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Como se recordará, la crisis nuclear estalló en
octubre 2002, cuando
Pyongyang reconoció haber reanudado su programa de armamento
nuclear, en violación de un acuerdo bilateral firmado con EE UU en
1994. Poco después, Corea del Norte expulsó a los inspectores de la
OIEA y se salió del Tratado de No proliferación nuclear, en un pulso
con Washington que culminó el pasado mes de febrero, al reconocer
Pyongyang que poseía armas atómicas.
En 2003, una delegación estadounidense que visitó Pyongyang difundió
al mundo que Corea del Norte estaba a punto de terminar el
reprocesamiento de 8 mi barras de uranio para obtener armas atómicas.
Posteriormente, a medida que se
recalentaban las relaciones, Pyongyang reconoció,
por primera vez, haber fabricado sus armas nucleares. Se considera
muy probable que se haya reunido suficiente material como para media
docena de bombas atómicas de plutonio, aunque es sabido que no
existieron pruebas nucleares para demostrar esa capacidad.
Las tres primeras rondas de diálogo en Pekín, principal aliado de
Pyongyang, para persuadir al régimen norcoreano de que abandone su
programa nuclear, se cerraron sin frutos y con la
exigencia del régimen norcoreano de un compromiso de no agresión de
Estados Unidos. Las tensiones entre Washington y Pyongyang se
intensificaron en enero, cuando la Secretaria de Estado de Estados
Unidos, Condoleezza Rice, calificó a Corea del Norte de "reducto
de tiranía". Y el Presidente Bush, incluyó al país en su
denominado "Eje del mal".
En esos momentos entró en punto muerto
el proceso de las conversaciones a seis bandas (Corea del Norte,
Corea del Sur, China, Rusia, Japón y EE.UU.)
Sin embargo, bajo presión China, Pyongyang destacó su intención de
lograr una solución dialogada al problema, una propuesta
oriental basada en una táctica para conseguir mayores concesiones
económicas y diplomáticas a cambio de reanudar las conversaciones.
Finalmente, cuando había muchos escépticos, los contactos entre los
seis países se reactivaron, lo que, según China, estaba creando "la
atmósfera adecuada" para arribar a una solución política
satisfactoria y honorable.
Finalmente, se adoptó un comunicado conjunto. “Las seis partes
-dice el documento- hacen hincapié en que lograr
la total desnuclearización de la península norcoreana era el
objetivo de las conversaciones". Así, el régimen norcoreano se
compromete a "abandonar sus programas de armamento nuclear y los
programas nucleares existentes" y a volver al Tratado de No
Proliferación nuclear. Además,
permitirá que inspectores de la OIEA supervisen sus instalaciones.
Desde Washington se ha aplaudido
con cautela el compromiso norcoreano.
El portavoz de la Casa Blanca, Scott Mc-Clellan, ha asegurado que se trata de
"un buen acuerdo" pero que la clave estará en "su implementación".
Pensando sin dudas que el caso coreano podría redundar en un esquema
multipartito similar para ser aplicado a Irán.
Eso significa desmantelar su programas nucleares,
permitir las inspecciones y demostrar que ha acabado sus actividades
nucleares". Especialmente se espera que Corea del Norte
cese la actividad de las instalaciones de Yongbyon, donde trabajan
más de 2000 científicos coreanos.
Las
principales instalaciones existentes consisten en un reactor de
investigación 5 MW, un reactor de mayor potencia en construcción (50
MW) y una planta de reprocesamiento de plutonio. Yongbyon también es
la sede del Laboratorio Radioquímico, la planta de concentrados de
uranio, la Planta de Fabricación de Elementos Combustibles y un
depósito de combustibles gastados.
El movimiento norcoreano obtiene en contrapartida el compromiso de
sus interlocutores de suministrarle energía y petróleo. El
compromiso de estudiar el posible suministros de un reactor de agua
liviana. Los miembros de las conversaciones consideran como parte de
la asistencia energética la posibilidad que Corea del Sur
interconecte las redes en la zona militarizada que divide la
península.
Asimismo,
Washington y Tokio ya han anunciado su intención de normalizar
relaciones diplomáticas con Pyongyang. "En aras de la paz y la
estabilidad en la península coreana y el Norte de Asia en general",
las seis partes han firmado este texto, por el que EE UU y Corea del
Norte se comprometen a respetar la soberanía mutua y coexistir
pacíficamente.
En este sentido, EE.UU. confirma que no posee armas
nucleares en la península coreana y no tiene ninguna intención de
atacar o invadir a Corea del Norte con armamento convencional ni
nuclear.
Mediante el documento, China, Japón, Corea del Sur, Rusia y EE UU
expresan su intención de prestar ayuda energética a Corea del Norte
-petróleo y electricidad- y permitir el uso de sus reactores de agua
ligera, como parte de su "derecho al uso de energía nuclear con
fines pacíficos", según fuentes de la delegación surcoreana.
No obstante, estos acuerdos serán concretados en una nueva ronda de
conversaciones, la quinta, que se celebrará a primeros de noviembre
en Pekín, según anuncia el comunicado conjunto.
La implementación se presenta
como un tema extremadamente delicado ya que Corea del Norte se niega
a un desarme total si no obtiene las concesiones prometidas mientras
que Washington ha sostenido que quiere ver las armas completamente
desmanteladas antes de otorgar ninguna recompensa. "Estados
Unidos no debe soñar siquiera en el asunto del desmantelamiento del
disuasor nuclear antes de proporcionar los reactores de agua
liviana, una garantía física para generar confianza", señaló la
Cancillería norcoreana en un comunicado.
"Esta es nuestra posición justa y consistente, tan sólida como
una roca", añadió el comunicado.
La Cancillería declaró también que no se reintegrará al tratado de
no proliferación ni firmará un acuerdo de salvaguardas con el OIEA,
sino hasta que reciba los reactores prometidos.
La postura norcoreana representar un punto de conflicto en las
conversaciones que comenzarían en noviembre, sobre la implementación
del acuerdo logrado.
El acuerdo, de todas maneras establece pasos y etapas para
instrumentar los puntos bajo el principio "compromiso por
compromiso" y "acción por acción".
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