Expertos españoles han comenzado a percibir la
posibilidad de una crisis en el abastecimiento de gas en la zona del
Mar Mediterráneo. En particular consideran que España está en una
situación más vulnerable que Italia frente a posibles cortes de gas,
debido a nuestros problemas estructurales en reservas propias,
almacenamiento y alta dependencia del gas argelino.
En el último invierno europeo se registraron cortes parciales pese a
que coexisten diferentes sistemas de gas.
El área mediterránea es muy diferente en el
negocio del gas, entre sus dos orillas. Simplificando, el Sur
exporta la materia prima, y el Norte la consume. Para atender a su
mercado precisa de reservas propias o acceso a las ajenas con
infraestructura de transporte para su importación y su distribución,
e instalaciones que aseguren y posibiliten su modulación.
Al comparar la situación de Italia y España, se detectan diferencias
sustanciales en su madurez y en el tamaño de sus mercados, Italia
consume diariamente más de 200 millones de metros cúbicos de gas, y
España consumió 75 millones diarios en 2004.
La longitud de la red de transporte italiana es más del doble que la
nuestra, pero, en términos unitarios (estadísticas de BP), a cada
cliente le corresponden 2,7 metros de gasoducto en España, y sólo 2
metros en Italia, consecuencia del menor grado de madurez y
desarrollo gasista en nuestro país.
España país carece prácticamente de reservas y producción propias
(en 2004 aportaron escasamente el 1% del consumo), pero en Italia
satisfacen más del 16% de su demanda, y podrían cubrir casi la mitad
del consumo español. La seguridad en el suministro de gas,
proporcionada por su grado de autosuficiencia, es muy significativa.
Al no disponer de las reservas propias necesarias (casi inexistentes
en el caso de España), se ha de recurrir a importaciones de gas.
También en ello hay diferencias sustanciales entre los dos países.
De las dos opciones de aprovisionamiento, con gasoductos o con
metaneros, Italia prácticamente depende de la importación
canalizada, mientras que España cuenta con cuatro plantas
regasificadoras de GNL. Ambas alternativas son compatibles y
complementarias. En teoría, y para transportar grandes volúmenes,
los gasoductos son la mejor alternativa. Pero los metaneros dan más
flexibilidad al sistema, al permitir recibir gas de múltiples
procedencias.
Italia sólo tiene una planta de gas natural licuado (GNL) –Panigaglia,
en Liguria–, con una capacidad máxima de 3,5 BCMA (miles de millones
de metros cúbicos de gas al año) que, en 2004, sólo regasificó 2,1
BCM, menos del 3% de su consumo. En cambio, las plantas de
Barcelona, Cartagena, Huelva y Bilbao proporcionaron casi 2/3 del
consumo español en 2004, importando gas de Argelia (37% de todo el
GNL importado), Libia, Golfo Pérsico y Nigeria.
Hasta 2003 se importó también GNL de Trinidad, donde compañías con
capital español tienen importantes participaciones accionariales en
sociedades con reservas y trenes de licuefacción de gas. En 2004 no
se envió a España ni un solo cargamento de GNL trinitario, al
destinarse casi toda la producción al mercado norteamericano,
aplicando la regla comercial básica de vender donde haya más
beneficio.
España dispone de un gran gasoducto para la entrada de gas al
sistema, el del Magreb, que lo une a Argelia a través de Marruecos y
el Estrecho de Gibraltar. En 2004 aportó el 75% de todo el gas que
importamos por tubería. El otro gasoducto significativo entra por
Larrau, en el Pirineo navarro, y tiene una capacidad nominal cuatro
veces menor que aquél.

Importa gas noruego mediante la conexión con la red europea, y en
2004 aportó sólo un 8% del consumo español. De todo ello resulta que
más de la mitad de las necesidades españolas de gas están atendidas
(por gasoducto o por metaneros) por un único país, Argelia, lo que
hipoteca la garantía de suministro, y ello sin considerar ninguna
connotación política.
En Italia, las importaciones de gas se hacen casi exclusivamente
mediante gasoductos, con grandes conducciones que la enlazan con
Rusia (dos líneas, vía Austria), con el norte de Europa (una línea
con Holanda y Noruega), con Argelia (dos líneas, vía Sicilia/Calabria)
y con Libia (una línea, inaugurada en 2004, vía Sicilia/Calabria).
Esto le da una gran diversidad de suministros, lo que redunda en la
seguridad de sus aprovisionamientos. Reforzada, además, por la más
que notable producción propia, no lo olvidemos.
Pudiera parecer anecdótico, pero, siendo siempre Italia un gran
productor de gas, empezó a importar mediante gasoducto desde Argelia
(el principal suministrador de los dos países), en 1983. España
demoró trece años más en hacerlo -no comenzó hasta 1996-, lo que
muestra también el retraso del sistema de gas de España.
En cuanto a la la infraestructura de modulación de las entregas de
gas, para adaptarlas a las oscilaciones de la demanda y para
mantener una reserva estratégica, que compense cortes imprevistos de
los suministros del exterior, la única alternativa viable de
España es acumular gas en almacenamientos subterráneos con volumen
suficiente (incluso exigido por la legislación), para extraerlo
cuando surjan dichas eventualidades y solucionar, o al menos
mitigar, rápidamente su efecto.
En esto, también hay diferencias entre España e Italia. España
cuenta con dos BCM de capacidad útil en sus almacenamientos, en
Serrablo y Gaviota, manteniendo los pequeños campos de Poseidón
(golfo de Cádiz) como almacenamiento estratégico. Aunque al gas
almacenado en ellos se sumase al que está en los gasoductos, más el
de los tanques criogénicos de las plantas de regasificación, la CNE
estima que sería difícil garantizar el suministro español, en
condiciones normales, más allá de un mes, aproximadamente. Y sin
producción propia, prácticamente, que aliviase el problema.
Por el contrario, Italia tiene ocho
almacenamientos con más de 12 BCM de capacidad, lo que supera a todo
el gas que importan en dos meses, y puede dar puntas de emisión de
más del 160% de la media diaria de gas importado. Notable diferencia
con España.
DUDAS
Los expertos y analistas se preguntan si se
repetirá el desabastecimiento. En tal sentido, concluyen que en
Italia es difícil. La diversidad de sus aprovisionamientos, con
múltiples orígenes y puntos de entrada del gas, la garantía
adicional de su producción propia, más su capacidad de
almacenamiento, suponen un conjunto de sistemas redundantes que
minimizan los riesgos de interrupción del suministro. En cambio,
España es mucho más vulnerable, al tener una demanda muy creciente,
sin apenas producción propia, con insuficientes almacenamientos de
gas, prácticamente con sólo dos gasoductos significativos de entrada
(considerando como tal al de Larrau), más una muy alta dependencia
del suministro de gas argelino. El riesgo de próximos cortes llegado
el frío es preocupantemente alto.