Publicación mensual de la Fundación "Consejo para el Proyecto Argentino"   Año XXII

31 de Agosto de 2005   

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ANÁLISIS ESPECIALIZADO

¿CRISIS DE GAS EN EL MEDITERRÁNEO?

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Expertos españoles han comenzado a percibir la posibilidad de una crisis en el abastecimiento de gas en la zona del Mar Mediterráneo. En particular consideran que España está en una situación más vulnerable que Italia frente a posibles cortes de gas, debido a nuestros problemas estructurales en reservas propias, almacenamiento y alta dependencia del gas argelino.

En el último invierno europeo se registraron cortes parciales pese a que coexisten diferentes sistemas de gas.

El área mediterránea es muy diferente en el negocio del gas, entre sus dos orillas. Simplificando, el Sur exporta la materia prima, y el Norte la consume. Para atender a su mercado precisa de reservas propias o acceso a las ajenas con infraestructura de transporte para su importación y su distribución, e instalaciones que aseguren y posibiliten su modulación.

Al comparar la situación de Italia y España, se detectan diferencias sustanciales en su madurez y en el tamaño de sus mercados, Italia consume diariamente más de 200 millones de metros cúbicos de gas, y España consumió 75 millones diarios en 2004.

La longitud de la red de transporte italiana es más del doble que la nuestra, pero, en términos unitarios (estadísticas de BP), a cada cliente le corresponden 2,7 metros de gasoducto en España, y sólo 2 metros en Italia, consecuencia del menor grado de madurez y desarrollo gasista en nuestro país.

España país carece prácticamente de reservas y producción propias (en 2004 aportaron escasamente el 1% del consumo), pero en Italia satisfacen más del 16% de su demanda, y podrían cubrir casi la mitad del consumo español. La seguridad en el suministro de gas, proporcionada por su grado de autosuficiencia, es muy significativa.

Al no disponer de las reservas propias necesarias (casi inexistentes en el caso de España), se ha de recurrir a importaciones de gas. También en ello hay diferencias sustanciales entre los dos países. De las dos opciones de aprovisionamiento, con gasoductos o con metaneros, Italia prácticamente depende de la importación canalizada, mientras que España cuenta con cuatro plantas regasificadoras de GNL. Ambas alternativas son compatibles y complementarias. En teoría, y para transportar grandes volúmenes, los gasoductos son la mejor alternativa. Pero los metaneros dan más flexibilidad al sistema, al permitir recibir gas de múltiples procedencias.

Italia sólo tiene una planta de gas natural licuado (GNL) –Panigaglia, en Liguria–, con una capacidad máxima de 3,5 BCMA (miles de millones de metros cúbicos de gas al año) que, en 2004, sólo regasificó 2,1 BCM, menos del 3% de su consumo. En cambio, las plantas de Barcelona, Cartagena, Huelva y Bilbao proporcionaron casi 2/3 del consumo español en 2004, importando gas de Argelia (37% de todo el GNL importado), Libia, Golfo Pérsico y Nigeria.

Hasta 2003 se importó también GNL de Trinidad, donde compañías con capital español tienen importantes participaciones accionariales en sociedades con reservas y trenes de licuefacción de gas. En 2004 no se envió a España ni un solo cargamento de GNL trinitario, al destinarse casi toda la producción al mercado norteamericano, aplicando la regla comercial básica de vender donde haya más beneficio.

España dispone de un gran gasoducto para la entrada de gas al sistema, el del Magreb, que lo une a Argelia a través de Marruecos y el Estrecho de Gibraltar. En 2004 aportó el 75% de todo el gas que importamos por tubería. El otro gasoducto significativo entra por Larrau, en el Pirineo navarro, y tiene una capacidad nominal cuatro veces menor que aquél.



Importa gas noruego mediante la conexión con la red europea, y en 2004 aportó sólo un 8% del consumo español. De todo ello resulta que más de la mitad de las necesidades españolas de gas están atendidas (por gasoducto o por metaneros) por un único país, Argelia, lo que hipoteca la garantía de suministro, y ello sin considerar ninguna connotación política.

En Italia, las importaciones de gas se hacen casi exclusivamente mediante gasoductos, con grandes conducciones que la enlazan con Rusia (dos líneas, vía Austria), con el norte de Europa (una línea con Holanda y Noruega), con Argelia (dos líneas, vía Sicilia/Calabria) y con Libia (una línea, inaugurada en 2004, vía Sicilia/Calabria). Esto le da una gran diversidad de suministros, lo que redunda en la seguridad de sus aprovisionamientos. Reforzada, además, por la más que notable producción propia, no lo olvidemos.

Pudiera parecer anecdótico, pero, siendo siempre Italia un gran productor de gas, empezó a importar mediante gasoducto desde Argelia (el principal suministrador de los dos países), en 1983. España demoró trece años más en hacerlo -no comenzó hasta 1996-, lo que muestra también el retraso del sistema de gas de España.

En cuanto a la la infraestructura de modulación de las entregas de gas, para adaptarlas a las oscilaciones de la demanda y para mantener una reserva estratégica, que compense cortes imprevistos de los suministros del exterior, la única alternativa viable  de España es acumular gas en almacenamientos subterráneos con volumen suficiente (incluso exigido por la legislación), para extraerlo cuando surjan dichas eventualidades y solucionar, o al menos mitigar, rápidamente su efecto.

En esto, también hay diferencias entre España e Italia. España cuenta con dos BCM de capacidad útil en sus almacenamientos, en Serrablo y Gaviota, manteniendo los pequeños campos de Poseidón (golfo de Cádiz) como almacenamiento estratégico. Aunque al gas almacenado en ellos se sumase al que está en los gasoductos, más el de los tanques criogénicos de las plantas de regasificación, la CNE estima que sería difícil garantizar el suministro español, en condiciones normales, más allá de un mes, aproximadamente. Y sin producción propia, prácticamente, que aliviase el problema.

Por el contrario, Italia tiene ocho almacenamientos con más de 12 BCM de capacidad, lo que supera a todo el gas que importan en dos meses, y puede dar puntas de emisión de más del 160% de la media diaria de gas importado. Notable diferencia con España.

DUDAS

Los expertos y analistas se preguntan si se repetirá el desabastecimiento. En tal sentido, concluyen que en Italia es difícil. La diversidad de sus aprovisionamientos, con múltiples orígenes y puntos de entrada del gas, la garantía adicional de su producción propia, más su capacidad de almacenamiento, suponen un conjunto de sistemas redundantes que minimizan los riesgos de interrupción del suministro. En cambio, España es mucho más vulnerable, al tener una demanda muy creciente, sin apenas producción propia, con insuficientes almacenamientos de gas, prácticamente con sólo dos gasoductos significativos de entrada (considerando como tal al de Larrau), más una muy alta dependencia del suministro de gas argelino. El riesgo de próximos cortes llegado el frío es preocupantemente alto.


 

            Fundación "Consejo para el Proyecto Argentino