Los datos que se van conociendo sobre la
evolución del sector energético argentino y su relación con el
panorama internacional de los precios deben considerarse verdaderas
luces amarillas que deberían impeler a una acción decidida por parte
de las autoridades en lugar de imaginar nuevos y costosos "parches".
Ya estamos importando energía regularmente. Y lo
hacemos en forma creciente. En 2005 habremos superado las cifras de
2004. Y seguramente estableceremos una nueva marca el año próximo.
Por un lado, hemos recibido la reciente
confirmación estadística que demuestra que, entre 1999 y el presente
las reservas petroleras argentinas han descendido en 120 millones de
metros cúbicos. Una cifra que hace peligrar -en un plazo
relativamente corto- el abastecimiento interno de combustibles
líquidos que pasarían a importarse a los valores presentes del
barril de petróleo en el mercado mundial.
En el caso del gas, si bien se ha hecho un gran
esfuerzo para producir cifras récord, las reservas han caído
igualmente y tienen un horizonte hasta el 2014.
La producción media de los pozos petroleros
argentinos también muestra una decadencia desde un promedio de 10
metros cúbicos por día a 6 metros en la actualidad. A juicio de los
geólogos que colaboran con nuestra institución, esto evidencia que
los yacimientos han ingresado en una etapa de maduración y que, de
no mediar un activo proceso inversor, cabe esperar que la tendencia
actual se profundice con graves consecuencias para la economía del
país.
Nótese que el país depende de los hidrocarburos
en un 85% de su matriz energética nacional siendo los otros recursos
(hidroeléctrico, nuclear y otras fuentes de energía) de una
relevancia mínima. Los cambios en esta estructura se vienen
demorando desde hace años como los muestra la falta de resolución
para terminar proyectos como Yacyretá, Atucha II y la parsimoniosa
lentitud con que nos movemos en materia de renovables.
Sin embargo a pesar de esta incontrastable
realidad, nuestra explotación hidrocarburífera dista mucho de ser la
ideal para un país con nuestras características geológicas. De las
24 cuencas sedimentarias que existen en nuestro país sólo están en
producción 5. En esas 5 cuencas -que son las que nos han dado todo
el petróleo y gas que conocemos- falta explorar el 50% y, en
profundidad, falta investigar un 30% de los probables horizontes
productivos. El resto de las cuencas que ocupan cerca del 80% del
total de la superficie del territorio, se encuentra casi
completamente inexplotada.
Como se puede apreciar la pregunta debería ser
¿por qué no hay más actividad petrolera en Argentina?. Los actuales
precios internacionales han impulsado la búsqueda de nuevos recursos
en todas partes, menos en Argentina. ¿Por qué? y la respuesta, no
debemos buscarla en la geología sino en la política que seguimos y
las condiciones que hemos establecido donde parece más importante
"capturar" una proporción de la renta que resolver la cuestión de
fondo de las necesidades del país.
La solución está al alcance de nuestras manos y
de nuestra voluntad para lograrlo.