por afrontar mayores riesgos que otras actividades, pero también por alcanzar beneficios comparativamente superiores a los de otras commodities.

La misma OPEP -y su contrapartida de productores no OPEP "administrando" -a veces salvajemente- el volumen de su producción , pretendieron resolver disputas políticas, regular la distribución de la renta del negocio petrolero internacional y la gravitación del precio de los energéticos sobre el conjunto de la economía mundial.

Claramente, las anteriores crisis petroleras estuvieron motivadas por razones principalmente políticas y económicas, en torno al negocio y su relación con el dispar interés de los Estados productores y consumidores.

NUEVOS PARÁMETROS

En cambio, la aceleración en los precios que estamos presenciando ahora se basa en una combinación de factores, tales como una demanda global sin precedentes, falencias en la capacidad de refino en las naciones consumidoras y temores crecientes sobre futuras insuficiencias en la disponibilidad de petróleo y gas.

El riesgo de incorporar cierto "costo político" a esta ecuación sigue presente, ya que la mayor parte de los actuales yacimientos se encuentran concentrados en un puñado de áreas calientes de conflicto constante.

Los mercados también han tomado debida nota de los informes emitidos por las empresas petroleras en los que se verifica un descenso en los hallazgos de nuevos yacimientos. Muchas empresas se vieron obligadas a concentrar su accionar en la mayor explotación de las reservas existentes. Para evitar la caída de sus cotizaciones bursátiles y la bancarrota, que podría ocasionar la falta de nuevos descubrimientos, las más poderosas compraron las reservas de otras compañías, a través de agresivas fusiones corporativas.

Ya estamos inmersos en un proceso de concentración de la capacidad financiera y eventualmente una reducción en el número de actores privados en el mercado.

Lo cierto es que, en los últimos años, casi ninguna compañía –privada o pública- logra reponer la totalidad del crudo globalmente extraído.

Los expertos estiman que, de no mediar grandes descubrimientos, los mercados mundiales se dirigen a una crisis de suministro dentro de las próximas dos décadas porque los yacimientos de los productores no OPEP comenzarán su inexorable declinación  y la OPEP se verá incapacitada para asumir por sí sola la satisfacción de la demanda.

El efecto del cambio climático también acentuó el temor a la insuficiencia, ya que los científicos estiman una mayor ocurrencia de fenómenos que recientemente han demostrado su capacidad para inflingir severos daños a estructuras tanto de producción como de refino y distribución en el Golfo de México y Sudeste de Asia.

Por ejemplo, según las últimas proyecciones de la Agencia Internacional de Energía, para 2030 los cinco mayores productores del Golfo estarán obligados a bombear 51.8 millones de barriles diarios que equivale al 43% de la demanda global estimada de 121.3 millones de barriles diarios. Hoy a todo vapor producen 38 millones de barriles al día.

Los petroleros saben que el desafío que tienen por delante consiste en explorar en zonas más difíciles, a grandes profundidades en el mar, en aguas internacionales, e incluso en zonas climáticamente extremas. Aunque no hay garantía sobre el éxito que tendrá la campaña exploratoria, hay que considerar la vastedad del territorio virgen existente y la aplicación de nuevas tecnologías para la localización de los depósitos que podrían ser de gran ayuda tanto para limitar el riesgo como para acelerar el proceso.  Pero esto es equivalente a mayor magnitud en las inversiones y también mayor costo final para el barril de petróleo.

Los analistas estratégicos saben que la competencia por incorporar estas nuevas áreas agrega al escenario nuevas tensiones y futuras disputas internacionales por la soberanía de los recursos muchas de las cuales ya han comenzado a evidenciarse.

NUEVO PARADIGMA

El concepto de seguridad energética es el nuevo paradigma instalado en la política energética internacional, tanto para adquirir como para proteger los suministros. Grandes actores como Estados Unidos, China, India, Rusia, Japón y las principales naciones europeas han convertido a este postulado en una de sus máximas prioridades estratégicas.

Garantizar el acceso a suficientes suministros de energéticos es también una gran preocupación de naciones emergentes como Brasil, Israel, Malasia, Tailandia y Turquía ya que se espera que muchas de ellas dupliquen o tripliquen su consumo de energía en los próximos 20 años.

La aplicación de este nuevo paradigma no se agota en estos dos puntos. Tiene a su vez consecuencias políticas adicionales, que irán modificando el escenario:

Por una parte, el petróleo dejará de ser considerado una mercancía; su control llevará a una mayor intervención de los estados nacionales en la actividad energética y; por la otra, se establecerá una agresiva competencia entre las naciones por captar inversores con suficiente capacidad financiera para afrontar la magnitud económica de los nuevos desafíos exploratorios y asociarlos a sus intereses.

La seguridad también significa que se propenderá con énfasis en casi todo el mundo a una mayor diversificación de fuentes incluyendo los sistemas convencionales y nucleares, la hidráulica y las renovables para reducir, en lo posible, la dependencia respecto de los hidrocarburos.

Finalmente, la aplicación del concepto de seguridad energética significará un impulso hacia la integración regional tanto para asegurar la disponibilidad conjunta de los recursos y la respuesta ante eventuales crisis como para "cerrar" el acceso de terceros a los recursos energéticos.

Las naciones rezagadas, que no sepan o no puedan aplicar este nuevo paradigma en su política y programación energética, no sólo carecerán de seguridad en el suministro sino que deberán afrontar el costo del estancamiento.


 

            Fundación "Consejo para el Proyecto Argentino